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país y vuelto de nuevo a él, la reconstruye en ánimo de paz; colocando sobre él primitivo cuerpo de guerra, en piedra con sus saeteras, otro de ladrillo con motivó ornamental mudejar. No puede someterse, claro es, al casille, ro de una clasificación concreta la variedad del palacio vasco. E l elemento típico se perpetúa en todos, pero profusamente j diluido en tantas variantes como casas. Mutiladas: las torres por la Hermandad, y derrumbadas muchas hasta sus cimientos, eleváronse sobre éstos los palacios, todos de piedra, inspirados algunos en los de Castilla, muy explicablemente por las salidas frecuentes a otras tierras de los señores de Vasconja. Uno de los palacios de nueva planta, muy interesante y muy conocido, es el de Zaraúz, que ilustra estás líneas, y cuyos garitones solamente son propios y especiales de los típicos vascos. La leyenda muchas veces acompaña al palacio. ¿N o recordáis la de éste? Uno de sus cuartos es el de los duendes cuarto misterioso en el que a filo de la medianoche se qyen ruidos fantasmales; las imprecaciones de aquel maldito hugonote que en este lugar sé condenó... Prosigamos. Una cosa os llamará ía atención al contemplar los palacios vascos: las inscripciones que aparecen en las portadas de no pocos de ellos, sentencias morales que ostentan también con orgullo algunas Casas Ayuntamiento del país, lemas sagrados que pregonan de esta suerte su profunda: religiosidad. Suelen estar escritos estos letreros en latín y más frecuentemente en castellano. El viajero que llega por el Norte y se detiene en Zumárraga puede ver la casa de Villarreal de Urrechu, con su máxima. La maldición de la madre abrasa y destruye de raíz hijos, y casa y otras, creo recordar que en Eíorrio, como ésta: En casa del que jura no faltará desventura y esta otra de alto sentido religioso, que resume toda la filosofía cristiana: ¡Oh, qué mucho ló de allá! ¡Oh, qué poco lo de acá! Anotemos un dato: el palacio vasco, a c ompás del tiempo, se simplifica, huyendo del récargamiehto decorativo, suntuoso; y prolijo, en busca de la sencillez, conservando tan sólo como exorno los escu os, los labrados aleros y el encuadramientCt de laborería de puertas y balcones. Pero, con N momento en que el cazador y el pescador todo, iqué deliciosos estos palacios barrose guarecieron bajo techado de. ramas y de eos de Vasconia! Es de considerar ahora la morada vasca, barro, defendiéndose, en promiscuidad con los animales que les eran útiles, de la lluni del guerrero, pariente mayor que sé defiende en su torre, ni del señor que, en las via, del aire y del sol. Eran simplemente delicias de la paz, se labra, para gozar de unos cerrados echiác en vascuence. la vida, su palacio. Es; de notar ahora la Andando los años, el caserío vasco se casa vasca en el poblado o municipio, cada transformó. Fué llenando cada vez más, y vez más fuerte y poderoso con los privilecon más holgura, las necesidades del casero, gios reales, retirados a! la nobleza y otory en estos tiempos la transformación culgados a las villas, eambiandb así de mano mina, invadiendo el caserío lo confortable el predominio del país, i y aun el lujo. Quien conozca Guipúzcoa puede afirmarlo Caseríos hay con su teléDe aquí el paulatino; cambio, de faz de fono y su radio... las casas populares y aun de los centros de población a medida que ese poder se transEl típico caserío es el de portalón, estafiere de la guerra a la paz. No hay otro blo y cocina abajo, dormitorio arriba, grapueblo entre todos los vascos comb Fuennero y yerbero al lado, Y delante, en roterrabía que ofrezca él encanto de estas cabustos postes, el heno apilado en tono de sas ni en tanto número ni en tanta variecabana. dad, incluyendo las viejas casas de pescaLa tierra y el ganados reparten la vida dores. del casero; en medio dé una envidiable paz. Porque a las guerras y banderías de antes Al principio, sin duda, las casas fueron ha sucedido, ya desde antiguos tiempos hasde madera, Ya hace alusión a ello, y a lo fácilmente que podía destruirse una villa ta hoy, una fraternidad y un amor adorapor un incendio, Enrique IV cuando visitó. bles. Durango, episodio que yo referí en- estás Ya no resuena en las montañas el irinkti páginas al ofrecer al lector Una impresión como grito de pelea. Ved éste- casera Llama del lugar vizcaíno. al vecino con el típico grito para platicar de cosas convenientes a los dos o, simpleY vino luego el entramado, la maniposmente, para pedirle ayuda en la faena. tería, los decorados góticos, la piedra sillería y, al final, el opulento barroquismo, Y los caseros, como los caseríos, son to- más en madera que en piedra, magníficados hermanos... mente expreso en esos aleros colosales y FRANCISCO MÉKDIZABAL suntuosos voladizos. Curiosas son también las pinturas que de (Fotos Marín. coran las fachadas. Conocemos algunas, camino de Ondárroa f. Marquina. A veces son verdaderas historias y casi siempre eje- cutadas con un aire de ingenuidad y una simplicidad de procedimiento encantadores. Sobre toda la vivienda vasca, fija el viajero su atención en el castrío. ¡Caseríos vascos en los que- -ya; lo. vimos una. vez aquí, que glosé la vida que en ellos se desliza- -se remansa toda la felicidad que puede esperarse en la tierra... Él caserío vasco florece y se- acrecienta, naturalmente, cuando el casero, libré de luchas, deja el arma para; tomar la guadaña, y engarza su vida en su ocupación única, en eterno abrazo con i el monte o el mar. Marca este instante; el final de, las contiendas de los bandos, ly. de entonces acá hay en caseríos lo que queráis sin que se afirme, con esto que aquf. Jtuviepan su origen, remontado a Dios sabe cuándo, es decir, al 1 E L TÍPICO CASERÍO ES E L D E PORTALÓN, ESTABLO Y COCINA... (CASERÍO D E USURE! VED. ESTÉ CASERO. LLAMA A L- V E C I N O CON E L GRITO FRATERNAL, QUE H Á D E SER AMOROSAMENTE C O R R E S PONDIDO
 // Cambio Nodo4-Sevilla