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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SI M O S É P T I M O JO CTS. N U M E R O F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D T O R C U A T O LUCÁ D E T E N A ABC EL BUEN CORAZÓN D E L A JUSTICIA H a sido absueltp un mendigo que... DIARIO DO. SI ILUSTRA- A Ñ O V 1 G KMOSEPTIMO 10 CTS. N U M E R O A RA 1 A T A B L A Mi radicalismo es un radicalismo constructor. (MANUEL AZAÑA. FALSA MODESTIA ¿Ciudadano? ¿Usted? ¿Señoría? jTú... Muchas instituciones que son teóricamente intachables, adolecen en la práctica de vicios incoercibles que obligan a pensar en la necesidad de una labor de perfección urgente, desentendiéndonos con valentía de todos los prejuicios que han formado el cuadro a su alrededor. Queremos referirnos ahora al Jurado. E n esta hipertrofia de todos los anhelos que acompaña como un fenómeno natural al de la revolución española, así como se. pensó de una manera demasiado implista en el reparto de la propiedad, se ha aplicado al problema de la delincuencia un criterio ya no compasivo, sino de emocionada simpatía, que nos. lleva a colocarnos incondicionalmente al lado del reo, con profundo desprecio para los dolores de la víctima. Nosotros creemos que, en la mayor parte de los casos, un criminal no es más que un enfermo, y cuando la ciencia Ce los hombres esté más adelantada, quizá no se les trate de otra manera. Pero son muy distintos la solicitud del médico y el entusiasmo del panegirista. Y casi vamos por el camino de agasajar con un álbum de ¿irmas al sujeto que distrajo los ocios de una noche sin sueño asesinando al primer transeúnte. También Mussolini era uno de tantos. Un E l caso dé ese mendigo que da muerte a hombre que pugnaba por abrirse paso en lucha contra la necesidad; que conocía to- otro, golpeándole el cráneo, y que después das las molestias de la existencia mediocre; de hacer un estremecedor relato de. su crique había tentado el periodismo y la lite- men oye, con la estupefacción presumible, ratura con más inteligencia que éxito; que que el Jurado le declara exento de culpabihabía visto pnsar y ascender a otros peor lidad, es un ejemplo avisador, que es necedotados, que él. Hasta que el juego de la sario evitar, que cunda, por el prestigio de baraja política lo situó en la cabecera. En- la Justicia. L a pugna entre el. criminal y sus tonces lo arriesgó todo y se puso a renovar jueces fué una revelación de eso que quiere a Italia como violentamente, a rajatabla. Lo ser afán comprensivo, superioridad de hommismo que Mussolini, está hecho Azaña en bres que han roto con viejas fórmulas, pero la escuela de la necesidad. Conoce como él que, en rigor, no. es. más que un claroinditodos los grados de la vida; ha vivido la ció de a donde puede llegar la petulancia del vida de la mediocridad, del tener que aguan- que no sabe; cuando se le otorga t n mando. tarse, del saber lo que es escaso y doloroso. E l acusado confesaba: H a vivido á España desde dentro, estudián- -Cincuenta garrotazos... Le di cincuendola, palpándola a. través de una penetrante ta garrotazos en la cabeza, hasta que vi, y vasta cultura. Y cuando por fin el desti- que estaba muerto. no le pone en las manos las llaves, el voY el Jurado lante, los timbres de la nación, védle: parece un hombre arrebatado- por- una especie- ¡Infeliz! ¡Qué esfuerzo! ¡Cincuenta de rabia destructora y reconstructora. ¡Des- garrotazos... ¿Cómo no se murió el misede la raíz hasta l a fronda! Se acabaron rable al veinteavo golpe? Cualquier otro los capitanes generales! ¡Quedan destituí- hubiera tenido bastante con diez o quince palos que le aplicase una mano robusta. dos la mitad de los empleados! ¡Cincuenta garrotazos! Era una víctima Pero aquí ha tropezado en hueso. Pudo sañuda, recalcitrante y masoquista, que no operar sin peligro en la carne viva del puede inspirarnos más que indignación. Ejército, porqué, contra lo que se ha dicho Y el mendigo: estos, días, los militares no representan lo- -Le maté por una futesa, por una dispumás duro; lo más duro de nejar en nuestra época es la masa civil. Observen ustedes ta... E l cráneo sonaba cada vez más blanque ante la poda de la enramada militar io damente bajo mi cayada... se levantó una objeción entre los diarios, Y el Jurado: y en cambio todos los periódicos protestan- -S i claro... Es natural que ocurriecontra la amenaza de podar la espesa fron- se. los huesos se quebrantan... la reda de la burocracia nacional. Con la Bu- sistencia cesa... ¡Pobre inocente! ¡A la rocracia hemos tropezado. Sancho... Pues ya verá cuando levante el hacha contra otros calle, a la calle! Nos ha conmovido mucho parecidos. Y ahora preparémonos (vo me! a desgracia de usted. Pero todos debemos pensar que nada es siento, lleno de una profunda emoción expectante) a presenciar esta experiencia de más peligroso para la salud de un país que un hombre que se propone entregarnos com- la pérdida de confianza en la bondad y la pletamente rehecha a España. rectitud de la Justicia. r 1 1 No hay nada como un hombre para animar la vida, para infundirle a la vida interés, sorpresa, incluso estupefacción. Sobre todo en una vida como la de. España, que con tanta facilidad se deja caer en la negligencia y el amodorramiento. Así, nuestra flamante República se es, taba haciendo un poco normal y como aburrida. Cuando ha surgido el hombre ¿Ese hombre que ayer era uno de tantos y que hoy desencadena tempestades. Azaña. Le falta una h para ser completo. Ese sí que es de los castizos. Es de los partidarios de la rajatabla. ¿Cómo Cánovas? Sí. Y como Antonio Maura. Y como L a Cierva. Pero aquéllos eran conservadores y éste es radical. Acaba de declararlo al diario La Nación, de Buenos Aires. Con estas tajantes palabras: M i radicalismo es un radicalismo constructor, que no reniega de nada de la vida española, pero que está resuelto a contribuir a su renovación desde la raíz hasta la fronda Palabras. terminantes y profundas que yo, por mi. parte, suscribiría totalmente. Casi recuerdan la divisa de Cánovas: continuar la historia de España. Ó las de Maura: hacer, la. revolución desde arriba (desde el mismo Gobierno) Pero también recuerda Azaña a otro: a Mussolini. A no pocos mantenedores del nuevo régimen político se les hace muy cuesta arriba (o lo dicen, al menos) conservar nada que trascienda al más leve recuereo aristocrático. Y a el galope- de la República española ha disuelto las Ordenes Militares; como si el hecho de que unos cuantos caballeros que disponían de unos brillantes uniformes, de unas ampulosas capas blancas y de unos birretes nada favorecedores, constituyeran un serio peligro para el Estado. E igual puede decirse de los títulos nobiliarios, con los cuales se ha dado al traste, restando un apreciable ingreso en el Tesoro público y cual: si un vizcondado. más o meaos fuera cuestión de vida o muerte en la prosperidad del país. E l número de condecoraciones ha sufrido también una merma de consideración, salvándose precisamente la de Isabel la Católica, que o no tardará mucho en cambiar este nombre por los de Galán y García Hernández, o los jabalíes de esta tierra no saben para qué tienen, los colmillos. Y por último, le ha llegado la vez al renglón de los tratamientos, protestándose contra las excelencias y las señorías Toda la tal bambolla, cuya terminación se pretende, no era más que infantil. Pero, y este otro afán de darle jaque- mate, ¿no es infantil también? Pues ir. íantilidad por infantilidad, bien estábamos con aquélla, que al fin y al cabo es más decorativa y no solo de pan democrático vive el hombre, por mucha sencillez que quiera aparentar. Sobre que no es tan hacedero como la demagogia supone eso de terminar con la bambolla. En nuestra novísima Constitución se hace constar que España renuncia a la guerra. Como si esto fuera posible en un planeta donde si quedaran dos hombres en calidad de finalistas de la- especie humana, se matarían sañudamente por la posesión de una alcachofa. Pues lo mismo acontece con el achaque de la ostentación. Mientras haya sobre la Tierra un hombre- -v no digamos uña mujer- -existirá el afán de distinguirse con un título, con un tratamiento, con una condecoración, con una banda, con un cintajo, con cualquier cosa. Qué más da coí- onarse un apellido que estrenar una corbata? En una y otra cosa alienta el mismo fundamento de satisfacción; interior Lo vemos hasta en el Parlamento actual. A pesar de las indirectas, a pesar de las directas, a pesar de los socialistas, a pesar de todos los pesares, no desaparece el tratamiento de señoría Se dijo que en las cartas y documentos oficiales quedara suprimida la excelencia manteniéndose úni camente- lo de señor don Pues ahí es, nad? ¿MÉMi 4I K- v cua j HP baa- É fqv nv 1 íf Rvl ca; iw propietario odi amo... Así: sencillamente. Republicana y democrática es Francia. S i embargo, se perecen allí pot los monarcas, por los títulos de nobleza, por las condecoraciones. No nos engañemos, señores ciudadanos Confiese cada quisque que a nadie le amarga un dulce de bambolla y no nos hagan recordar más de la cuenta la conocida fábula de La sorra y las uvas. niír. i i JOSÉ M. S A L A V E R R I A W. F E R N A N D E Z F L O R E Z RAMÓN L O P E Z- M O N T E N E G R O
 // Cambio Nodo4-Sevilla