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Informaciones y reportajes. LACA SITA ii i. tjí L A comida en el jardín, debajo de los árboles, al mismo tiempo que los gorriones. Calle de Bravo Murillo, jardines del Canal... ¿V a usted a la Casita? E s por aquella puerta verde, la que cierra la alambrada... Esa. A b r a con cuidado para que no le o i gan... E n cuanto le sientan vendrán todos corriendo a ver qué les trae... ¡A h! lleva usted caramelos... Entonces, bien... Pero no se los dé todos, que se enfadarían las señoras. ¡Los cuidan mucho! Y los quieren... L a mujer junta las manos con admiración y luego dice: ¡P u e s y los niños a ellas! ¡D i o s m í o! M i niño no habla de otra cosa, que si l a señorita P i l a r que l a señorita Gloria dice... que ¡a señorita Carmen les ha limpiado los dientes... E n el j a r d í n un gran recinto cerrado con tela metálica, l a Casita ingenua entre los pinos, y sesenta niños de tres a cinco años jugando descalzos sobre l a arena... Vestidos rosa, vestidos azules, cabellos rubios y negros recién peinados... ¿Q u i é n ha dicho que los hijos de los pobres son feos? Las ventanas abiertas de la Casita dejan ver su interior de cuento infantil. E l comedor, de mesas chiquitínas v sillas de juguete el salón de cunas, presidido por ei divino símbolo de- la Maternidad; el cuarto de baño, con sus. armarios blancos, donde cada niño tiene su departamento de ropa bien ordenada y limpia con el n ú m e r o que le corresponde... E n esta Casa no hay días de visita oficial, en que los uniformes sean m á s lujosos y los muebles estén recién barnizados. L a inscripción de su fachada dice: L a Casa de los Niños. E n esta casita nos cuidan y sostienen las personas que aman a los n i ños. ¿P o r q u é no entráis a Vernos? y podéis aceptar l a invitación en cualquier momento, porque, estando todo dispuesto para la felicidad y l a salud de los niños, lo está para vuestra visita. Gloria de Luna, mujer apasionadamente nbnegada, ordena las fichas médicas en el despacho que también es botiquín y secretaría -Vea usted los gráficos de peso v estatura de cada n i ñ o E n invierno todos en: gordan... Estos dos se estacionaron en el crecimiento, pero fíjese qué estirón luego... Todos mejoran rápidamente a l llegar, v aumentan de peso y medida... L a señorita E m i l i a auxiliar fina y g r á cil, pasa vestida de blanco con dos niños de l a mano hacia el porche donde espera el médico, que acaba de llegar. U n poco de revuelo, y todos corren hacia él, porque el doctor D Jaime Cárdenas, que desinteresadamente lleva las fichas, regula la alimentación y cuida del vivero humano, es su mejor amigo. ¡Póneme la rueda al caballo, que s ha rompido! -le dice un pequeño con graciosa confianza. -Son obedientes, pero sin disciplina- -comenta el doctor, ocupado en colocar la rueda en su sitio- S i se les dice: ¡al baño í, ¡a comer! ¡a dormir! todos van sin protesta: pero n o h a y m o d o de que me dejen escribir una ficha sin que se me suban por la espalda, me quiten la pluma y me llenen de babas toda la cara a fuerza de besuquearme... Cuando se abrió la Casita decidimos no castigarlos nunca y dejarles vivir en esta libertad vigilada... Sonríe comprensiva la señorita Pilar, d i rectora de la Casa, enfermera especializada en Puericultura, rubia, sencilla, bonita v blanca. ¡Señor, para hacer juego con l a Casita! Y dice: -Pues a María L u i s a la he puesto cinco minutos de cara a la pared por haber pegarlo a José M a r í a Y a es bastante, ¿verdad? No es posible castigar a estas criaturas ni dejarles de miniar un poco... Son de los m á s pobres y eran de los m á s desgraciadlos de M a d r i d Fuera de aquí volverían a caer en l a atroz miseria de sus casas... N o han perdido, sin embargo, el contacto de sus padres ni ellos la responsabilidad ele sus hijos. Los traen por la mañana, a las ocho, y se los llevan por la noche. E s t á n en la Casita todo el tiempo que su. madres trabajan y que estarían abandonados, porque aún no tienen edad para ingresar en el colegio. E s a rubia gordita que acuna a su m u ñ e ca, tiene tres años. Su madre es mecanógra- fa y ha estado mucho tiempo sin trabajo y sin aniparo alguno... Aquella sólo tiene a su abuela, que. gana seis reales diarios cuando la llaman a repasar... que la llaman pocas veces. Ve y a tan poco! ¿Q u i é n eres tú, hermosa? ¡Mibueia! E l primer día que vino te le pasó llorando y llamando Mibueia! Mibueia! y todos los niños la llaman así... N o hay maldad en ello... es que no sabian cómo se llamaba y después no lo han podido aprender. Juanita es tan chiquitína que sólo dice p a p á m a m á pupa ¡Dos años! Hace un mes ha descubierto una palabra nueva: uvas Nunca las había comido y al probar la primera de un racimo toda su carilla se iluminó... A h o r a pide uvas a los otros n i ños que l a miran asombrados... ¿Q u é le pasa? Hace un puchero y se le llenan los ojos de lágrimas. ¡Papá! -Sólo tiene padre y le adora... Es que ha visto un hombre que va por a h í hacia los depósitos- -explica l a señorita Gloria, que tiene en brazos a la- pequeña. Aquel niño vino de la inclusa en ía convalecencia de una enfermedad y no podía sostenerse. Se llama Juan José. Ah -ra es fuerte y sano como ninguno... Paqüito estuvo enfermo el año pasado, c o m o f a l t ó ocho días, fueron dos señoritas a su casa... horrible vivienda, de patios y corrales, cerca de Tetuán. Su m; dre. pobre mujer sucia y harapienta, les enseñó un montón de trapos en el rincón de la cocina, que también era dormitorio y, comedor... De allí salió una cabecita tebril con desgarrador lamento: ¡S e ñ o r i t a Gloria, lléveme a la Casita! Otra nena, a quien apenas se entiende, retrasada y un poco anormal, tiene cinco hermanos. Su madre trabaja sólo cuatro días a la semana y gana cuatro pesetas al día. C o n dieciséis pesetas cada siete días han de v i v i r siete personas... ¡Complicadísima contabilidad! Y a sabe la nena lo que es pasarse un día sin comer... Toda la- bandada azul v rosa abandona sus juegos para correr a h puerta. V i e s e Consuelo Bastos, ia madre de todos;
 // Cambio Nodo4-Sevilla