Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EL ESTRENO DE ANOCHE EN LA RA. -Leocadia Alba y Manolo Gomales en una escena de V i v i r de ilusiones, de D. Carlos Arniches, que se estrenó anoche en el teatro Lar a. (Foto Alfonso. IMPERIO ARGENTINA, EN MADRID. -La bella ac- tris del cinema español se halla entre nosotros, disfrutando de una temporada de descanso, después de lar ga actuación en los estudios franceses. (Foto Duque. ABC EN COLOMBIA Una novela de evocación histórica Don José Solís y Folch de Cardona fuá quizá el personaje más acentuado que la Corte española envió al virreinato de Nueva Granada. Era hijo de los duques de Montellano, descendiente de los Reyes de Aragón, amable, gentil y calavera. En Madrid y en Sevilla las mujeres se disputaban sus sonrisas. Su porte era gallardo, y gallardos también sus procederes. Sobre esta figura Daniel Samper Ortega acaba de publicar una novela, que tiene el poder de una evocación histórica. Samper Ortega maneja con gracia un estilo que copia los giros de los clásicos. Zoraya se titula el libro, y Zoraya fué una leyenda que la Casa de Montellano lia venido transmitiéndose de generación en generación. Sobre el virrey Solís existen muchas leyendas, y no son pocos los historiadores que han pretendido fijar sus líneas dentro ó? los moldes de una reseña breve. Fuéa rio que un buen amigo de Españál riñara con los perfiles de Solís wué se aventurase a consagrarle la ampl de un libro. Como un remanso a sus liviandades eaL les Corte D. José Solís recibió el viirreinaj de la Nueva Granada. Se puso en marcfi con séquito rumboso y trajo en sus maleta gran número de objetos de arte. En Cádi; a bordo de una goleta, se hizo a la mar, las velas buscaron la dirección del trópico. E l viaje fué largo. Después de muchas se- manas llegó a Cartagena de Indias, que era el puerto más importante que entonces tenía España sierre el mar Caribe. r L a llegada del virrey a sus dominios causó sensación. Saptóí Fc en masa salió a recibirle y los balcones: y las rejas por donde. había de transitar el nuevo mandatario se engalanaron con festones y flores. Una fama de conquistador precedía al virrey. E l día de su posesión ante el Cabildo celebróse por la noche un. refresco, y cúpole a doña Manuel! ta Alvarez del Casal el honor de haber sido la primera santafereña que bailara una contradanza con el nuevo representante de Su Majestad. Manuelita Alvarez del Casal era la bogotana más disputada de su tiempo, y como su belleza era no escasa, D. José Solís fijó sus ojos en ella. Pero el virrey era hombre de aventuras. Y mientras bailaba con esta dama, que acumulaba sobre sí la distinción más alta que cupiera entonces a una bogotana, recordó que cuando iba ¿a. prestar juramento de su nuevo cargo había tropezado en su carroza con otros ojos negros y soñadores. Era dona María Lugarda -de Ospina, muchacha de la clase media, a quien, con su hermana, llamaban las Maruchuelas. Pasaron los días. Santa Fe era entonces una urbe que rendía culto fervoroso a sus tradiciones religiosas. Desde muy temprano las campanas de las iglesias tañían sus sones argentinos. E l día transcurría sin mayores complicaciones. Y cuando el sol se J acostaba también los habitantes se recogían en sus casas. E l área de 4 a población era fpequeña. No había diversiones. L a gen e. ¡oraba muchp y se divertía muy poco. Don José Solís recordaba sus tiempos de Sevilla y Madrid, y quiso probar nuevas aventuras. María Lugarda de Ospina era la mujer escogida. Comenzó a murmurarse en Santa Fe que el virrey hacía sus escapadas nocturnas de su palacio para entrevistarse con la M a ruchuela. Los santafereños no andaban errados efectivamente, D José Solís había consagrado los ardores de su corazón a María Lugarda, tentación de muchos, y ahora la bien amada de un noble personaje. Como una bomba cayó en la villa la noticia de que el Rey había muerto. Era el íntimo amigo del Sr. Solís. Por una real cédula el virrey supo que su nuevo señor, Carlos III, había designado a Messía de la Zerda para- sucéderle. Se presentaba a Solís el dilema de si- regresaba a la Corte o permanecía en Santa Fe. María Lugarda una mañana llegó a los umbrales de las monjas carmelitas y entregó su alma al servicio divino. Santa Fe se estrujó ante la noticia. Qué haría el v i rrey ahora? se preguntaban todos. Una tarde, pocos días después, D. José Solís estaba en compañía de varios amigos. Sorbían una que otra copa de vino castellano. Mientras sus amigos sufrían las sugestiones de los vapores del vino, D. José Solís se dirigió al convento de San Francisco. Golpeó a las puertas y dio su nombre. La Comunidad, formada, salió a recibirle, y desde aquella tarde se le conoció bajo el nombre del hermano de José de Jesús María. Así terminó su vida quien fué grande de España, calavera y seductor de oficio como dijo en sus versos maravillosos el gran poeta bogotano José Asi ición Silva. Envuelto en un exquisito, perfume de santidad, la figura de Solís ha pasado a la Historia como la de una de las más sugestivas personalidades que pueblan nuestro mundo colonial. Daniel Samper Ortega ha sabido recoger un abundante material, y, completándolo en sus viajes por España, nos ha ofrecido una admirable evocación. Conclensada dentro d 3 trescientas páginas, su vida novelesca ha
 // Cambio Nodo4-Sevilla