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DIARIO DO. ILUSTRA- DIARIO DO. ILUSTRA- AÑO V 1 GENUMERO A Ñ O VI G E NUMERO SIMOSEPTIMO 10 C T S SI M O S E P T I M O 10 C T S F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A MED TAGIO POLÍTICAS I ES La soberana masa N o sé si es acertado el calificativo con que en el epígrafe discierno l a presente meditación. Pero paréceme que, bien pesadas las cosas, la materia objeto de estos comentarios, no puede alcanzar categoría superior a la política, porque si, ciertamente, varios de sus aspectos son de índole religiosa, en el que yo la examino cabe prescindir de l a nota que a aquéllos especifica. Pretendo no equivocarme a l afirmar que más de uno de mis amables lectores ha presenciado el espectáculo emocionante. E n l a ladera de un altozano de Ezquioga inmenso gentío se congrega con l a ansiedad pintada en el rostro. U n impulso de arraigada y sencilla fe- -me refiero a los días de l a primera quincena del pasado mes de julio- -le ha conducido hasta aquel rincón apartado de l a provincia de Guipúzcoa. Cae la tarde, y entre las dos luces del crepúsculo, al conjuro de una voz bien timbrada que resuena entre los ajrbustos, los reunidos hincan en tierra sus rodillas y extienden sus brazos en cruz. N o t ¡ay excepciones: Hombres y mujeres, El nuevo ministro de Venezuela en niños? y ancianos, burguesía y pueblo, indíMadrid, D. Juan Pérez Luna, que en genas; v forasteros, se muestran, en l a misbreve presentará sus cartas credenciama a ctitud recogida y fervorosa. Rítmicales. (Foto Marín. mente, alternan dos voces en aquel inmenso templo, que tiene por bóveda. el cielo u n poco entoldado característico de Ja bella provincia vasca. L a una, clara y aguda- l a otra, versos y que rezaba ahincadamente arrodiconfusá como un rumor y retumbante como llada sobre l a tierra y con los braztis en un trueno. Se está rezando el rosario de l a c r u z! Santísiñfa V i r g e n cuya aparición se aguarE n el momento preciso en que l a fe iba da con vehemencia. a degenerar en superstición, en que el pueblo se acercaba a las redes del engaño, en D e súbito, un grito femenino; después, que estaba a punto de estallar la carcajada otro; luego, varios más, entreverados de burlona de sus explotadores, un hombre solo voces masculinas, lanzan al ambiente tibio se enfrenta con l a multitud, y eu media doy como. saturado de electricidad mística, pacena de palabras la descubre el engaño. Y l a labras entrañas del lenguaje milenario: multitud, humildemente abochornada, se so ¡Ama L i Aína... ¿Zer naidezn? ¡Madre! ¡M dre... ¿Qué quieres? Y el i n- mete a su dictamen. E s que aquel hombre encarnaba la autoridad religiosa. menso gentío congregado, como si formase E n o t r a ocasión he dicho que los políticos un solo ser, siente correr de punta a punta deberían estudiar el doctorado de la difícil de su cuerpo colectivo un escalofrío que prociencia del gobierno de los pueblos en las fundamenté le remueve. Y así un día y otro cátedras de la Iglesia católica. N o creí cuandía, sin- que la manifestación de fe decaiga, y sin que- -lo que es más admirable- -se co- do lo dije que tan prestamente me- viniera a las manos l a confirmación de los hechos. rrompa en su primitiva y pura sencillez. Ahí l a tienen gobernantes y gobernados. Y sin embargo... hay quien, entre las E l pueblo, aun elevado por los anhelos sombras, taaquina que lo que en ese conmás generosos y puros, no puede hacer en movedor espectáculo haya de humano y fisiosus aspiraciones un debido discernimiento. lógico es fácilmente explotable. Y el incréSiente con viveza- -y en ello no cabe que le dulo aparenta creer más que el pueblo sensubstituyan- -y expresa sus sentimientos; cillo, que en el viejo idioma de A i t o r llama pero no alcanza a calificarlos, sujetarlos a a su Madrfc. y de ea saber l o que quiere; Y medida o remediarlos en su caso. Calificaquien se ba ja de que la iflaqueza del histeción, medida y remedio están, en efecto, rismo empsfíe l a grandeza del espíritu finge fuera de él, porque los dicta el Derecho, y ver en las ¿pertuibaciones. orgánicas movien su nombre, su órgano, que es la automientos sobrenaturales. Y en medio del ridad. hervor de lá fe, surge la llaga fraudulenta; y en el cahzamismo de la flor de l a devoPor eso l o que el. vicario de la diócesis de ción el gusano que la va a corroer. Y el V i t o r i a acaba de hacer en su jurisdicción ha pobre pueblo engañado- -muy complacidaproducido en ella tan excelentes resultados, mente engañado- -se imagina percibir aroy por que l a vida c i v i l no se regula por esos mas de santidad emanados de la falsa llaga; principios arrastramos el grillete del fracaso j u r a que al fefcharraco la flor misma le dio; en el orden político. H a y en efecto, en éste vida, y pregona el- milagro realizado: Y ante una total subversión de aquéllos. A l pueblo el verdadero SÍIS ojos carnales, a pesar del al- vérdáa ero pueblo- -ni se le deja sentir esfuerzo de atención en ellos puesto, se des- con libertad n i expresar sus sentimientos viaron distraíaos, pues no alcanzaron a pe- por sí mismo. Unas organizaciones, parasiT: t. rar l a que. había de sobrehumano en aqué- tarias que sé denominan partidos, políticos lia aauchedumb- re, venida de puntos tan d i- le substituyen en el sentimiento y en su ex; posición. Y en cambio, se pretende legitimar l a obra tumultuaria que pugna: por i m poner a l a autoridad el elemento- de carácter jurídico de la ley, según las sugestiones l o gradas en el pueblo por sus explotadores, que, como los de la. esfera religiosa, llegan a captar la confianza, y credulidad populares, aparentando ser más pueblo que el pueblo y un. desinterés que bien prorito se. torna en sórdida codicia. N o gastemos nuestras fuerzas en cambios de postura. L a experiencia dolorosa nos lo enseña a nuestra costa. H a y que cambiar de mentalidad. H a y que rectificar la subversión doctrinal que padecemos. Ese suceso, en apariencia sin importancia alguna política, que nos presenta a una autoridad des. aciendo las intrigas urdidas por los explotadores del pueblo en su daño y por él aceptadas con complacencia, encierra más lecciones de Derecho político. que las m i l monsergas con que se encubre la falta de ellas. VÍCTOR PRADERA LO RAR QUE PUEDE ESPE- E L SR. L E R R O U X E n las elecciones generales de 28 de j u nio salió derrotada l a candidatura que el señor L e r r o u x sometiera a l voto de los barceloneses. Como estábamos en plan de concordia... a medias el jefe de los radicales incluyó en l a candidatura por él confeccio. nada los nombres de D Raimundo de A b a cial, de la Líiga Regionalista, y del señor Nicolau d Olvver, actual ministro, por chiripa, de Economía, pues si alguien no hizo nada por el advenimiento de l a República ése es el Sr. Nicolau. D e l o s dieciséis nombres que iban en candidatura salieron triunfantes, por minoría, -los dos citados señores. E l l o ocurrió así. porque los catalanistas fueron a las urnas con deslcaltad premeditada. Borraron nombres republicanos, a fin de asegurar el triunfo del señor Abadal y del S r Nicolau, que sin el generoso error del S r L e r r o u x y l a disciplina y buena fe de los radicales no serían hoy diputados. Entre los candidatos que fueron al agua estaban el S r Alcalá Zamora, que iba a la cabeza de la candidatura, y el propio S r Lerroux. Nada menos que el que había ofrecido, llevar a las Cortes el Estará- to de Cataluña y el que se había comprometido a votarlo y a. hacerlo votar a sus correligionarios. A s i correspondía el catalanismo a ¡a almoneda que de España, y en obsequio de los separatistas catalanes, está dispuesto a hacer el Sr. Alcalá Zamora, y al sacrificio moral de los radicales, resignados a votar un Estatuto en contradicción con sus convicciones y sentimientos. N i el presidente del Consejo de ministros ni el ministro de Estado tuvieron- en cuenta, a la hora de votarse el título primero del proyecto de Constitución, la derrota que en B a r celona les hicieron sufrir l a ingratitud y l a deslealtad. E l Sr. Alcalá Zamora fué el adalid de las no muy ocultas, aunque negadas, aspiraciones separatistas de un gran sector de Cataluña, y el Sr. Lerroux, desde Ginebra, en carta memorable, ordenaba a l a minoría radical parlamentaria el estricto sometimiento a la voluntad de los diputados catalanes separatistas.