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OS SECRETARIOS DE LOS JUZGADOS MUNICIPALES, EN LA CASA DE PRENSA Uta foto hedía durante la cortés visita que nos hicieron los miembros de la Asamblea Nacional, el sábado en Madrid. (Foto V, Muro. nada, asegurando que lo arquitectónico del libro es apasionante muchas veces, y que lo que anda debajo del texto, lo que antes fué tinta de tintero, y borrones, y tachaduras, no lo es sino en contadas ocasiones. Se puede tener una biblioteca- zócalo con la mayor elegancia. H a y que i r destrozando viejos tópicos; -hay que rescatar derechos v construir la nueva Filocalia, como llamaba pretenciosamente el siglo x i x al arte de distinguir el buen gusto N o se compran libros en E s p a ñ a porque circula la especie de que la lectura de ellos es obligatoria, una vez adquiridos. E l español se gasta el importe de un libro, casi todos los días, en cualquier cosa mucho m á s inútil. Esto prueba que no es la falta de capacidad adquisitiva lo que le detiene. L e detiene el sacrificio- de su tiempo y de su tranquilidad, impuesto, al parecer, por el tribunal- momia del lugar común y por los definidores de las culturitas E l libro, entre otras cosas, puede leerse, Pero esto no es obligatorio. J. M I Q U E L A R E N A se y avecindarse donde mejor les parece. Los funcionarios, porque, aun en el supuesto de que se les diesen g a r a n t í a s de respetarles los cargos, saben los m i l obstáculos que se les pondría, unos de orden legal y otros capciosos e impertinentes, para que pudiese desempeñarlos con dignidad. N o les quedaría m á s solución que dimitir. L a s vacantes ya es de suponer quiénes las llenarían. P o r segunda vez en estas mismas páginas me permito recordar la fruición, el sadismo con que el Sr. R o v i r a y V i r g i l i comentaba recientemente el inevitable éxodo de los magistrados, escribanos, notarios, policías, empleados de Hacienda, etc. esp a ñ o l e s de toda Cataluña. M á s que a estos funcionarios se les h a r á dura la vida en Cataluña a los catalanes que en actos o en palabras se hayan manifestado contrarios, por la salud de Cataluña y de E s p a ñ a entera, a todo intento de desmembración del territorio patrio y protestado de las campañas pro cordialidad catalanista, que nos enajenaban la estimación de los españoles, que por otra- parte no nos nacían n i n g ú n daño. A los catalanes españoles se les h a r á la vida imposible en Cataluña. N o se les dará cuartel, ni h a b r á justicia ni piedad para ellos. Y a pueden prepararse para renunciar a todo. Renunciar o marcharse. Esto sería lo mejor. S i no se van, por poco que se descuiden sabrán con qué facilidad en un régimen autonómico se pasa de la calle a la cárcel. No se ha discutido a ú n el Estatuto, y ya los llamados a ponerlo eii vigor nos advierten que los enemigos de Cataluña es decir, los no separatistas, serán estrechamente vigilados y acordonados Buen porvenir les aguarda a esos ciudadanos. De lo que sufran en C a taluña por españoles podrán dar las gracias a los diputados que por disciplina votaron, fastidiados y adormilados, el titulo primero del proyecto de Constitución, desoyendo ios sabios consejos de ü José Ortega y Gasset y Sánchez Román, mantenedores de la buena doctrina autoiipmista. tan lejos del engendro reparador y catastrófico que se votara. ESPAÑOLA. clausurada EL ÉXODO Desde, la aprobación por las Cortes Constituyentes del título primero del proyecto de Constitución, que prejuzga el resultado de las aspiraciones autonomistas de Cataluña, o, mejor dicho, separatistas, si hemos de hablar con la claridad que no hallamos en los discursos parlamentarios de los diputados catalanes, hablan de liar la maleta y marcharse de Cataluña funcionarios públicos venidos de provincias al principado ¡c a talanes que han exteriorizado sus sentimientos españolistas y luchado en Cataluña, menospreciando venganzas y represalias, por el buen nombre de España, tantas veces ultrajado en las calles de Barcelona por los señores de la concordia y- de los brazos abiertos, y aquellas familias naturales de tierras de lengua española, establecidas voluntariamente en Cataluña, v cuyo modo de v i yir o posición social íes permite trasladar- Quedan, por último; entre los que tend r á n que marcharse, las familias no catalanas residentes en Cataluña por simpatía a la región, sin fuerza alguna material que a ello les obligue. Familias que viven de sus rentas, de jubilaciones o pensiones, avecin- dadas en Cataluña por encontrarse bien en sus ciudades o en sus pueblos, v que habrán de abandonar a disgusto y fatalmente. Claró está que no serán molestadas en lo más mínimo, y aun se deseará que no se vayan; pero las cosas cambiarán de tal modo una vez en vigencia el Estatuto, que en C a taluña se encontrarán m á s lejos de E s p a ñ a que del centro de Europa. E l medio les será moralmente hostil, vejatorio y humillante. De día en día v e r á n desaparecer de Cataluña la espiritualidad española, sus artes, sus costumbres y su cultura. E l idioma castellano, totalmente proscrito de las escuelas y de los centros oficiales, no se le oirá, tampoco en sociedad. L o s hijos de esas familias o podrán educarse en l a lengua de sus padres, acuérdese lo que se acuerde en punto a instrucción pública, que, si no es del agrado de los separatistas, medios no les faltarán a éstos para vulnerar a. su gusto lo legislado. A la Universidad y a las Escuelas especiales no podrán asistir, porque en ellas se d a r á la enseñanza en catalán, y mucho será si ésta, en algunas disciplinas, no es falsa y humillante para la nación española. L a sospecha no es infundada, habida cuenta de que circulan por Cataluña epítomes de historia de España, escritos por catalanistas, en los que, falseando la verdad, se injuria al pueblo español. L o que sí puede asegurarse, y si no al tiempo por testigo, es que la enseñanza en Cataluña será de tendencia disociadora. Cuanto a esto, no les quepa la menor duda a los señores que votaron el Estatuto sin atender a razones ni pensando en el porvenir. Hostil el medio, boicoteado el idioma castellano v la enseñanza en manos de los enemigos de E s p a ñ a qué familia española v i virá en Cataluña si se puede marchar? ¿S e r á n nutebo a tomar eí tren? ADOLFO M A R S I L L A C H