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MADRID- SEVILLA L D E N Q V M B R E D E 1931. N U M E R O EXTRIO. 20 CÉNTS. DIARIO ILUSTRADO. AÑO VjGÉSIMOSEPTIMO N U M E R O 8.980 K K B A ü O l O I í PRADO DJB SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES í ANUNCIOS, BÍUÑOZ OIJVE, CERCANA A XEXU, AN, SEVILLA LA CRISIS D E L TRABAJO L a cifra del déficit, 510 millones, anunciada oficialmente, se ha modificado en pocos días, y es ya de 600. Oficialmente se anuncia también el probable incremento de la c i fra, por la baja prevista de algunas contribuciones. N o tiene el déficit el origen que el Gobierno le atribuye, bien sabemos todos cómo se ha producido; pero ahí está y ninguna explicación sirve para borrarlo o aminorarlo. L a nivelación es una necesidad del crédito, aunque el crédito que no priva sólo n i principalmete en la cuenta del Estado tiene ahora necesidades mucho mayores, porque exigen una rectificación demasiado heroica en l a política y en l a legislación del nuevo régimen. Con lo que sí debemos contar es con los sacrificios correspondientes a la nivelación, los que el Gobierno ha empezado a reclamar en tono solemne. Recargo de tribuios, creación de otros y economías radicales. P a r a no recurrir al contribuyente, porque se le consideraba en el último límite de solvencia, se recurrió año tras años en quince o veinte y hasta el último límite también a las emisiones de deuda cuya consolidación ha dejado en el presupuesto un epígrafe de gran cuantía. E l Sr. Azaña, sin embargo, no ve ninguna dificultad en recur r i r al tributo. Se necesita el dinero, dice, y todo se reduce sencillamente a tomarlo donde lo h aya E s una frase nada más E l Estado que tiene l a misión de perseguir a los que practican este lema desaforado- -tomarlo donde lo haya- -no prescindirá de las normas de moral y de justicia en que han de basarse las exigencias del fisco y tendrá en cuenta sobre todo l a norma económica de no empobrecerse más cegando fuentes de producción y de contribución. L o mismo hay que decir de las economías. P a r a las que son justas y fáciles para podar sobras y matutes en el presupuesto, siempre es ocasión y no hay que esperar apuros ni agobios, pero las economías violentas y a rajatabla con daño de servicios e intereses y provocación de dificultades y miserias, pueden ser un estrago tan grave como el déficit. N i déficit, ni superávit, son l a calificación infalible de un presupuesto. ¿Q u é p e n sar de las economías, cuando se anuncia en Instrucción pública un aumento de cien m i llones, autorizado ya para el próximo ejercicio, como si en tal plazo fuera posible imp r o v i s a r l a instalación de las miles escuelas a que se destina la aptitud del profesorado correspondiente? Aunque se nos asegurase Ja eficiencia del gasto, tendríamos que preguntar si lo consiente con ese volumen l a situación de la Hacienda y si lo justifican las verdaderas necesidades de la cultura popular. Escuelas en el papel y maestros sin escuela, ya los multiplicó la Dictadura por igual prurito de lucir las cifras. H a y en E s p a ñ a una necesidad que está sobre todas y no ha logrado en las preocupaciones y en ¡as iniciativas del Gobierno la preferencia que merece. A i problema t r á gico de l a multitud sin trabajo y sin pan, hay que dedicarle todos los sacrificios de que habla el Gobierno. E i frnfo de las economías realizables, el refuerzo posible de los ingresos y la misma conveniencia de la n i velación; por el orden público, que no se puede sostener a tiros cuando lo turba la m i seria; por deberes imperiosos de humanidad y por decoro del p a í s que el espectáci lo del hambre es afrenta de un pueblo civilizado. Hambre y dolor es desde el primer momento l a pérdida de jornal en los hogares del proletariado y l a notoria extensión de l a crisis indica el n ú m e r o imponente de infelices alcanzados por l a calamidad. N o es remedio ni alivio de ella el socorro precario y desmoralizador con que alguna vez atienden las autoridades a la crisis sin m é todo ni precauciones de distribución para evitar la concurrencia de vagos y maleantes. Trabajo es lo que necesitan y lo único que piden donde pueden manifestarse los obreros sin jornal; trabajo útil, que recompense el sacrificio nacional, es lo que debe procurarles el Estado, sin regateo en l a medida necesaria, con un plan de obras públicas del que no vemos traza en un presupuesto que ha recabado ya cien millones para el dudoso fin de enseñar a los niños que no comen y en el que acaso subsistan, a pesar de los propósitos de poda, los enchufes; dietas, acumulaciones y superfluidades con que se regalan apóstoles del pueblo y primates del regirüen D E L O S ENCHUFES ¿Pero, sólo es murmuración eso de los enchufes y del acaparamiento de cargos que se cobran y no se desempeñan, porque es materialmente imposible servirlos a la vez? E n la Prensa revolucionaria está publicándose, por series que no han acabado aún, la prolija documentación del ruidoso asunto; y aquí nos hemos abstenido escrupulosamente de recoger listas, nombres y cantidades, por si en algún pormenor ha podido exagerar el celo con que vuelven por el honor de la República los fiscales del enchufismo. Entre los casos que se denuncian hay muchos que parecen de insaciable avaricia, y denotan en los beneficiarios el afán de aburguesarse a gran velocidad. Sin embargo, no hemos querido tocar este aspecto, que acaso disculpen motivos conmovedores, el amor a la familia y l a previsión del porvenir, tristemente amenazado por el rumbo de la vida nacional. Nuestro comentario se ha contenido en la explicación más indulgente; se acumulan o se enchufan cargos en una misma persona, porque Ja República no tiene hombres para todos. Viene a decir lo mismo el Diario de la República, que fué de los primeros en acentuar el abuso- -reprobándolo naturalmente- y que se enfada con A B C porque ha escrito el suelto de ayer con l a tinta de las más negras horas monárquicas L a proposición presentada a la Asamblea por diputados republicanos que piden l a represión del enchufismo. y el decreto ministerial, discutido secretamente por la Asamblea, sobre cobros y percepciones irregulares de ciento sesenta diputados, ¿con qué tinta se ha escrito? Flaquezas del régimen monárquico, las hubo, indudablemente; las más notadas para sociólogos, catedráticos, institucionistas e i n telectuales de la suerte lisa que, sin descolgarse la etiqueta repubicana, vivían muy bien hallados y mimados en aquel régimen. Y a la izquierda cayeron también muchos gajes y buenas minutas de los negocios que recuerda Crisol, en los días de aquella Dictadura que fué durante una temporada l a ilusión de los que el colega. con la tinta de las más pardas horas republicanas escribió. H a negado la Cámara la concesión de suplicatorio que, para procesar el comandante Franco, había solicitado el Tribunal Supremo. Nada tenemos que objetar; la Cámara es soberana para decidir, y además, doctrinalmente, no somos opuestos a que se extreme la interpretación, negativa que ponga a resguardo la inmunidad parlamentaria, a fin de impedir posibles casos en que, por motivos acusatorios de origen pasionalmente políticos se intenta invalidar a un diputado. ¡A h! j. pero a condición de que esa norma interpretativa sea criterio constante, y no podemos por menos de recordar el caso del Sr. Calvo Sotelo, en el q ue se ha aplicado el criterio opuesto, y en términos que agudizan el contraste. Porque el Sr. Calvo Sotelo ni siquiera aspiraba a verse libre de inquisitorias y diligencias y cargos. N o el señor Calvo Sotelo se sometía voluntariamente a las actuaciones procesales, con todas sus consecuencias, incluso el auto de procesamiento. L o único que solicitaba era la libertad personal con todas las garantías que se quisieran y la seguridad de que se le permitiese presentarse en las Cortes y defenderse allí de las acusaciones políticas y de gestión que quisieran formularle, independientemente de la acción judicial. N o rehuía, pues, a l a justicia, ni tampoco a la acusación en el Parlamento; aspiraba tan sólo a que éste se pronunciase en su presencia para defenderse personalmente, y no se accedió. L a C á m a r a no quiso acceder. La Cámara se limitó a conceder él suplicatorio para que el j u e z a e t ú e contra el señor Calvo Sotelo, sin perjuicio de repetir las acusaciones en cualquier debate. E l relieve antitético de ambos casos acusa claramente, en el del Sr. Calvo Sotelo, l a pasión sectaria con que se enfocó el asunto para privar al acusado de una defensa pública, que sin el menor menoscabo de sus presuntas responsabilidades, era de índole bien legítima y noble. L A CÁMARA Y LOS S U PLICATORIOS ea aisfe Algunas Cámaras mercantiles y desde luego la de l a Industria se disponen a participar en l a información pública sobre el proyecto del control obrero. E s t á bien: era inexcusable el aportar el criterio de esos organismos. Pero nos parece recomendable el aconsejar que ello no se considere suficiente por parte de las empresas en general. Nos fundamos en una consideración de orden práctico. Las Cámaras, aun extendiendo todo lo posible l, a parte analítica de sus alegaciones respectó a los perjuicios y remoras que la intervención ha de causar, no pueden pasar de líneas y conceptos comunes. H a de ser, pues, la suya, una i m pugnación de índole genérica, argumentada sobre una visión de conjunto. Y aunque el alegato en la forma aportará indudablemente bastantes datos para evidenciar la partemás perniciosa de la reforma, es innegable que cada industria de por sí pueda aducir otros datos y demostraciones más concretas, refiriéndose categóricamente a su propio funcionamiento. E l problema tiene un aspecto de unidad rebatible, pero tiene, además, aspectos parciales y peculiares de una gran fuerza persuasiva, que conviene no omitir. E L P R O Y E C T O SOBRE CONTROL. OBRERO ña
 // Cambio Nodo4-Sevilla