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NOVELA, POR F E R D I N A N D O S S E N D O W S K I E n la tienda de Román estaban los hombres blancos deliberando acerca del camino que habían de seguir al través del Sahara y de los medios de hallar las huellas del capitán Motylinsky, cuando entró ENabba y d i j o -J e f e ha llegado un mensajero de K u f r a que quiere hablarte. Levantó l a cabeza el Halcón del Desierto y en sus ojos brilló un fulgor de ira. ¡Eso es que el madhi ha urdido nuevos complots! ¡Que entre! Poco después entró en la tienda un indígena vestido con un albornoz y un turbante blancos. Irguió altaneramente la cabeza e hizo los ademanes del sálam, murmurando las acostumbradas frases de saludo. ¡U hafia, usbaht hafia! ¡U halek es salam -contestó el H a l cón del Desierto, observando atentamente al recién llegado. Y al conocer que era un personaje importante le ofreció un asiento. -Lále Kebir usviak chimi (i) E l jinete miró con altanería a los circunstantes. -Ismi Hach Mustafá ben Muley Bu Izeddia (2) -contestó- Vengo de parte de mi jefe, A b d- e l- K r i m que está al frente del ejército del futuro tnadhi, y va a declarar la guerra santa y a echar del país de los fieles a los hombres blancos. ¿Quién es el- -S e llama e l todavía. Cuando la ven las cruces de todos... futuro madhif- -preguntó Román. guerrero de A l á N o puedo decir su nombré bandera verde ondee en los sitios donde hoy se los infieles, su nombre estará en los labios de Después de una pausa breve, el Halcón del Desierto, llevándose a estilo musulmán una mano a l a frente, a l a boca y al pecho, preguntó: ¿Quiere m i ilustre huésped descansar y tomar algún alimento antes de explicarnos el motivo de su viaje? V o y a mandar que armen una tienda para el noble hach. -N o te tomes ese trabajo- -respondió el mensajero- Hablaré poco y me iré en seguida. M e corre prisa regresar. Tengo que reunirme hoy mismo, después de la oración de l a tarde, con mi jefe, que viene por l a parte de K u f r a el lugar santo de los musulmanes fieles por l a fe, l a palabra, los actos y... la sangre. N o le pasó inadvertido a. Román l o mucho que recalcó el mensajero esta última palabra. Levantó la cabeza con altivez en actitud parecida a l a de un ave de rapiña. ¡H a b l a! -d i j o- Habla si no te da miedo la presencia de un oficial francés. ¡N o le temo! Soy huésped de un hach y del jefe de los múmenos, y según nuestras leyes, no puede sucederme nada desagradable... Habla en paz! -E l jefe de los futuros miudhahídes, el ilustre y noble Abd- elK r i m me envía para participarte que mañana llegará aquí paía juzgarte. ¿Con qué derecho me quiere juzgar? -C o n el que le ha otorgado el Consejo de talebs, de marabutos y de ualíes, a petición del madhi ¡ojalá ilustre Alá su hombre co ¡el triunfo! -E s t á bien- -contestó Román después de reflexionar un momento- Esperaré mañana la llegada de tu jefe. Los recibiré como huéspedes a él y a su gente conforme a las reglas del hadáith. Pero (1) -Te saludo, ¡oh, jefe! ¿Cómo te llamas? no sé lo que ocurrirá después, cuando yo haya átrayesadp as montañas que nos rodean. E l l o han de decidirlo los actos de Abd- elK r i m ilustre mensajero! ¡Puedes marcharte! H i z o el Halcón del Desierto un ademán de despedida y añadió: ¡Bardk Alá fok ¡Dios te bendiga! -El hamdá Lilak. ¡Glorificado sea Dios! -contestó Mustafá al marcharse. Cuando el ruido de las pisadas del caballo reveló que el jinete se había ido, dijo el conde de Ramencourt poniéndose en p i e -V o y a atacar inmediatamente a Abd- el- Krim. y a enviar correos, ál fuerte para que le impidan el paso a Tripolitania. -N o haga usted eso, capitán. E s a mí a quien corresponde hacerlo. S i no hubiera usted estado aquí en estos momentos, los franceses no hubieran tenido noticias nunca de la llegada de ese mensajero. H a venido a verme a mí, como hach y jefe. H e tenido que acogerle conforme a las leyes y a las costumbres musulmanas; De hacerlo de otro modo me hubieran llamado traidor, y esto usted comprenderá que no he de permitirlo nunca. Y o me. cuidaré dé todo. S i atacara usted a Abd- el- Krim, l a noticia sería conocida en todo el Sahara, el niadhi pasaría por mártir, y esto multiplicaría el número de sus partidarios. ¡N o! ¡Y o arreglaré el asunto por mí mismo! A poco observó el capitán que el Halcón del Desierto hacía preparativos misteriosos; escribía muchas cartas y enviaba hombres á caballo que salían del campamento a todo correr. E l príncipe Ibrahim. y algunos jeques tuaregs, con Nabba, estuvieron deliberando hasta muy tarde en la tienda del jefe, y en todas las cimas de los alrededores fueron puestos centinelas. Y a al amanecer del día siguiente los tuaregs tibo entregaron dos jinetes sorprendidos en las inmediaciones del campamento. Iban armados y uno de ellos llevaba una serpiente venenosa én una cesta, de las que en el país llaman naja o serpiente con anteojos. Cuando los llevaron ante el jefe, declaró éste: -L o s hombres desconocidos que se introducen furtivamente en mi campamento mueren fusilados. ¡Y a sabéis la suerte que os espera! ¡Oh, jefe! Somos soldados de A b d- e l- K r i m que nos envió de reconocimiento para saber si había alguna emboscada. ¡A b d- e l- K r i m es un cobarde que desconoce nuestras costumbres! -exclamó el Halcón del Desierto- Pero eso os justifica y os perdono. A h o r a decidme: ¿por qué lleva este mumeno esa peligrosa serpiente? E l aludido se quedó confuso al pronto; pero luego d i j o -S o y encantador de serpientes, jefe. H e cogido esta por casualidad y la he domesticado para venderla bien eñ el zoco. -Enséñanos lo que sabes hacer- -le ordenó Román, invitando a sus huéspedes a presenciar el espectáculo. E l hombre aquel abrió la cesta, de l a cual salió inmediatamente el temible ofidio, que empezó a reptar hacia él. L e miró el domador con sus pupilas inmóviles y se puso a silbar suavemente. E l naja se paró en seguida y se irguió, hinchando el amplio capuchón que adornaba su cuello, después de lo cual ejecutó diversas evoluciones a la voz de mando de su. dueño, y se volvió a la cesta. -Podéis iros, saheb (1) -dijo Román. Los infortunados exploradores de Abd- el- Krim se prosternaron y bendijeron al generoso Halcón del Desierto y se fueron inmediatamente hacia el Este. Antes del mediodía entró Nabba en la tienda del jefe para co municarle que el destacamento de Abd- el- Krim se acercaba. (1) Amigo. (2) -Soy el haca Mustafá ben Muley; Izeddia. (Se continuará.