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LAS ERMITAS DE SAN ANTONIO I I r Aquí dos rota de arua. que tal dir- jfrase son esta dos ermitas, la I I vieja, elefante y evocadora, y la nueva, su afortunado remedo, ilustrando con la gracia dieciochesca de tu gallardía a este pairo de la Florida sentimental y romántico y tan castizamente madrileño. L a una, guardadora del tesoro inapreciable óe lo fantosos frescos; la otra, oportunamente salvadora, ya que al trasladarle a ella el culto lo ha librado de un seguro deterioro. Fué erigida la primitiva, según planos de! arquitecto italiano Francisco Fontana, el año 1792, cerra del lugar en donde estuve aquella dedicada al mismo culto de San A n tonio de Padua, que el fervor de la Institución del Resguardo de Rentas Reales hizo construir en 1720 La fachada principal consta de un solo cuerno, ornamentada c o n dos pilastras dóricas sobre zócalo de granito, en las cuajes nene a descansar el cornisamento, c o r o n a d o de un frortti spicio triangular. E n el centro se encuentra la ouerta principal, cura jambas, ménsulas y frontón son de piedra de Colmenar, lo mismo que el escudo con la armas reales, que adornaba este, y que la exaltación popular destrozó durante la revolución del stsmta v exko. E l interior, al igual en modestia que IU exterior, contiene, como n n prestigio más sobre el de sa historia, loa r o tos de D. Francisco de Goya, guardados bajo la lamosa cúpula que su arte supremo supo inmortalizar. F u pintada ésta, asi como las pechina lot lunetos de la rentaría y loa intradós de lo arco por encargo directo de Carlos I V cuando fueron t e r m i n a d a s la obras de la iglesia el año 1708. r e p r e e n tandote en ella el pueblo de L l i b o a asistiendo al emocionante momento en que San Antonio de Padua. ante la noticia de que su padre va a er i n justamente condenado en virtud de calumnia de h o m i c i d i o vuelsuro ve- nn instante vida 1 cadáver d un a i t lirudo para que proclame la inocencia que los jueces no reconocían. E l resto de la maravillosa decoración lo componen angeles y arcángeles, en los que tan lólo sus nlat, recogidas en unos, desplegadas en otros, nos hacen pensar en la celestialidad de su símbolo, ya que sus formas y rasgo nos acusan bellísimas mujeres, que recuerdan otros modelos del genial pintor. L A ermita moderna, idéntica en forma y decoración, que se debe principalmente al entusiasmo de D. Ignacio Baüer, ha venido, al trasladarse a ella definitivamente el culto, a cobijar a la imagen del santo titular, obra del escultor valenciano José Cines. A l quedarse la primitiva libre para iem- pre de BU antiguo deitino, no ha ganado, ciertamente, en los cuidados materiales, ni menos artísticos, que todos esperábamos del competente Centro de que depende y a que tal joya es acreedora. L a misma suciedad exterior la envuelve y un nuevo abandono interior la maltrata, privándola del realoe y belleza necesarios a su decoro, ya que no a su prestigio, superior a todo, pero maltrecho y arrinconado en el más absurdo de los olvidos, mas absurdo después de los esfuerzos 1 y campanas para retirar el culto y librar a sus frescos de una fatal alteración producida por el humo emanado de drios y de inciensos. La obra, tan terux como gallardamente comenzada, vino a languidecer en la desidia, y Madrid se ha visto condenado una ver mis a ver marchar lentamente hacia el olvido, como tantas bellas cosas idas, este i n teresante monumento, guardador de una de nuestras mas interesantes riquezas artísticas. ¿P a r a salvarle, no s e r i a un a c i e r t o convertirle francamente en Museo: el M u seo perpetuo de Goya? Sin ir más alia de las afueras de Madrid encontrariamos el lugar más a d e c u a d o p a r a enar esta necesidad que el arte reclama. L a obra de Goya. tan genial como numerosa, no encuentra su medio en el M u s e o del Prado; repartidas en varias salas y en l a rotonda del fondo, no puede estudiarse en la continuidad necesaria, ni en la unidad precisada. Su fuerza evocadora, en la que vive el alma de todo un siglo, quedarla ambientada por esta gallarda ermita, que también supo de la divina ofrenda de sus pincele y ante la cual oraron los humanos modelos que allí mismo, llegado j u nio, festiñeaban. como ahora, al Santo Patrono: aquellas fiestas populares y galantes, que luego servían para que I genial sarjo enriqueciese los talleres de Santa Rárhara con la agia de sus cartones. espetuo amcnte resaurada, habilitada las dependencias, a U men- DE ANGELES DE SAN ANTONIO DE LA J i.O KÜ N, PINTADO r a COYA r