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E A 1 EDREZ actuación fué en todas partes una verdadera marcha triunfal, cuya meta puede situarse en la victoria obtenida sobre Lasker el año 2 i que le consagró como campeón del mundo. Pero a partir de esta fecha se observa en él el fenómeno curioso de que sus portentosas facultades, sin disminuir, comienzan a perder brillo. Su juego aparece guiado por un criterio utilitario; su estilo se americaniza, atento, sobre todo, a la cuantía del sco. re, y esta norma contable le hace conformarse frecuentemente, aun tratándose de adversarios muy inferiores, y todos lo son algo, con empates, antes que lanzarse a complicaciones aventuradas. Somete a infecundidad voluntaria su específica cualidad genial- -la intuición- y se apoya exclusivamente en el cálculo; pero al mismo tiempo, con orguilosa incongruencia, rechaza desdeñoso, como innecesario, el estudio de los sutiles progresos técnicos que marcan la moderna actividad social. A l principio todo va bien y se encuentra. en estado de decir puedo, pero 110 quiero Mas, al cabo del tiempo, la Naturaleza se venga, ofendida, y cuando quiere ya es tarde. Y viene la desconfianza en sí propio, que para un luchador es la derrota y para un artista el fracaso. y al jugar el desgraciado match de Buenos Aires, afrontado con fe vacilante, recibe una sanción cruel por su- tremenda equivocación de haberse quemado las alas o de habérselas chamuscado, que es lo que está por averiguar. Leyendo el último número de la acreditada revista inglesa British h. ess Magasine, tengo la satisfacción de ver ue en un artículo dedicado a comentar los resultados del tornea de Bled se expresan icios en absoluto coincidentes con los exmestos hace un mes en estas columnas, respecto al desagrado que experimenta la ¡pinión ante el hecho de que no concurran juntos a ningún torneo los dos primeros vacres que actualmente existen en el mundo ijedrecístico, o sean Alekhine y Capablan: a. N o andaba, pues, descaminado cuando, ü recoger los ecos de esa opinión, la consileraba muy extendida; pero no es la pueril satisfacción, del acierto informativo lo que ne lleva a exhibir tan autorizada confirmañon de mis puntos de vista, sino su aspecto objetivo en cuanto hace esperar que la presión moral de esta opinión adversa concluirá por obtener de ambos colosos una rectifi: ación de conducta y nos permitirá regaarnos con las espléndidas bellezas que habrán de encerrar sus combates. Y a puesto a hablar de los dos maestros más completos que registra la historia del noble juego y en relación con la interrogación latente en casi todos los aficionados obre quién de ellos vale más y quién ganaría en un match de revancha, voy a exponer algunas consideraciones, queaun cuando esquivan por prudencia el tajante filo de la pregunta, pues el oficio de oráculo está muy desacreditado en nuestros días, pudieran, sin embargo, aportar algún esclarecimiento al estudio de la cuestión. Desde luego, puede admitirse que Capablanca y Alekhine forman en una categoría superior a todos los demás maestros y que deben ser considerados como dos genios, definidos ambos por su excepcional poder de intuición; por esas alas ocultas que aventajan en su vuelo al pausado avance de la reflexión normal, sujeta, como se sabe, a la sucesión inexorable de premisas y consecuencias y todas las reglas formales con que la lógica trata de encauzar el proceso del razonamiento. Pero Alekhine, eslavo de nacimiento y racialmente imaginativo, por lo tanto, se ve envuelto en el cataclismo de la revolución rusa, que le depara, con la destrucción de su hogar y de su porvenir aburguesado de noble provinciano, un destino dramático: es detenido y condenado a muerte, pero logra evadirse al fin de las prisiones soviéticas y expatriarse, viéndose obligado después, por el despojo de su fortuna, a encararse con la adversidad en una lucha diaria y terrible. Estos caminos de abrojos, esta purificación por el fuego del dolor, son pruebas de temple con que el Destino doblega al genio antes de encargarle de. su magnifica misión. S i n previo aviso suele lanzarle al abismo, para ver cómo abre las alas y burla la gravedad. E l campeón ha sufrido valientemente esta prueba, y sus dotes naturales han salido de ella prodigiosamente afirmadas, permitiéndole hoy en día derrochar sin agotamiento esa potencialidad de combinación, de ardor combativo y de emoción estética que tanto nos. asombra cuando examinamos sus producciones. E n cambio, de Capablanca, que posee cualidades nativas también geniales, opino, aunque parezca paradójico, que ha vivido en el ambiente más desfavorable para su exaltación. Cierto que desde muy joven se formó en un medio técnico escogido, el Manhathan Chess Club, de Nueva Y o r k donde se impuso rápidamente, y, a partir del torneo de San Sebastián del año 12. sy crearse debilidades cuando proyecta producir, otras mayores al enemigo. Blancas, Alekhine. Negras, Maroczy. 1. P 4 D P 4 D 2. C 3 A R C 3 A R 3. P 4 A D, P 3 R 4. A 5 C, C D s D P 3 R. P 3 T R 6. A 4 T A 2 R 7. C 3 A D 0 0 8. T i A P 3 A 9. A 3 D P 3 T 10. 00, P X P I I- A X P. P 4 A 12. P 4 T D D 4 T 13. D 2 R, P X P 14. PXP! C C I A 3 D, A 2 D 16. CsR! T R i D 17. P 4 A A i R 18. C 4 C T X P 19. A X Q A X A 20. C X A P X C 21. C 4 R T D i D 22. C X P- f R 1 A 2? C 7 T 4- R 2.O R; 24. P S A! T 1 D- 3 D 25. P 4 C D! D X P C 26. D 5 R, C 2 D 27. D S T! T X A? 28. P 6 A- 1- abandonan. 3 S S i vuelven a luchar, ¿quién ganará? Y o empiezo por negar la hipótesis, pues creo firmemente que en match no volverán a enfrentarse, pero no por ello pretendo eludir la tesis. Respecto a ella, y velando la crudeza del caso personal con el ropaje de una fórmula genérica, debo exponer que en mi opinión la Naturaleza 110 perdona jamás los agravios recibidos. E n la implacable partida de ajedrez que jugamos con ella, y en la que acaba siempre por darnos mate, nos obliga a jugar limpio y no podemos hacer nunca dos jugadas seguidas. Sí L a solución del problema número 20, S i por H W Barry, es: 1. A 6 C, y en todas las variantes se da a la siguiente jugada un perfecto mate modelo. L a del problema número 21, por S. L o y d 1. D i T y a la siguiente, cualquiera que haga el negro, 2. D 8 T R, mate. Claro que, si el negro enrocase, no habría mate, y en demostrar que no puede efectuarse este enroque, a pesar de encontrarse en las casillas apropiadas el rey y la torre, estriba la dificultad en este interesante problema, agravada por la insidiosa coletilla de su leyenda e l negro no ha enrocado todavía Efectivamente, considerándose las posiciones de los problemas como provenientes de una partida hipotética y correspondiéndole en la posición del diagrama jugar al blanco, claro es que entonces el que acaba de efectuar la última jugada es el negro, y dicho se está que, encontrándose los dos únicos peones en su posición inicial, la jugada que acaba de hacer el negro ha tenido necesariamente que ser una movida de rey o de torre, lo cual le inhabilita, conforme al reglamento, para enrocar. PsS) Üí continuación transcribo la par 3 tida jugada con las blancas por Alekhine contra Maroczy en el reciente torneo de Bled, y, siguiendo mi sistema de no abrumar al lector con un montón de análisis y de eruditas comparaciones, reduzco mi comentario a poner de relieve el rasgo característico que encuentro en ella, y claro es que, tratándose del campeón del mundo, resulta difícil discernir la primacía entre las excelsas cualidades que muestra en sus partidas. Pero en la presente creo que debe otorgársele a la iniciativa. Sus jugadas 1 2 P 4 T D! creando un peligroso hole en 4 C D y 14. P X P! que implica una permanente debilidad por su aislamiento para el P D señalan que en el ánimo del campeón del mundo la iniciativa priva sobre las reglas y son un provechoso ejemplo para los aficionados, pues la observancia rígida de los principios teóricos hace caer en el amaneramiento. N o basta el conocimiento abstracto para vencer las dificultades que en cada jugada nos plantea la lucha, sino que hay que percibir directamente la realidad, y en este sentido puede aplicarse al ajedrez la profunda sentencia ele Vauvénargues: Nadie está sujeto a incurrir en más faltas que los que obran únicamente por reflexión Finalmente, el campeón nos ofrece aquí una prueba más de que no es partidario. -de la sopa boba y que en su manera de operar no entra el propósito de conseguir sin, riesgos l a victoria, por lo que no vacila en p E l problema número 19, por Tssaef, M tá apareció equivocado, según me han expuesto por carta y de palabra varios aficionados y he podido comprobar. A l tratar de rectificar el error tropecé con el i n conveniente de que el original inglés de donde lo había tomado, y en el que figura que dicho problema obtuvo el segundo premio del Concurso- Internacional organizado en 1926 por el G rantham Journal, era idéntico al diagrama entregado por mí en las cajas del periódico, que resultaba su reproducción fiel con equivocación y todo, pues, confiando en lo acreditado del origen, no me había parado a comprobar otra cosa que la exactitud de la reproducción. Gomo quería, naturalmente, dar satisfacción a mis lectores y no disponía de n mgün ofro texto en que viniese el dichoso problemita, se me planteó el nuevo y curioso problema de i n vestigar la verdadera posición original, concretando el error por medio del análisis, lo que logré sin dificultad alguna. Desde luego admití como exacta l a solución 1. C 5 A y viendo que con la huida del rey negro a 3 A no había mate, y, en cambio, haciendo cu la posición del diagrama equivocado 1. T X A R X T (obligado) seguía 2. D 2 D mate, variante grosera y absurda, comprendí fácilmente que el problema estribaba en que la ficha negra colocada en 4 C R y que en el diagrama aparecía como caballo, debía ser un alfil, que clavase la acción de la torre en 2 D. H a ciendo esta permutación se podrá advertir el género de belleza que motivó fuese premiado el problema y que consiste en un des-
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