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M A D R I D SEVILLA 14 D E N O V M B R E D E 1931. N U M E R O S U E L T O 10 C E N T S DIARIO ILUSTRADO. AÑO VIGESlMO SEPTl. MO NUMERO 8.991 S EDACCION: 1 K. ÍDO D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES X AJSUA CIOS, MUÑOZ OLIVE, CKKCAJVA A TETUAIN, SKVII- LA LA ACUSACIÓN C O N TRA D O N ALFONSO Bajo una ley ele- excepción, cuya dureza sin precedentes califica al r é g i m e n castigada como delito la expresión del pensamiento político v aun la crítica histórica que discrepe del fanatismo revolucionario; imposibilitada y eliminada la oposición cn la Asamblea Constituyente y ahora prohibida su actuación en las tribunas populares; sometidos a la omnipotencia ministerial o amenazados por la coacción del motín los derechos de ciudadanía; en circunstancias tan singulares aparece el curioso documento con que el ciudadano Cordero y sus dignos colegas, investidos de magistratura judicial por fas Cortes, proponen la condena de D Alfonso X I I I por los crímenes de la Dictadura contra ¡a libertad. E l Diario de la República nos ahorra la molestia de juzgar el dictamen, porque su juicio se acerca bastante al que nosotros dejamos inédito. Asombrosamente pueril, aparatosa, inconveniente en todos Igf aspectos, materia para toda clase de ironías y preparada con un espíritu leguleyo dice Crisol riue es la sentencia. H u biera preferido Crisol una sencilla fórmula de excreación del golpe de Estado, imputación concreía de la culpabilidad y endoso ck la acusación a los Tribunales competentes. Y es verdad que sobra en el dictamen el aparato procesafy l a pretensión de hacerlo pasar como un veredicto de justicia, poroue lio son jueces irrecusables, sino declarados v rencorosos enemigos de D Alfonso X I I I los que proponen su condena y los que van a votar ese u otro dictamen. E n todo cambio de régimen, como quiera que se realice, pacifica o violentamente, hay vencedores y vencidos, y el vencedor, según su calidad v según su poder- o su fuerza, dicta la ley al vencido y usa de la victoria con arreglo a su condición. L e y de vencedores, ni más ni menos, y no virtud ni atributo de justicia será lo que en este caso acuerde ia Asamblea, y nadie ha de ver otra cosa, n i a nadie importa, m á s que a la Asamblea, el modo de proveer el uso que haga de la victoria, porque llegue a donde llegue, no h a b r á drama; las penas que imponga quedarán en pura hipótesis y cuanto m a s í a s exagere, más acentuado será el. efecto que la? menta Crisol. Los veinticinco años del reinado de A l fonso X I I I que la comisión de Responsabilidades enjuicia a su antojo, están presentes y vivos en- la memoria del país. Como los seis meses de República. N o sería necesario, aunque fuese posible, tocar esta materia, ni el juicio del Sr. Cordero y del Sr. Ortega y Ga. sset, el de Las. Hojas. Libres, aporta ningún valor al acervo de l a Histeria. L a rebelión militar del 13 de septiembre de 1923, consumada en dos guarniciones aquel mismo día, sin extenderse a más l u gares ni a otra fecha, tuvo autores que nunca recataron su responsabilidad. -E n vano busca o imagina la Comisión otras más apetecibles a su apasionamiento de las que no ha podido ni podrá encontrar pruebas. A pesar de tanta obstinada pesquisa que el M o narca aceptó el golpe de Estado, es un hecho, el único que puede imputarle la Comisión. Aquí hemos registrado muchas ve- ces, con prolija documentación, la historia de aquellas jornadas. Antes que la aceptación del Monarca, el golpe de Estado tuvo el aplauso del país, de una. gran parte de la Prensa izquierdista y de los partidos revolucionarios y cuando menos, la aprobación o la disculpa de las demás organizaciones políticas. ¿Q u é aconsejó a D Alfonso X I I I el. ministro de jomada en San Sebastián? ¿Q u é le aconsejó también y qué declaró en La Época el jefe del partido. conservador de la Monarquía? ¿Q u é dijo entonces el señor Alcalá Zamora, jefe luego de la revolución? ¿Q u é dijo el Sr. Ossorio y Gallardo? Y mucho después, hasta el fracaso de la solución Guadaihorce, D Miguel Maura? ¿Y cómo respondieron siempre los directores del socialismo a los que les reprochaban su plácida convivencia con la Dictadura? 1 los demás Municipios, grandes y chicos? Y ¿con qué autoridad y lógica podría el Gobierno impedirlo? Por todo lo cual que el plantear ahora el asunto nos parece, a todas luces, inoportuno. Varios periódicos ministeriales glosan y airean con intenciones conminatorias y deprimentes las palabras con que un ministro socialista ha evocado la amenaza de ia revolución social como respuesta a cuantos deseen o intenten el fracaso de la República. L a pintura, en verdad, es terrorífica. Pero valga una. reflexión para completar el alcance. S i esc ministro se ha referido a Ja masa total obrera, la amenaza es también para el socialismo, porque ni- las falanges de la Confederación Nacional del Trabajo, ni el comunismo, ni los anarquistas, iban a producir y a sostener la convulsión, para luego someterse a un Gobierno socialista. Y si se refería solamente al socialismo y su organización aliada, ha olvidado que la Unión General de Trabajadores no es toda la masa obrera, y que toda la que está enfrente del socialismo, si era éste el iniciador para conquistar el Poder, se pondría frente a él, precisamente para impedir que triunfase. H a y armas que son de dos filos, y hay amenazas que también tienen filo doble y hasta punía! v contraounta. E l gobernador de la Coruña ha dispuesto por sí, dar vigencia inmediata al acuerdo de las Cortes sobre la prohibición de la enseñanza a las Ordenes religiosas, y ha hecho clausurar el Colegio de Josefinas de la Compañía de María. Las religiosas se resistieron ante la primera orden, que fué verbal por conducto de la Policía: pero ante una segunda orden por escrito, han tenido que obedecer, no sin levantar acta nota- rial. E l acuerdo que adoptó el. Gobierno fué de que no se interrumpieran las clases de primera, ni de segunda enseñanza en das escuelas religiosas; y tanto es así, que conminó con incautarse de los edificios a las O r denes que cerrasen las clases, de modo que el gobernador de la Coruña se ha apartado de esc acuerdo y de las disposiciones dimanantes de ese acuerdo. ¿Se puede saber si ha obedecido alguna orden especial y concreta del ministro, por excepción también especial? E n otro caso, ¿se puede saber si el ministro de la Gobernación aprueba esa conducta? E l Gobierno ha decidido prohibir los mítines llamados revisionistas, juzgando que esta; propaganda está incursa en la ley de Defensa de la República. Y a estarán tranquilos los caballeros del cisne. Está bien; íes un mandato del Poder y hay que acatarlo. Pero permítasenos decir que esa regla de interpretación puede conducir a l a clausura de la tribuna pública, y dé la propaganda política; porque si se prohiben. los mítines en que se- impugnaban dos o tres preceptos de la Constitución, qué- se h a r á con los mítines comunistas sindicalistas, etcétera, en que se combate abierta y totalmente a todo el r é gimen y se propugna la necesidad dé derrocarlo para implantar- otra: organización social? Los días y las realidades nos lo dirán, L o que con toda evidencia se demostró en los días del golpe de Estado es que i para sostener lo insostenible hubiera el Monarca resistido, supuesto que pudiera; es decir, si hubiera puesto frente a la Monarquía la rebelión militar, junto a la rebelión se habrían colocado inmediatamente para hundir el r é gimen todos los elementos revolucionarios que hoy le acu. san. E n 1923 el crimen de l a Monarquía hubiera sido rechazar el golpe de Estado. E n 1931 el crimen es 110 haberlo resistido. TEMAS. VARIOS Los concejales socialistas de Madrid pretenden que el Municipio les pague dietas aumentadas a los que se ocupen de servicios dietas por presencia y dietas por gestión. E n principio, somos partidarios, y más de una vez lo hemos declarado, de la buena doctrina que no admite el desempeño gratuito de cargos públicos, ni en el tsiado, ni en Corporación oficial alguna. P o r muchas razones, lo ético es que no se apele a la prestación personal en ninguna forma, porque es sistema reservado para los casos o momentos verdaderamente excepcionales. De modo que ño somos sospechosos para opinar ahora en contra. Pero hemos de opinar en contra, porque todas ¡as doctrinas deben amoldarse a la realidad y a las circunstancias, y ni una ni otras aconsejan- hoy que re recargue el presupuestó municipal con un puñado de miles de duros para dietas, aun. cuando el Ayuntamiento aprieta en los impuestos y cuando no obstante se prolonga indejinidarnente el remedio de muchos servicios imperfectos e insuficientes. E l vecino o propietario a quien se le aumente el tributo, que tiene que transitar por aceras de baldosas destrozadas; llenas de bocas desportilladas o por adoquinado viejo, y desprendido, sin luz; sin limpieza, ¿cómo ha de recibir esa novedad de las- dietas? Hay que, hacer mucho en mercados, en alumbrado... en casi todos, los ramos, y desde luego en reformas urbanas, para- que Madrid se ponga a tono de toda su importancia y representación. Y cuando se lleguea eso, se podrá, hablar de dietas. Ahora el vecindario recibirá ese- acuerdo con protestas, que acaso adquiriesen- expresión resonante y solemne. Sin contar con la inmediata consecuencia que produciría el. ejemplo en todos los Ayuntamientos, incluso- en los pueblos más pequeños; Porque si lo hacía Madrid, ¿por qué no lo iban a hacer todos