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HALCÓN DEL DES N O V E L A P O R FERDINAND O S S E N D O W S K l (CONTINUACIÓN) Estos nombres de los piadosos y sabios ascetas, los más influyentes de todo el mundo musulmán, con quienes habló en otro tiempo el Halcón del Desierto, impresionaron mucho, a los sencillos espíritus de aquellos nómadas, acostumbrados a venerar a los ancianos sabios y poderosos. -Todos ellos son admirables y santos varones, queridos por A l á y su Profeta- -murmuraban hasta entre los soldados de A b d e l- K r i m- ¡Que hable! ¡Que hable! ¡L a s palabras del jefe son claras y duras como la verdad! -exclamó Nabba extendiendo sus fuertes brazos. ¡Que hable! ¡Que hable! -exigieron con impaciencia muchas voces. Román dio un paso al frente y levantó la; voz. G l o r i a a Dios, dueño del mundo, clemente y misericordioso, juez supremo en el día del Juicio F i n a l T e adoramos e imploramos T u auxilio y Tu protección. Enséñanos el camino recto; el de aquellos a quiénes colmas con. Tus bondades y no el de los que merecen Tus iras o viven en el pecado. A l oír las primeras palabras del Corán se arrodillaron varios hombres y los demás se pusieron de pie para escuchar con recogimiento las suras del L i b r o Sagrado, dichas en idioma árabe. Uachi ¡Alem! -murmuraban. -Y ahora decid vosotros, los que me conocéis hace tanto, tiempo ¿existe u n solo hombre desde la misteriosa sede de los marabutos de K u f r a hasta las profundas gargantas del Atlas, desde la tierra fértil del T e l l hasta los áridos terrenos de Yahía que pueda acusarme de no haber seguido el camino derecho, que es el único grato a A l á? ¿N o perseguí exclusivamente a los que desobedecían las suras del L i b r o Santo y pecaban provocando las iras del Todopoderoso? ¡C i e r t o! ¡Cierto! -gritaban en todas partes- ¡T ú has i m plantado l a ley y el orden en el desierto! ¡H a s defendido a nuestras mujeres y a nuestras, hijas, y has perseguido a los que las arrojaban a los ábdalaes corrió harapos sucios o animales sin alma! ¡Nos has protegido contra los chins de las enfermedades malas, contra l a pobreza, y las vejaciones! ¡Nos has preservado de revoluciones y nos has evitado la venganza de los hombres infamados! ¡Siempre seguiste el camino recto que dice el L i b r o Sagrado! -Oídme todavía, mwnenos- -prosiguió el Halcón del Desierto- Cuando llegué a K u f r a versado en la ciencia del Profeta y sabiendo las suras de su L i b r o dije al sirdar Alí Mahomed Igdada: S i d i yo profeso la doctrina del profeta Jesús; pero quiero hacer e l b i e n a los indefensos, a los desgraciados y a los abandonados. Aconséjame. ¿Dónde puedo encontrarlos? E l piadoso sirdar me contestó: L o s pueblos y las tribus de África carecen de defensa contra las plagas y las enfermedades y desconocen la ciencia que protege contra la influencia del mal. Y o volví a preguntar: ¿Qué puedo hacer, por ellos yo, que soy fiel al profeta A i s s a? Cualquier vmmeno se creerá obligado a degollarme por giaur. E l sirdar me puso a prueba. Salvé del derramamiento de sangre y de su destrucción a las tribus de K u f r a M u r z u k y Tibbo, sentenciadas previamente por el madhi del Sudán. Después de esta prueba me llevó el sirdar al Consejo Supremo de los marabutos y los ulemás, y éstos me otorgaron el ana- fellet- k- itub (i) de oro. ¡Aquí lo tenéis! A l decir estas palabras, -el Halcón del Desierto se quitó del cuello el cordón con la cruz unida a una plaquita triangular de oró. Abd- el- Krim y un marabuto que estaba a su lado lo cogieron y leyeron las siguientes líneas grabadas en caracteres santos de Lucha: (1) Frase árabe que significa abro el libro e indica, el grado supremo de confianza de los grandes iniciados; amuleto religioso, 3 f Suras 130 y- 131 del segundo capítulo del Corán, proclama das en M e d i n a D e c i d Creemos en Dios y en todo lo, que nos envía E l desde el cielo: en Abraham, Ismael, Isaac y Jacob, y en las doce, t r i b u s creemos en los libros confiados a Moisés y a Jesús; creemos en los libros de los profetas, conformes con la voluntad del Señor. No establecemos diferencia alguna entre ellos, y nos confiamos la providencia de Dios. S i los hombres que no profesan la doctrina del profeta M a h o ma se conforman con esta sura y no os consideran como enemigos, sabed que siguen el camino recto. E l camino recto es el camino de Dios, Señor de los hombres, de las naciones y del mundo; dueño único de todas las cosas. Ana fellet Kitab, entregado en K u f r a al Halcón del Desierto, mumeno en D i o s Seguían al texto las insignias de los marabutos. y del sirdar, delegado del poderoso jeque del Islam y. consejero del Califa. L a muchedumbre que rodeaba al Halcón del Desierto se prosternó, y A b d- e l- K r i m hizo salam tras sotaní, retirándose de espaldas hacía su caballo, y cuando estuvo a horcajadas en la silla exclamó: -H a n debido de olvidarse del Ana feüet Kitab en K u f r a ¡dh, jefe! -N o lo. sé- -contestó éste- Pero tu, sidi, acuérdate. N o será por medio de: la guerra como podrán recobrar los, pueblos del Islam la libertad y la influencia. Si algún día quieres regar coa sangre tu camino, con ello te apartarás del: camino recto de A l á y no dejarías de sufrir tin. castigo severo. ¡D i o s te acompañé! -dijo Abd- el- Krim. ¡A l á te proteja! -respondió el jefe. E l destacamento de A b d- e l- K r i m se fué por el lado meridional de la garganta. L e acompañaron el Halcón del Desierto y los notables hasta el límite del campamento. Cuando regresó el jefe, el capitán Ramencourt se acercó a él y le. abrazó cordiálmente; -V a m o s a cambiar nuestras espadas- -dijo- Deseo ser su amigo y su hermano. L o que acabo de oír le eleva a usted a l a categoría de héroe de toda l a raza blanca. Está usted enseñando al Islam nuevos caminos que acaso conviertan al enemigo tradicional en amigo. -E s t o y convencido de que eso puede ser. Sólo siento haberme visto obligado a hablar de mí. E n aquel momento se le acercó Irene Oranowska. -N o sólo es usted noble, poderoso, audaz, sino también sabio y muy, muy amado... ¡Estoy orgullosa, muy orgullosa de usted! E l entusiasmado, quiso contestar; pero le interrumpieron Betty Crawford y Margaret Irvirig, estrechándole, las manos y balbuciendo: -N o hemos comprendido nada del vocerío de esos salvajes; pero estamos seguras de que ha ganado usted la partida. Tenía que ser así. ¡Of, course! You are or belzved liauk. América entera cantará sus alabanzas desde el Atlántico al Pacífico. Escribirán novelas de su vida y las más bellas muchachas se enamorarán de usted y establecerán comparaciones, entre el Halcón del Desierto y aquellos amigos suyos que trabajan en las oficinas del piso 45 del Woolworth Building o en los Bancos de D o w n street. ¡Costará mucho a estos caballeros lograr que se fijen en ellos! Hubieran seguido charlando así las muchachas hasta la noche; pero él se tapó los oídos y echó a correr. Poco después daba órdenes a Jos hombres que tenían que volver a sus aduares, XSe continuará. -n r- i i i M i i r n r -i n m n i- i n r TU! rTM- rrTT f F
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