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NUMERO EXTRAOR DINAR 1O20 C E N T S AÑO VIGÉSIMOm m SÉPTIMO, BC N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO V 1 GES 1 MO m SEPT 1 MO. COINCIDENCIAS CURIOSAS Garlos II! Salmerón, el cardenal Sancha. ODO el que estudie con imparcial criterio l a historia de España obtendrá el convencimiento de que el mejor de sus Reyes fué Carlos I I I de gratísima y bendita memoria. Dejando aparte los grandes beneficios que l a nación debe a tan glorioso reinado, me voy a limitar a l relato de u n episodio que, al parecer, no reviste extraordinaria importancia, pero que demuest r a cuál fué el espíritu de aquel hombre, por todos conceptos ejemplar. N o satisfecho el Rey con atender a l a mejor solución de todos los grandes problemas nacionales, buscando l a colaboración de los más expertos gobernantes y respetando sus bien inspiradas iniciativas, prestándoles aliento con su augusta autoridad, descendía con frecuencia desde su altura a cuidar en todos sus detalles del bien de sus vasallos, avivando su celo cuando se trataba de las clases humildes, y singularmente de los obreros. L l e g ó a sus noticias, porque él procuraba estar informado de todo, que los maestros de obras no ponían la debida diligencia en utilizar todos los recursos técnicos para alejar el peligro que pudiera correr l a vida de los albañiles. Y para remediarlo escribió una carta a l insigne hombre de Estado conde de Floridablanca, sü primer ministro, el día 3 de diciembre de 1778, momentos antes de salir para E l Pardo, en l a que le recordaba con interés una conversación que con él había mantenido en el último despacho sobre el referido asunto, y le decía, entre otras cosas: todo dimana de la poca seguridad de los andamios por el descuido y ahorro con que los picaros y codiciosos maestros de obras proceden en esta parte, de lo cual resulta que la República se p r i ve de unos individuos útiles que fallecen pronto o quedan lisiados, condenando a sus mujeres y a sus pobres hijos a la mendicidad. E x h o r t o a los señores del Consejo para que se dé un edicto o una cédula, que yo mismo firmaré de buena voluntad, a fin de que T CARLOS III NICOLÁS SALMERÓN Y ALONSO los jueces tomen carta en el asunto y que no queden impunes estas muertes, castigando severamente las negligencias de los maestros o aparejadores F u é obedecida esta orden del Rey, porque, atento siempre al buen gobierno, no descuidaba, antes bien, imponía con severidad, que no quedaran reducidos a l a categoría de buenos deseos sus mandatos, y, por lo tanto, sin dilación se decretaron disposiciones imponiendo las oportunas sanciones penales a los infractores. Pronto dieron su fruto tan acertados preceptos, pues el día 7 de abril del año siguiente, 1779, los peones A n t o nio Suárez y Nicolás Fernández, -que se hallaban abriendo una zanja en el barranco de l a Morería, por abandono y negligencia del director técnico de los trabajos, que no había utilizado los medios necesarios para evitar un derrumbamiento, se R i e r o n abajo las paredes de la zanja y quedaron enterrados aq; felices. A c u d i e r o n salvamento cuantos se hallaban se reunieron en el ííígar del suceso tres alcaldes de cas t p arquitectos, ministros y escribanos, con sus pondas, y, a h que to dos ellos trabajaron con fe y sin descanso en el des- bro, cuando llegaron a descubrir los cuerpos de los desgrs obreros éstos estaban sin vida. Se procedió con r i g o r a dé las responsabilidades, y el maestro de obras, llamado Juan M a -S del Pozo, fué condenado a veinte días de cárcel y, como era honu rico, se ie obligó a indemnizar con largueza a las familias de 1 víctimas, imponiéndole además una fuerte multa. Y el Rey, cuyá s sincera piedad religiosa era proverbial, ordenó que a sus expen- sas se celebraran, en sufragio de las almas de aquellos pobres trabajadores, solemnes funerales en l a iglesia de Nuestra Señora de