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ABC. M A R T E S 3 D E N O V I E M B R E D E 1931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 37- iONES Y NOTICIAS TAURINAS E n Sevilla: U n novillero valiente. T o r o s en G e r o n a E n otras plazas. Novilladas. Así, así es como, en pleno otoño, se anuncia una primavera espléndida. Poco espacio nos queda para los otros. Aliñemos, E N S E V I L L A no hemos conocido más genio que Belmon U n novillero valiente Allá por el verano de 1904, en el ruedo del circo de la Maestranza surgió ante l a afición de Sevilla un joven novillero tan valeroso y sereno frente a las reses que su entereza hizo presentir en el esbozo de su personalidad a una inminente gran figura del toreo una vez que sobre el fundamento del pundonor y la bravura fueron elaborándose, con el conocimiento y la práctica, los imperativos de la maestría y el arte con que se completa la traza de un lidiador consumado. E r a aquel novillero- -a quien no olvidamos los taurófilos que hemos doblado- -fn el templado lance de los años la trágica cuarentena- -Fernando Herrero (Cantaritos) que a l a plaza venía, en el viejo breack que daba sabor de época al tránsito callejero de las cuadrillas humildes, de allá de la Puerta Real. B i e n poco duraron los triunfos del pobre lidiador y las ilusiones puestas en él por el público- -que llegó a anteponerle, entre admirativo y cariñoso, a los consagrados de entonces: Bienvenida, Corchaíto... muy poco después José Claros (Pepete) el héroe popular de. la Puerta de la C a r n e la enfermedad, que no los toros, le vencieron, y hasta hoy- -como guardando luto por él- -el barrio en que nació ha permanecido extraño a la fiesta de toros, a cuyo realce vinieron ayudando otros típicos rincones de la sede del arte. A l cabo de veintiséis años, he aquí que la Puerta Real torna a mantener su fuero y, confiada y segura de lo que da, ofrece a l a fiesta nacional a su hijo Manuel Lobeto, que por primera vez en corrida de picadores ha brindado su gallardía, el domingo, al público sevillano. Manuel Lobeto puede recoger la vieja herencia de Fernando H e r r e r o es, como él era, animoso y tranquilo; ante toros tan v i vos, nerviosos y bravos como fueron los de Alves do Río, defiende el sitio y sostiene la sonrisa, y si desde el domingo mismo no ha alcanzado el popular relieve a que llegó el malogrado Cantaritos, es porque ahora se reclama de los principiantes algo que entonces no se les exigía- -quizás porque en vez del breack usan del automóvil- -y que razonablemente no ha de pedirse al apenas iniciado: los depurados primores del estilo y l a escuela; el temple, la suavidad, la verónica al cuarto de hora y, en fin, proezas de arte que, no viendo al genio- -y nosotros te- -sólo en los maestros adquieren plenitud de valor, pues en el aprendiz son algo prematuro y artificioso a menudo alcanzado a costa de aguardar el toro propicio y con detrimento grave, mientras este no aparece, de lo que antes que nada debe acusar la silueta v i r i l de un torero: el pundonor, el coraje, el amor propio, el desprecio al peligro, etcétera. E n el Niño de la Puerta Real hay un principiante auténtico y puro. Quizás, falta de padrinos poderosos, antes que en cómodas becerradas inermes ha aprendido lo que sabe -como un rezagado de los tiempos heroicos- -a través de las físicas penalidades de la lidia furtiva en los cerrados o en l u cha con el ganado sin reata de las plazas pueblerinas. E s su programa mínimo él arrimarse poniendo el corazón en l a pelea y, en ün s o b e r b i o p a s e de p e c h o de G o r á ü l o a su s e g u n d o t o r o E l quinto t o r o- ¿n o hay quinto m a l o? h a s t a se vistió de f a n t a s m a p a r a a s u s t a r m á s a los toreros. E l N i ñ o de l a P u e r t a R e a l n a t u r a l a l último toro, en u n p a s e tanto cumple ese propósito fundamental, ensaya el poner en práctica preceptos del toreo que el ejercicio le hará aprender si es que antes no le abandona la que es hoy en él la rara y no aprendida virtud fe la hombría. N o hará falta añadir que en los lances del nuevo novillero el temple y la suavidad- -exquisiteces del toreo de hoy- -no fueron cosaapreciable- -a ningún profesor del día habría dejado tiempo para recrearse en una verónica o un pase de muleta la casta fogosa de aquellos torillos- pero sí lo fué el tranquilo denuedo con que actuó en todo momento, sin dejarse avasallar por el rápido brío de sus adversarios. U n poco atosigado a veces, jamás perdió el sitio ni la frescura, y, dentro l a sostenida calidad de su valentía, consiguió momentos de extremada brillantez, cómo en un magnífico quite por chicuelinas y un gran par de banderillas al tercero de la tarde. Con la muleta hizo apreciar su gusto por el empleo de l a mano izquierda, con la cual consumó muy bien algunos pases naturales y de pecho. A l matar, suple con ánimos la deficiencia de estatura, hiriendo casi siempre en lo alto. E l escaso público que concurrió a la novillada final del año ovacionó constantemente a Lobeto, haciéndole dar la vuelta al anillo la primera vez y despidiéndole con todos los honores. Gordillo, bastante mal en el primero, que era un toro muy bueno, desquitóse en el quinto, que después de una lidia descompuesta, de bicho manso, como burriciego, llegó a la muleta dócil y mucho más lento que sus hermanos. E l veterano torero hizo una faena muy estimable- -ligando varias veces el natural y el de pecho- -que, l u cidamente rematada al estoquear, le valió ovación y oreja. Con el capote no hizo nada notable. N i tampoco Baquet, que, muy desentrenado, codilleó mucho y se echó con frecuencia él toro encima. A l dar al segundo novillo un pase natural fué cogido y aparatosamente corneado. L o remató hábilmente, como también al quinto- -manso de mucho nervip y sentido- -del que temimos que le diera mucho que hacer. Fué aplaudido. Los tres primeros novillos- -aunque el que abrió plaza desmereciera un tanto después del tercio de varas- -revelaron por su bravura y temperamento la pureza de su casta- -tan mixtificada en otras ganaderías igualmente originadas en la de Parlada- Singularmente el tercero- -casi aniquilado por un puyazo tremendo- -fué un novillo de bandera. Bueno, el sexto. Los otros, mansos. E l quinto, al que no aguantaron los capotes ni una sola vez, se apoderó del ruedo, persiguió a los lidiadores hasta la barrera- -saltada con explicable premura por Ponce, que se lastimó al caer con violencia en el callejón- -y acabó bastante peligroso. Picaron bien Javier Marín, especialmente, y el Chimo. E l aludido Ponce pareó con gran valentía, y Rojito, que iba bregando O s e l i t o -A r N i ñ o de l a P u e r t a R e a se Iá b u s c a o er mejó lote de t o r o y e r p ú b l i c o h a estao m ú cariñoso c o n é. ¡Y o c r e o q u e n o t e n d r á queja d e r n u e v o régimen!
 // Cambio Nodo4-Sevilla