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A B C. V I E R N E S 6 D E N O V I E M B R E D E 19 ¡i. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 2? LA CÁMARA ACORDÓ O U E A N T E S SE DE LA DISCU- La sesión de ayer A las cinco menos diez se abre la sesión, con poca animación en los escaños. E l banco azul, desierto. E l presidente anuncia que son tantas las enmiendas presentadas y anunciadas al título V I I de Consejos Técnicos, que la Comisión no ha podido estudiarlas todas, y propone que antes de comenzar la discusión del articulado se discuta la totalidad. E l Sr. B A L B O N T I N solicita que todas las tardes se dedique una hora de la sesión a ruegos y preguntas. E l P R E S I D E N T E hace ver que lo sucedido hoy no es frecuente, y que está acordado que las sesiones de la tarde se dediquen al debate constitucional. Finalmente accede a que se formulen algunos. DISCUSIÓN D E L A R T I C U L A D O TA LA D E LA TOTALIDAD D E LTITULO Vil, SOBRÉ CONSEJOS TÉCNICOS Ruegos y preguntas. E n la sesión nocturna, el diputado señor M a r c h habla sobre el m o n o p o l i o del tabaco en M a r r u e c o s E l señor Galarza le contesta, lanzando contra dicho diputado graves acusaciones. (D e la sesión del miércoles) atizó en los pectorales unos puñetazos que retumbaron como ninguno de los que han dado en Price los boxeadores de más fama. Recientemente, al explicar desde los escaños socialistas una actitud de su partido, se trabajó el estómago -como se dice en términos técnicos- -durante media hora. Y en el primer caso se trataba de una cuestión sentimental, casi lírica, y en el segundo, de una necesidad definidora. Juzguen ustedes por esto de lo que cabía esperar ayer, después del ataque directo de D. Emiliano Iglesias, cuando el ministro tenía que justificar ciertos puntos interesantes de su política económica. -E s t e hombre- -pensaba yo con cierta tristeza- -se va a poner k. o- Si pasa del tercer round será un milagro. Pero aquel hombre se puso a hablar tranquilamente, suavemente, sin que sus manos se utilizasen en ninguna acción traumática. Y habló, habló entre la silenciosa atención de la Cámara, con una sencillez que hizo parecer diáfanas las abstrusas cuestiones debatidas. ¿H a y algo más- -que allí nadie dijo- en el proyecto de reforma de la Ordenación Bancaria? Las afirmaciones del Sr. Prieto acerca de la necesidad de que el Estado inspeccione al Banco de España de una manera más escrupulosa y distinta a la de una simple tiendecilla; su declaración de que iio era excesivo reclamar una participación de seis millones para él Tesoro público en una ganancia de treinta millones del Banco; la explicación de que, si bien reglamentariamente, en la ordenación dictada por Cambó, había iguales riesgos y beneficios para el Banco y para el Tesoro en la intervención en los cambios, otra disposición de la misma ley reducía a dos millones anuales la posible pérdida del Banco, sin tasar de igual manera sus ganancias; todos los indicios que el ministro apuntó a propósito de los privilegios de aquella entidad, fueron acogidos con rumores que eran una aprobación rotunda. Prieto fué en aquel instante el hombre increíble que se atreve a alzarse contra el organismo más poderoso de la nación, aquel cuyo egoísmo juzgó D Gumersindo Azcárate- -en frase recordada anoche- -al decir que era preciso que el Banco fuese de España en vez de ser España del Banco. ¿Hay algún exceso en el proyecto del m i nistro? Nadie lo ha sostenido ayer, después de sus palabras, y ocasión habría de aclararlo en las Cortes. Pero la ovación duradera, unánime, calurosa, de los diputados, puestos en pie, demostró que, al menos en lo que tienen de abusivos, esos privilegios del Banco, audazmente erguido tantas veces frente al interés racional, están condenados explícitamente, en masa y por primera vez, en nuestras Cortes. A cada cual lo suyo. Justamente lo suyo. Pero nada más que lo suyo. -W. Fernández Flores, Acotaciones oyente de un Ruegos y preguntas E l Sr. C O M P A N Y S J I M É N E Z expone la difícil situación de los exportadores de uvas de Almería y pide la rebaja de tarifas del transporte, medida que lo resarcirá de la pérdida que les ha ocasionado la baj a de la libra. E l Sr. A L V A R E Z Á N G U L O denuncia el proceder de un párroco de Villanueva del Arzobispo, con motivo de la celebración de un entierro civil, y pide la secularización de cementerios para evitar hechos análogos. L a señorita C A M P O A M O R pide al m i nistro de Hacienda que se exima a los Ayuntamientos de E l Pardo y Aranjuez del pago de ciertos impuestos, medio. de que pueda desenvolverse la vida municipal. Solicita del Sr. de los Ríos que traiga cuanto antes al Parlamento la ley del divorcio, para cortar de una vez los abusos de los esposos que disponen de los bienes gananciales de sus mujeres, con notorio perjuicio de las fortunas herenciales de éstas. Después habla de la situación de los agricultores de Villaconejos, de los cuales dice que cuidan a sus melones como verdaderas nodrizas. (Risas. E l Sr. P U I G D E A S P R E E R trata de los destrozos que se están produciendo en los alcornocales de Tarragona, y pide se ponga remedio al mal. E l Sr. S O R I A N O que observa desierto el banco azul, se lamenta de la huelga de ministros caídos. Después formula varias preguntas relacionadas con la huelga de los obreros de, los ferrocarriles Andaluces, con la fábrica de tabacos de Málaga, y con la pesca. Alude a los casos absurdos e intolerables, verdaderamente vergonzosos, que se están dando en el Ejército, donde son conservados algunos militares que defendieron a la Monarquía. Se piden nombres, y el orador promete facilitárselos al ministro de la Guerra. E l P R E S I D E N T E promete trasladar el ruego al Sr. Azaña. E l Sr. B A L B O N T I N anuncia que tratará de los sucesos de Tablada, y protesta de la ausencia de los ministros, retenidos, sin duda, por el ocio de la sobremesa. E l P R E S I D E N T E hace comprender que si el Gobierno no está presente esto no obedece al ocio de la sobremesa, sino que como los ruegos y preguntas que se están formulando no estaban anunciados, los ministros no han acudido el salón. E l Sr. R O M Á N habla de la parcelación de terrenos en Jerez, que ha dado lugar a la ruina de varios modestísimos agricultores. Manifiesta que cuando se trata de llevar a cabo la reforma agraria, el ministro de Hacienda se dedica a embargar propiedades modestas, que habían sido transformad ás p o r s u s nuevos dueños, de terrenos casi estériles, en magníficos viñedos. Se había citado quinientas veces el nombre del restaurante Lhardy, y yo comenzaba a tener mis sospechas... Después, cuando oí a Azaña afirmar que era un pleonasmo llamar famosas a las comidas que sirven en aquella casa, pensé, un poco malhumorado -Y o no entiendo nada de política, pepo, o no he leído nunca una plana de anuncios, 0 estos señores nos han hecho salir esta noche de nuestras casas para hacernos asistir a una sesión- reclamo de una cocina. Y quedé durante algún tiempo sumido en preocupaciones, porque entreveía uno de estos dos futuros: o que se iba a declarar enemigo de la República al que se resistiese a la tentación descomer en Lhardy o que nos esperarían aún muchas sesiones parecidas, porque si el Gobierno es verdaderamente imparcial y no se propone favorecer a un restaurante determinado no podrá rehusar su apoyo a los demás restaurantes. Sentado el precedente, que tanto vale en política, nadie tendría derecho a extrañarse de que el Sr. Besteiro anunciase sesiones matutinas para hacer el elogio de otros comedores, o de que el taciturno Sr. Nicolau se alzase un día para exclamar: -Señores diputados: a las dos de la tarde de hoy tuve l a suerte de que unos amigos me invitasen a comer en la calle de la Independencia. L a casa no tiene nada de particular, hasta... ¡debo decirlo! no facilitan servilletas; pero comí unos callos... ¡qué callos, caballeros! Con decir que pedí otra ración... Cumplo con un deber de Gobierno recomendando al país este humilde, pero excelente restaurante. Traigo aquí una copia de los mentís de los tres últimos meses; pero, deseoso de no molestar la atención de la Cámara, se la entregaré a los taquígrafos para que conste en el Diario de Sesiones. Y ahora venga el bicarbonato. Aún no había llegado al total desarrollo de estas enojosas ideas cuando D. Indalecio Prieto se levantó a hablar. De cualquier manera, yo descontaba una mala noche para el ministro socialista. Las interrupicones con que un diputado radicalsocialista típicamente pulmonar habia hostilizado al Sr. Iglesias me autorizaban para suponer que el Sr. Iglesias tenía razón. Y aunque no la tuviese, también estaba perdido el Sr. Prieto. Y o le he oído pronunciar algunos discursos y he podido apreciar la terrible violencia con que golpea su propio pecho. E s éste un hábito que el Sr. Prieto se ha creído en trance de adquirir desde que es ministro. Cuando intentó convencer al Sr. Alcalá Zamora- -enfurruñado con Asúa- -para que volviese al banco azul, se
 // Cambio Nodo4-Sevilla