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A B C. S Á B A D O 7 D E N O V I E M B R E D E 1931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 18. piocesados e! alcaide de la Dictadura; anunciando que si ¡el problema 110 se resuelve, los concejales dimitirán sus cargos. E i Sr. V I L L A habla del detestable plantel de gobernadores civiles de la República, y censura al de Castellón. E l Sr. B A R R I O B E R O ¡Pero se ha metido en la cárcel a un jesuíta y a otros maleantes! E l Sr. V I L A Pues es una excepción. D i rige ataques al gobernador de Murcia. E l Sr. C A R D O N A dice que al Sr. Moreno Galvache le consta más que a nadie la dignidad y el recto proceder del gobernador de Murcia, y estima que no es decoroso hablar bien de él fuera de las Cortes y mal dentro. E l Sr. M O R E N O G A L V A C H E afirma que el Sr. Cardona es secretario de dicho gobernador. E l Sr. C A R D O N A A mucha honra. E l Sr. M O R E N O G A L V A C H E deja a salvo la dignidad del gobernador, pero estima que no son lícitos los atropellos de los alcaldes citados. Afirma que ha sido gobernador y sabe cuál es el camino que es preciso seguir, que no es precisamente favorecer a elementos que fueron monárquicos, y que hoy se dicen republicanos. Denuncia otra serie de incidentes locales, sin deseo de zaherir l a obra personal del gobernador. E l Sr. C A R D O N A afirma que si hay ejecutorias republicanas limpias, una es la del gobernador de Murcia. Pasa el Congreso a reunirse en sesión secreta, a las siete de la tarde. Terminada ésta, se reanuda la pública y se levanta la sesión, señalándose el orden del día para el martes. quieta ante los ataques continuos y las Campañas alarmantes que se hacían contra su actuación. -E n el día de ayer, añade, la minoría radical- socialista, haciéndose eco de ese malestar de la Comisión, y entendiendo que era perentorio adoptar una resolución que pusiera coto a las insidias y amenazas de que eran objeto los miembros de aquélla, declaró su incompatibilidad con la Comisión, si ésta no adoptaba un acuerdo concreto en el caso del Sr. March. Agrega qus unió inmediatamente al pleno de la Comisión, y ante él, él representante de la minoría radical- socialista hub de manifestar que acababa de ser presentado al Sr. M a r c h en los pasillos y le había oído expresar la opinión de que la comisión de Responsabilidades debía estar integrada por gente joven, ya que dado el volumen de i n tereses que se ventilaba por sus vocales, éstos podrían lograr una gran posición en la vida. Oído el representante de la minoría radical- socialista, y escuchadas otras opiniones de los vocales, el Sr. Simo Bofarull hubo de hacer interesantes manifestaciones. D i j o que sabía por D Emiliano Iglesias que el señor Guerra del Río informó en cierta ocasión a D Juan M a r c h de lo que sucedió en la comisión de Responsabilidades, por medio de un secretario. Intervención del señor Iglesias E n aquella conversación que sostuvieron los señores Simo e Iglesias, éste le dijo que si encontraba responsabilidad para el señor M a r c h en el estudio que hacía del asunto, como presidente de la subcomisión de Gestión, procediera con el mayor rigor, pero, si no era así debía resistir todas la spresiones, y no dejarse dominar por el criterio de los apasionados; añadiéndole, que una vez resuelto el asunto en justicia, le entregaría un cheque por valor de 25: 000 pesetas. E l Sr. Iglesias (D. Emiliano) pide la palabra, y dice que todo el aparato de que se rodea la cuestión, que en el fondo no era sino una minúscula murmuración, tenía los caracteres de algo insólito, que sólo tenía su justificación en el apasionamiento político. Declaró que conocía ál Sr. M a r c h desde hace más de veinte años, pero, sin tener con él trato comercial o profesional de ningún género, y tampoco relación de amistad siquiera cuando el Sr. M a r c h triunfaba y eran celebrados sus éxitos. -H e estado al lado del Sr. March, añade, sólo en las ocasiones en que lo v i vencido y perseguido, inicuamente; una, cuando la Dictadura forzó todos sus resortes para que el Sr. March se rindiera en su campaña anticatalanista, y otra, ahora, cuando el señor M a r c h es perseguido con pasión e injusticia notorias por algunos elementos de autoridad de la República. Como el Sr. Iglesias notara que en ciertos sectores de la Cámara se producían rumores, dijo que tienen un triste concepto de la personalidad humana, los que suponen que el dinero, es el elemento único de la vida, porque lo cierto es que el Sr. March, con todos sus millones, está caído, y es objeto de una persecución que le hace acreedor al amparo de las personas que tengan un sentido jurídico. A continuación hace el Sr. Iglesias un cumplido elogio del Sr. Simo Bofarull, y dice que le conoce desde que ingresó en el partido radical, en los tiempos de la solidaridad catalana, y en momentos en que todos los radicales eran perseguidos por los separatistas. Desde entonces, lo trato con la confianza y el cariño de un verdadero cantarada. L a amistad entre ambos les autorizaba para toda clase de confianza. Sigue diciendo que al Sr. Simo Bofarull se debió la iniciativa de la comisión de Responsabilidades, y, que constituida ésta, La sesión secreta Palabras del señor Besteiro A las seis y media de la tarde sonaron los timbres para la sesión secreta. Había en la Cámara numerosos diputados que inmediatamente pasaron al salón de sesiones. Se hallaba también en los pasillos D Juan March, quien tomó asiento en su escaño, pero al poco tiempo abandonó el Congreso, pues había sufrido un breve desvanecimiento y se sentía mal. Don Emiliano Iglesias tomó asiento en uno de los escaños del centro de la Cámara. Cuando la sesión comenzó y el presidente, Sr. Besteiro, dirigió l a palabra a los diputados, se hizo vm silencio impresionante, que revelaba la enorme expectación que. había en el salón de sesiones. D i j o el Sr. Besteiro que tenía proyectado celebrar la sesión secreta el próximo martes. Añadió que el representante de la minoría radical, Sr. Martínez Barrios, le había entregado el acuerdo de dicho grupo, que consistía en que por la presidencia se hicieran las investigaciones precisas, para esclarecer los hechos que motivaban la sesión. Entonces se le había acercado el señor Baeza Medina, en nombre de la minoría radical- socialista, para pedirle con apremio que la sesión secreta se celébrala i n mediatamente. P o r esto, se había visto en la necesidad de anticiparla, y la comenzaba concediéndole la palabra al presidente de la comisión de Responsabilidades. hubo el Sr. March de manifestarle que había tenido noticia por una persona allegada al Sr. Guerra del Río, de que se le quería detener, y que la detención no se llevó a efecto por haberse interpuesto dicho señor -Yo ignoraba en absoluto tal hecho- -dice- y aquel día, antes de que llegara el Sr. Guerra del Río a la Cámara, hablé del asunto con el Sr. Simo; de este asunto y de otros muchos ajenos completamente ai él. E l Sr. Simo me negó el hecho y me preguntó cómo lo sabía. Entonces, con la confianza de la camaradería y el compañerismo que teníamos, se lo relaté porque es lo natural y lo corriente, y lo humano, y además lo que hacen todos los parlamentarios a diario, y todos los periódicos: interesarse por los perseguidos. Afirma el Sr. Iglesias, que todo esto ocurrió hace dos meses, y desde entonces j a más había hablado n i del Sr. Guerra del Río n i de lo que ocurría en la comisión de Resposabilidades, y que por tanto era i n exacto en absoluto que él informara el señor March. Además, si el procesamiento del Sr. March era inexacto, como resulta del relato hecho por el Sr. Cordero, la persona que informó al Sr. M a r c h se equivocó, y por tanto no podía ser el Sr. Guerra del Río, que forzosamente, como miembro de la; Comisión, debía estar enterado perfectamente de lo que en ella ocurría. Sigue diciendo que es excusable la confusión en que ha incurrido el Sr. Simó, porque se encontraba apremiado, según declaró en la reunión de la minoría radical, por las excitaciones de los que atribuían a los miembros de esta Agrupación la demora en la resolución condenatoria del Sr. M a r c h y el informe a éste de lo que sucedía en ei seno de la comisión de Responsabilidades. Por eso se explica que atribuyera al Sr. Guerra del Río lo que éste no pudo decir nunca, y, se explica también que le atribuyera al orador un ofrecimiento que no existió y que puede explicarse por la naturaleza de las relaciones que tiene con el Sr. Simó. Reconoce que hace dos meses se interesó por la supuesta orden de detención del Sr. March, y dijo al Sr. Simó, dentro siempre de l a absoluta confianza que con él tiene, que si encontraba, no ya indicios, sino l a menor: sospecha de culpabilidad en el Sr. M a r c h le machacara inexorablemente la cabeza porque lo primero a que todo el mundo tiene que rendirse es a la justicia; pero que si del estudio resultaba inocente el señor March, esperaba que resistiese las presiones de que pudiera ser objeto, por parte dé los elementos que se desencadenaban contra, el inculpado en una persecución sin ejemplo. Intervención del señor B o f a r u l l Inmediatamente se levanta a hablar el Sr. Simó Bofarull. Hace un relato del origen de la subcomisión de Gestión. Como presidente de la misma y ponente en el asunto del Sr. March, estudió con la mayor atención el asunto, y en los plenos se pidió reiteradamente se dictase una resolución precautoria contra el Sr. March, en su persona o en sus bienes. Del estudio que él realizó del expediente, sacó la convicción de que no había indicios suficientes aún para proceder a la detención y procesamiento del Sr. March. De este modo, se encontraba en continua contradicción con varios de los vocales del pleno, especialmente con el representante de la minoría radical- socialista. E n ese estado de ánimo llegó a la reunión de anteayer, en l a que se le dijo qué la minoría radical- socialista había acordado declararse incompatible con los miembros de la minoría radical, y escuchó que la opinión pública atribuía la lentitud en la resolución del asunto M a r c h a la compra de alguno de los vocales. Oyó también al d i E l señor C o r d e r o relata l o suced i d o en la comisión de R e s p o n sabilidades y explica la denuncia del señor Simó Bofarull E l Sr. Cordero manifiesta que no quiere exponer su opinión ni juicio alguno. De? ea relatar a la Cámara con la mayor imparcialidad y la más absoluta serenidad, lo sucedido en la comisión de Responsabilidades. Afirma. -que ésta se encontraba angustiada e in-
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