Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DIARIO ILUSTRAVI G E- DIARIO DO. ILUSTRAVIGE- DO. AÑO 10 C T S AÑO S ¡MOSEPT 1 MO NUMERO SIMOSEPTIMO 10 C T S NUMERO F U N D A D O E L i D E J U N I O D E 1905 POR D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A FUTURO EXAMEN HISTORIA DE El catedrático. -Vamos a ver, ciudadano alumno: ¿Qué entiende usted por H i s t o r i a de España? Alumno. -Un conjunto de magnos errores, atropellos e injusticias, debidos a varios siglos de ignominiosa Monarquía. Catedrático- ¿En qué época resalta más lo nefasto de esta tiranía dinástica? Alumno. -En el reinado de la ex Reina Isabel y de su esposo, el ex Rey D F e r nando, los cavernícolas, que tenían el mal gusto de llamarse católicos Entonces tuvo lugar la desdichada y artificiosa unidad de España, bajo la absorbente hegemonía del idioma castellano y el intolerable centralismo del Estado. T a n absurdo sistema retrasó, durante siglos, nuestros Estatutos regionales y el florecimiento de los diversos idiomas peninsulares, que hoy, en el mundo, nos valen el glorioso nombre de la Babel M o derna Catedrático. ¿Qué más me dice usted de estos ex Reyes cavernícolas? Alumno. -Pues que con la manía de i m plantar la cruz en todas partes expulsaron de España a los moros y a los judíos. Luego, poseídos de insensatos sueños imperialistas, se metieron en Italia y hasta tuvieron su parte de responsabilidad en el descubrimiento de América, que no hacía ninguna falta descubrir; pues los indios vivían muy a gusto sin nosotros. Catedrático. ¿Quién descubrió América? Alumno. -Un tal Cristóbal Colón, aventurero ambicioso. que se hizo pasar por ereyente para agradar a doña Isabel, que era una beata, y sacarle los cuartos. Catedrático. ¿Cuál fué su nacionalidad? Alumno. -El se decía genovés, aunque no hablaba el italiano. Luego se ha dicho que gallego, que catalán, etc. Pero últimamente ha aumentado mucho la sospecha general de que era en realidad americano, y que había hecho ya el trayecto varias veces entre América y Europa cuando su pretendido descubrimiento. Catedrático. ¿Cree usted que el descubrimiento y la colonización de América sean una gloria para España? Alumno, -No, señor; sólo en apariencia. L o s mismos navegantes y conquistadores iban desprovistos de todo espíritu laico, y, como los frailes que les acompañaban, se empeñaron en convertir a los indios a la religión católica. Su obcecación política les hizo luego -onquistar reinos para la Corona de Castilla en vez de proclamar allí de una vez la República, adelantándose a Bolívar. Y además, la enseñanza monopolizada del idioma castellano en nuestras colonias ha causado a América el enorme perjuicio de que, aun hoy día, nadie sepa hablar allí el cata án. r Catedrático. ¿Qué más me dice usted de España durante esos siglos de Monarquía bochornosa? Alumno. -Poco o nada que valga la pena. Imperialismo con Carlos V fanatismo con Felipe I I Austrias y Borbones, todo es igual. Estancamiento, decadencia, podredumbre. España, internaciouálmente, deja de existir hasta el día en que L e r r o u x preside, en nombre de la República española, el Consejo de la Sociedad de las Naciones. Catedrático. -Dígame: ¿Cuándo se inicia el despertar de España al progreso y a la libertad? Alumno. -En el breve, pero glorioso período de la primera República. España sale entonces de su marasmo, destruyendo. el principio de autoridad, siempre odioso, entre convulsiones liberadoras. E l centralismo, el federalismo y el cantonalismo se disputan la República. H a y revueltas sangrientas en Sevilla, Málaga, Cádiz, Alcoy, Cartagena. Guerra civil en el Norte. Desfilan en pocos meses por el Poder P i y Margal Salmerón y Castelar, sin que ninguno logre contener el desbordamiento de la libertad. P o r desgracia, el general Pavía abrevió este período de expansión revolucionaria con un golpe de Estado militarista; ¡qué vergüenza! Catedrático. -En efecto. ¿Y qué opina usted de P i y Margall, de Salmerón, de Castelar, como ciudadanos? Alumno. -Que fueron eminentes para su época, pero que han quedado obscurecidos por los colosos de la segunda República: un Indalecio Prieto; un De los Ríos, un N i c o lau d Clwer, un Albornoz. L o que más asombra al mundo respecto a nuestra revolución es la calidad y la cantidad de nuestros hombres nuevos sin contar los jabalíes. Catedrático. ¿Cómo califican nuestros preclaros intelectuales revolucionarios a la Restauración? Alumno. -De farsa indigna. Martínez Campos y Cánovas el reaccionario son los responsables del advenimiento al Trono del llamado Alfonso X I I y por eso sus respectivos descendientes han tenido que declarar también, hace poco, ante la Comisión de responsabilidades. Aquella aparente tranquilidad que disfrutó España desde la Restauración era sólo un letargo. Cánovas i n ventó lo de los partidos turnantes en las Cortes y tuvo al pueblo español adormecido muchos años. Catedrático. ¿Sabe usted algo más de Cánovas? Alumno. -Que era bizco y conservador; es decir, dos veces antipático. Catedrático. -Bueno; pasemos a la pérdida de las colonias. ¿Hizo bien España ea empeñarse en conservarlas, gastando hombres y dinero? Alumno. -Hizo mal. Por eso, como republicanos conscientes, debemos simpatizar con Maceo, con Máximo Gómez y con los Estados Unidos, que nos echaron de Cuba y Filipinas. Catedrático. -Y ahora, ¿podrá usted decirme si España progresó algo durante el reinado del último ex Soberano D A l f o n so de Borbón? ¿Hizo jamás algo el ex Rey en provecho de su Patria? Alumno. -Nunca, nada. Pero tampoco po- dría decir lo contrario sin infringir el ar título sexto de la ley de Defensa de la República, que próhihe todo elogio del régimen monárquico. Catedrático. -En cambio recordará usted un crimen espantoso cometido por la M o narquía y que sublevó contra España la conciencia masónica universal... Alumno. -Sí, señor. E l odioso fusilamiento de Ferrer, inspirador de la semana gloriosa de Barcelona. De ese crimen es responsable el Gobierno conservador del cavernícola M a u r a (padre) que no debemos confundir con su hijo Miguel, el. cual, renegando las doctrinas paternas, merece gratitud de la República por haber aniquilado desde el Poder, en unión de Alcalá Zamora, a todas las organizaciones monárquicas y derechistas durante el período constituyente. Catedrático. ¿Qué otras causas trajeron, por fin, la República? Alumno. -Muchas. Entre ellas, los. sie te. años indignos de la Dictadura que soportó el pueblo español con ejemplar mansedumbre. Catedrático. ¿E s cierto que Primo de Rivera, como pretenden su? admiradores, merece la gratitud de las madres españolas por haber terminado la guerra en M a rruecos? Alumno. -Al contrario. Se debe a A b d e l- K r i m que, inspirado por laudables sentimientos pacifistas y democráticos, abrevió él mismo la guerra rindiéndose a la republicana Francia. L a s supuestas crueldades de A b d- e l- K r i m fueron calumnias de los reaccionarios y militares adictos a la M o narquía. Catedrático. ¿Cómo se ha reparado, en parte, esta campaña difamatoria contra el simpático moro? Alumno. -Elevándole un monumento en Monte A r r u i t costeado por la F. N M S. o sea la Federación Nacional de Madres Solteras. Catedrático. -Dígame usted ahora cuál es el primer español de todos los tiempos. Alumno. -El doctor Marañón. Catedrático. ¿Y la española más ilustre? Alumno. -En eso la opinión pública anda dividida entre doña V i c t o r i a Kent y doña Clara Campoamor. Catedrático. -Bueno, ya puede usted retirarse. Por la copia, ALVARO A L C A L Á GALIANO