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DEL AMAZONAS QUE IGLESIAS VA A EXPLORAR P A S M O S O S USOS DEL PUEBLO DE LA EXCELENCIA ATERRADORA 1 Y. TI k Á UCHOS historiadores hablaron con ádf l miración de aquellos ejércitos que, Y I constituidos por diez y más miles de guerreros tupinambas, invadían las campiñas brasileñas. Era, en efecto, algo imponente ver avanzar a lo largo de los grandes ríos, a veces de los grandes bosques, aquellas muchedumbres pintadas de rojo y negro, colores cuya alianza infunde siempre una fúnebre y pavorosa sensación. L a frente, ceñida por diadema de plumas; las mejillas, bizarramente adornadas con gargantillas de plumas anaranjadas y escarlata de tucán, que les llegaban más abajo de las orejas, como pintorescas patillas; cubiertos los ríñones por una especie de enorme escarapela de plumas: de avestruz, ornamento simbólico destinado a recordar la agilidad que conviene al batallador; al brazo su pavés de piel de tapir, y empuñando su arco inmenso y su formidable maza, hecha de un árbol de los llamados de maderahierro, en fila, india, seguidos de sus mu- CURIO? Y EMOCIÓN N T E TARABITA O PASARRIOS, CON INCOMODO A N D R I V L L D E CUERDAS, E VEZ DE CUERO, PARA ATRAVESAR U N 1O RRENTE E N LAS FUENTES C O LOMBINAS D E L AMAZONAS No menos terribles eran sus combates fluviales: magníficos navegantes, tripulaban: con maravillosa habilidad sus canoas, hechas de un solo tronco hueco de árbol, a las que treinta remeros, de pie, hacíáh volar, imprimiéndoles maniobras asombrosas en medio de los grandes ríos. A veces luchaban centenares de ellas. Las tupis ostentaban en su. proa el Maraca sagrado. La suerte de los prisioneros era diversa, según: la. tribu en que caían. Unas les daban. muerte en seguida; otras, después de algún tiempo, a veces de años, y no faltaba tupi que conservaba alguno para hacerlo sacrificar cuando su hijo, todavía de pecho, pudiera gozar el terrible espectáculo. L o general era que, los prisioneros sirviesen de manjar en un solemne festín al cabo de unos meses, OTRA TARABITA COLOMBINA O PASARRIOS- -MAS CÓMODA, AUNQUE NO MENOS EMOA l regresar de la guerra, las mujeres y CIONANTE QUE LA D E L ANTERIOR GRABADO, E N LA CUAL LA OROYA T I E N E U N BUEN la chiquillería de la aldea vencedora salían ASIENTO PARA E L TRANSPORTE D E L PASAJERO a recibir a los esclavos, los rodeaban y los llenaban de injurias, a las cuales los prisioneros debían contestar con estas extrajeres, las cuales les llevaban las flechas, las colgados en largos collares de doble y triple ñas palabras: vuelta. Flechas agudísimas, formando nubes, provisiones y. las hamacas, al compás de los- ¡Aquí tenéis a vuestro alimento vivo, surcaban el aire, y no escaseaban las guarsones prolongados de la janubiá bélica, del que se os acerca! atronar dé los; tambores y del agrio toque de necidas de algodón inflamado, una sola de E n unas tribus quedaban perfectamente flautas fabricadas con huesos húmanos. E n las cuales que prendiese en los techos de, país hostil la actitud cambiaba, y el silencio hoja de palmera bastaba para incendiar una libres; en otras se les i ataba una larga cuerse imponía en aquellas guerras de bosque, aldea. A su vez, los sitiados defendíanse con da de algodón, designada bajo el nombre americano, todas acecho, sorpresa y. embos- toda clase de recursos, hasta el de rodear de musiirana. L a costumbre antigua; irnponía cada, donde hasta el olfato tenía que utilique al prisionero se le concediese una ele las su recinto de hogueras, de las que salían zar el salvaje para percibir al adversario. gases estornudadores, que debilitaban el armuchachas más bellas de la tribu. con la Emprendido un asedio, prorrumpían en dor bélico del sitiador, porque, como se cual permanecía unido hasta su muerte. gritos, tan horrísonos que sé habrían oído comprenderá, no se puede combatir y estorComo. el amor juega, sus trastadas: ¡Msiiá en- aunque tronase. Verdaderamente, entonces nudar a la vez. Por muchas flechas que se tre salvajes, ocasiones llegaban en que la parecían lo que su nombre de tupinambas les clavasen en el cuerpo, arrancábanselas mujer cobraba afección al esposo que se, le significaba: El pueblo mensajero de la. ex- con rabia, y con maravilloso coraje las parhabía dado y le proveía los medios de huir celencia aterradora. A medida qué se acer- tían y mordían frenéticos sus fragmentos, en vísperas de ej ecutarlp. También las hubo caban al enemigo, los redoblaban, acompa- y, aun heridos, mientras podían mover -braque huyeron con su prisionero. Sin embarñándolos de amenazas y mostrándose los go, estos casos eran raros, porque deshonzos y piernas, sin retroceder, seguían comunps a los otros los huesos dé. los prisioneros batiendo encarnizadamente, con sus lanzas, raban a la mujer que pretería su amor al que habían devorado, y cuyos dientes lucían honor de la tribu. De todos modos, Ui vida con sus terribles mazas, que empuñaban con las dos manos, y con las cuales remataban a, que se le daba a este prisionero era bien (1) V é a s e A B O del 25 de octubre. los vencidos como los matarifes a los bueyes. blanda y. agradable. Su respectiva mujer es- 1 Ü Vfcs- 1