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ABC. V I E R N E S 20 D E N O V I E M B R E D E 1931. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 19. noráis ninguno- que desde el momento en que surgió la Dictadura fui de ella un enemigo irreconciliable; que hice por derribarla cuanto pude; si no hice más, iué porque no estuvo a mi alcance. Precisamente me movía a seguir este camino el estar seguro- -con las seguridades que pueda haber en la política, que son siempre seguridades relativas- que la Dictadura traería como consecuencia inevitable el término de la Monarquía. ¿Pero es que la Dictadura advino de concierto con el ex Rey? ¿Es que hay prueba alguna de que él fué quien la preparó y quien la trajo? ¿Es que hay quien cree que una vez dado el grito- -si grito fué- en Barcelona por el general Primo de Rivera, el Rey tenía medios de oponerse? Véase cuál era la situación el día 14 de septiembre de 1923. Se creerá que D A l fonso pudo sostener al Gobierno del marqués de Alhucemas, y que D Alfonso, empleando la fuerza que tenía a su disposición, pudo hacer abortar los planes deí marqués de Estella. A eso se alude por vosotros, recogiendo declaraciones de algunos generales, y diciendo que a las consultas que se hicieron a los capitanes generales, estos contestaron mostrando su completa adhesión al que fué Rey. E n efecto, no los de todas las regiones- -los de todas menos dos- contestaron mostrando su adhesión a don Alfonso; pero al mismo tiempo diciendo que sentían viva, vivísima simpatía, por la actitud y por las iniciativas del marqués de Estella. Y el marqués de Estella no se impuso en forma que se pudiera entrar siquiera a parlamentar con él, porque desde el primer momento inició lo que después fué durante los siete años de su mando: un hombre decidido, y un hombre que se imponía en la forma que va a escuchar el Congreso. Humores. E l Sr. Alvarez Ángulo: L o dice su señoría en el libro. E l señor presidente reclama orden. Si juzgáramos por inclinaciones, ¿quién sería el que estuviera libre de condena? Las inclinaciones, cuando se traducen en actos es cuando pueden ser tenidas en cuenta. Antes, no. Que el ex Rey con estas inclinaciones, se propuso los primeros pasos de su remado influir sobre todo en el Ejército, y por eso se reservó el nombramiento para los cargos militares y la concesión de los honores, cruces, e t c ¿Para qué? Pues para una cosa. L o dice claramente el acta de acusación: Para atraerse l a adhesión del Ejército, y con ella poderse imponer. Y o a esto digo: ¡V i v e Dios, que acertó a atraerse al Ejército y poder contar con él! Solamente tengo crae recordar- -mejor dicho, no lo quiero recordar- -lo que pasó el 14 de abril de este año. ¡Adhesión, del Ejército! Este es un tema muy complicado, muy difícil, sobre el cual no quiero insistir, pero me basta con lo d i cho para probar que si se propuso en treinta años de reinado conseguirlo, por lo menos, aunque ese fuera su propósito, no lo consiguió. Esto, es evidente de toda evidencia; E l segundo cargo- -voy siguiendo el mismo orden del acta de acusación- -rio constituye sus afanes imperialistas; quería a todo trance el Imperio de Marruecos. E l de una manera directa, ejercía su influencia- -más que su influencia el mando- -en todo lo que s e refería a Marruecos. E l fué el responsable de todo lo que aconteció en Marruecos. (Rumores. U n señor diputado: Y su señoría... Otro señor diputado: Estamos ante un defensor. E l presidente reclama silencio. A eso tengo que decir, que cuando veo de qué manera se formulan estos cargos, me pregunto s i en efecto, era aquella época una época de Poder absoluto, o si, por el contrario, existía siempre un Gobierno responsable, y si a D Alfonso X I I I hasta el momento en que surgió la Dictadura, se le pusde juzgar fuera del cuadro de los preceptos terminantes de la Constitución del 76. Y los preceptos terminantes de la Constitución del 76, en lo que se refieren a la persona del Rey y su Gobierno, son claros y terminantes: E l Rey, es i n violable; el Rey, es irresponsable, y tienen la responsabilidad sus ministros. E n efecto, así se estuvo hasta el año de ía Dictadura con un Parlamento abierto. E n este Parlamento, aunque había mayorías y mayorías numerosas, nunca dejaron de existir minorías muy capacitadas para hacer la oposición, que en todo momento exigían las responsabilidades al Gobierno por los decretos que llevaban al pie la firma de los ministros. Aquí hay algunos que fueron ministros con D Alfonso; yo les pregunto si alguna vez pusieron al pie de un decreto la firma contra su voluntad, coaccionados por la voluntad de D Alfonso. Porque yo no lo concibo, r. i lo he conocido. Cuando se ha publicado un decreto, por el hecho de la firma, la responsabilidad era absoluta y total del m i nistro que lo firmaba. ¡Que D Alfonso tenía iniciativas! Los hombres deben tener iniciativas. L o que hace falta es saber si esas iniciativas están o no en su lugar adecuado. ¿Quién no recuerda que un ministro presentó un decreto respecto a personal, y porque no lo recibió aquel mismo día firmado por el Rey se presentó inmediatamente el Gobierno en crisis? Quién no recuerda la crisis de D Antonio Maura por el decreto nombrando capitán general a alguien que no recuerdo, propuesto por el ministro de la Guerra, general L i n a res? E l Gobierno dimitió y vino otro presidente del Consejo con otro Gobierno, que asumió la responsabilidad. Y lo mismo que este caso podría citar muchos. Las responsabilidades que se pretenden hacer recaer en D A l f o n s o E l que las responsabilidades del Rey hasta el momento de la Dictadura puedan recaer absolutamente en él, y no en el presidente del Consejo y en los ministros que formaban el Gobierno, es una cosa que no se puede admitir, y yo apelo al testimonio de aquellos que están en la Cámara y que fueron ministros, para que digan si alguna vez firmaron un decreto contra su voluntad, y coaccionados por la voluntad de D. Alfonso X I I I Y recogiendo ciertas especies, se hace a D Alfonso de Borbón responsable único de los desastres de Marruecos. E l por entenderse directamente con unos u otros generales que no voy a nombrar ahora, por esas ansias imperialistas que le movían, según la acusación, trajo el desastre. De los desastres, 8 t responsabilidad, toda para él; los que eran Gobierno entonces, no tenían responsabilidad alguna; los jefes que allí estuvieron dirigiendo las operaciones, no tenían responsabilidad alguna, la responsabilidad, sólo, total y absoluta, sobre el ex Rey. ¿Qué podia hacer? ¿Es que en el expediente P i casso, tan discutido, tan examinado y tan estudiado, hay rastros o pruebas fehacientes, ni siquiera pruebas indiciarías, de esa acción directa de D Alfonso con los jefes? ¿E s que hay de ello siquiera trasunto? N o lo hay. Absolutamente no lo hay; no hay más que supuestos. N o se pasa de supuestos, y la Comisión no habrá podido recoger de los testimonios de los ge nerales a quienes ha citado nada que se relacione con esto, n i que pueda servir de cargo contra don Alfonso. Todo lo que se refiere a los desastres de Marruecos y al expediente Picasso es principal, porque la Comisión arranca precisamente de este punto, para creer que él fué la causa original de la Dictadura, porque D. Alfonso no quería, de ninguna manera; que se discutiese el expediente Picasso. Pero olvidan que a raíz del desastre se constituyó un Gobierno de carácter nacional, presidido por D. Antonio Maura, cuya principal finalidad era averiguar y descubrir las responsabilidades por lo ocurrido en Marruecos; que tras ese Gobierno vino el del Sr. Sánchez Guerra; que el Sr. Sánchez Guerra recogió el expediente Picasso, y seguramente lo recogería para traerlo a las Cortes, habiendo dicho previamente a don Alfonso que ese era su programa de Gobierno, o una de sus finalidades; que el ex Rey no opuso dificultad alguna (rumores) que el expediente vino aquí; que al señor Sánchez Guerra sucedió en el Gobierno mi ilustre amigo el señor marqués de A l h u cemas que el señor marqués de Alhucemas siguió el camino iniciado por el señor Sánchez Guerra, el mismo, y nombró una comisión que había de entender en el expediente Picasso. ¡A h se me dirá; es que, precisamente, cuando llegó el momento de discutir el expediente Picasso surgió el golpe de Estado, el grito dado por el general Primo de Rivera en Barcelona, y con él surgió la Dictadura! U n telegrama del genera! P r i m o de Rivera E l documento que voy a leer no ha sido conocido; respondo en absoluto de su autenticidad. Telegrama del capitán general de Cataluña, Primo de Rivera, al de M a drid, Muñoz Cobos, cursado el 14 de septiembre de 1923: Madrid- Barcelona. Ruego a V. E. haga presente respetuosamente a S. M. el Rey la urgencia de dar resolución a la cuestión planteada, respecto a la cual recibió continuas y valiosas adhesiones. Tenemos la razón y por eso tenemos la fuerza, que hemos empleado con moderación hasta chora. Si por una habilidad se nos quiere conducir a transigencias que nos deshonrarían ante nuestras propias conciencias, extremaríamos petición sanciones, y las impondríamos. Ni yo ni mis guarniciones, ni la de Aragón, que acabo recibir comunicación en este sentido, transigimos con nada que no sea lo pedido. Si los políticos, en defensa de clase forman frente único, nosotros lo formaríamos con el pueblo sano, que almacena tantas energías contra ellos, y a estas resoluciones, hoy moderadas, les daríamos carácter sangriento. H a y que trazar una línea divisoria entre Jos actos anteriores a Ja Dictadura y ésta Hace falta trazar una línea divisoria entre todos los actos de que me voy ocupando, hasta el momento de la Dictadura, y después de la Dictadura. Porque de los primeros, de los anteriores, no hay en absoluto duda que la responsabilidad corresponde, por completo, a los Gobiernos de aquellos tiempos. Nació. la Dictadura; esa es la causa principal por la cual se condena a D. Alfonso. No tengo por qué decir- -creo que no lo ig- De esta manera se plantea a D. Alfonso el dilema. N o era un general que da un grito y luego se somete a le decisión de! Rey. E s un general que desde el primer momento se impone al Rey de una manera clara, terminante, categórica. Y en estas condiciones, ¿hay alguien ia: iluso que crea que puede resistirse? Y o creo que sí; creo que se hubiera podido resistir al general Primo de Rivera, e incluso a loque él aludía, si la opinión, al conocer ei programa y la actitud del grito chelo er, Barcelona, se hubiera mostrado en contra, porque entonces, con apoyo de la opinión, creo sinceramente que se hubiera podido hacer.
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