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A B C M A R T E S 3 D E N O V I E M B R E D E 1931. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 15 e; oa del obrero, en los beneficios de las E m presas y el control del mismo en las industrias, son antiguas normas de la agricultura en varias regiones españolas, en las cuales el agricultor- propietario y el campesino se tratan sin recelo, porque los dos son socios de la misma empresa, los dos corren iguales riesgos, los dos discuten, sus planes de cultivo, les dos disfrutan en los años de abundante cosecha y a los dos les une l a desgracia en los malos años. N o existen i n termediarios, que suelen explotar al propietario y al obrero, sino que estos dos se m i ran frente a frente, desde que niños jugaban juntos, en esa edad en que la igualdad no es una bella frase, pues los aparceros se heredan de padres a hijos de igual modo que los propietarios. A ú n existen comarcas, aunque ello parezca uñ sueño, en que esto que escribimos es una realidad, si bien mucho tememos que hasta ellas llegue el veneno que la política de odios, practicada hoy por muchos, infiltra en los hombres e impide toda concordia. Nos estamos refiriendo a los contratos de aparcería a medias, tan extendidos por la región murciana, prototipos dentro de su dase, y que no deben confundirse con otros que también se llaman de aparcería, y sólo son, o simples censos, o contratos de arrendamiento, con canon abonable en especie, pero en los que el propietario no tiene i n tervención alguna en la explotación de la tierra. E n aquellos contratos, regidos por viejas ordenanzas regionales, el propietario pone dirección, capital de explotación y hasta abona la mitad de algunas labores, y el colono pone su trabajo y útiles de labranza, para después repartirse por mitad entre ambos la cosecha que resultare. Las mejoras de la finca son de abono para el colono que no las llegare a disfrutar. E l resultado que este sistema de explotar l a tierra produee en aquellas zonas en que está implantado puede juzgarse si decimos que en ellas no existe la cuestión social, tan pavorosa en otras muchas provincias, a pesar de los años de sequía de que aqu iias disfrutan, y de haber disfrutado tam- íúen de las predicaciones de las últimas campañas electorales, encaminadas tan sólo a asegurarse lucidas votaciones a cambio de promesas irrealizables o utópicas. Buena prueba de cuanto decimos es el r. so de Lorca, del que la Prensa se ha ocupado ampliamente, en donde la miseria amenaza imponente, pues su huerta se quedó sin agua, y en el secano el arbolado está desapareciendo, y, sin embargo, propietarios 7 campesinos, ambos arruinados, pero ambos siempre unidos, vinieron juntos este ver a n o a M a d r i d en nutridas comisiones, y tocios en. los mismos coches de tercera, a i m plorar las obras hidráulicas, que son su redención, -que son la única solución al problema agrario en aquella región desgraciada, ya que mientras se hacen o proyectan pantanos en regiones donde ni las tierras están niveladas o abancaladas para poder regarse, ni existe población obrera de ninguna clase, n i menos capacitada para el cultivo hortícola, que necesita especialistas, ni existe el cuantioso capital necesario para la transformación del secano en regadío, en Lorca, en cambio, con todo dispuesto para el riego, emigra el campesino en proporciones aterradoras, y la traída de las aguas salvadoras es cada día dificultada con un nuevo trámite en nuestros ministerios. N o hace al caso inquirir las causas que motivan tal estado de cosas, aunque acaso la política lo explicase todo. E n esta misma zona, que nos sirve de ejemplo, en aquellas fincas en que, por dedicarse al cultivo hortícola, dominan Jos contratos de arrendamiento ordinario, esa cordialidad entre propietario y campesino ya no existe, porque no puede existir entre personas que sólo se tratan en el día de hacer efectivo el pago de la renta. L a propaganda e implantación del sistema de aparcería a medias en aquellas regiones en que el problema agrario se agudiza, creemos pudiera ser una solución que no exigiría los cuantiosos elementos que otras reformas precisan, como son expropiaciones costosas y forzadas y capital de explotación a disposición de los obreros entre quienes se repartan las tierras. Divídanse los grandes cortijos en porciones adecuadas para su cultivo por una familia labriega, désele habitación a ésta, a ser posible en la misma finca; facilítese el primer año los adelantos pecuniarios precisos y trátense cara a cara propietario y campesino, que bien pronto se convencerán ambos de que un mismo interés les une, de que su armonía será fecunda y bienhechora para los dos. Hemos leído con curiosidad algunos intentos en tal sentido realizados per. parte de varios propietarios andaluces, y nada sabemos en definitiva de los resultados obtenidos, aunque nada nos extrañarían los fracasos de casos esporádicos no planteados con la generalidad ni las gestiones colectivas u oficiales que el asunto requiere. Creemos, en resumen, que la aparcería, es la forma ideal de cultivar la tierra en el momento actual en que el régimen social se transforma y evoluciona, pues que es la forma armónica en que trabajo y capital cumplen del modo más perfecto su primordial fin social de coordinación y solidaridad. P o r eso no debiera llamarse contrato de arrendamiento al de aparcería a medias de que tratamos, porque ello hace que sea confundido con aquella otra forma de contratación, cada día más desprestigiada y combatido, sino que debiera llamársele y considerarse como, un contrato de Sociedad, ya que, según nuestro Código civil (artículo 1.579) debe regirse por las mismas disposiciones que éste, a salvo de las normas establecidas por el derecho consuetudinario. P o r ello nos parece también grave error que en el dictamen de la Comisión parlamentaria del proyecto de reforma agraria no hayan sido ampliados los preceptos que protegían y estimulaban la explotación de la tierra en aparcería y que fueron añadidos al primitivo proyecto por sugerencia del primer presidente del Gobierno, que por algo era el úniro agricultor dentro de aquel Gabinete y el único que ya en diversas ocasiones demostró que conocía muy de cerca las palpitaciones del agro español. ZACARÍAS Ingeniero SALAZAR agrónomo. j L A S E Q U Í A D E 1931 Y SU I N F L U E N C I A E N AS C O S E C H A S 11 Hemos juzgado interesante conocer los efectos de l a prolongada sequía del año actual sobre l a producción vegetal. E l Servicio Meteorológico Nacional, Sección da Meteorología Agrícola del I n s t i t u to Geográfico, C a t a s t r a l y E s t a dístico, h a satisfecho nuestros deseos con la. siguiente información, que h a n de apreciar en lo mucho que vale nuestros lectores. D e l estudio de la gráfica correspondiente a la lluvia recogida en el Observatorio de M a d r i d durante los meses de abril, mayo y junio referida a los años 1929, 1930 y 1931, se deducen, desde el punto de vista meteorológico, algunas consecuencias que señalamos a continuación: E l año 1931, con sólo 68 milímetros de precipitación, se caracteriza por una gran sequía si se compara a los dos anteriores, pudiendo considerarse al ig 2 g (97 milímetros) un poco más seco que el normal deducido de un promedio de observaciones de treinta años, con un total de primavera de 117 milímetros. E l 193 c, por el contrario, con una precipitación de 202 milímetros, fué muy lluvioso durante este mismo período. Estos datos concuerdan con las gráficas de conjunto de la cuenca del Tajo, que acusan al mismo tiempo la desigual repartición de la lluvia, debido en gran parte a la posición relativa de los accidentes naturales del terreno. H a y tres períodos lluviosos bien marca- Servicio M e t e o r o l ó g i c o N a c i o n a l Sección de M e t e o r o l o g í a Agrícola.