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CRÓNICA r, sastre de invierno, te saludoj y con gran contento, puesto que concilias l a novedad, la elegancia y l a comodidad. E n verdad, ¿qué más se puede pedir? T ú inauguras u n género inédito, ej sastre de abrigo, forrado como los abrigos largos, conservando la silueta esbelta. L a s chaquetas son de diferentes formas para complacer a todos los gustos. H a y haldetas apenas cortadas en forma, solamente lo preciso para dar movimiento a la línea. DE PARÍ S tras faldas son amplias, ligeras y graciosas. L a parte superior, siempre ceñida por medio de un canesú más ó menos ancho. S i no hay canesú, los pliegues, en forma, se i n crustan en l a falda con una irregularidad que me encanta. Pero todo esto no excluve la falda de 1900, en forma de capa; no olvidemos que la línea se ha alargado ún poco; hay que resolverse, señoras, a taparse las piernas. L o s tejidos que se emplean son gordos, de SASTRE DE INVIERNO, TE SALUDO S Otras son rectas y cruzadas, pera con c i n turón, porque el gabán- saco ha desaparecido para esta estación; tenemos un corte al bies y abrochado en l a cadera; su largo varía igualmente, muy cortas, cortas y medio largas; h a n desaparecido las levitas tres cuartos, porque se confundirían con los abrigos de vestir. L o s adornos son de asombrosa variedad. E n cuanto a las faldas, no conservan la rigidez venida de la G r a n Bretaña; nues- 1 i.