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boca, de gruesos labios, medio sonríe, beata e insápidainente. Un broche de perlas enriquece la vestidura, que cae en pliegues abundantes hasta el suelo, mientras en torno a las figuras el cincel exquisito de la época reprodujo laborea finísimas, aguja doseletes, pináculos y, sobre todo, las dos deliciosas figuras de angelülos oue forman los brazos del sitial. Un tablero de cristal de roca, montado en plata dorada, sostiene las piezas de un e plcndido juego de ajedrez. Los diáfanos pomos parecen flores transparentes, campa ñutas de ensueña E l rey y la reina se sen. i in tan sólo por su corona, mayor en el Monarca; mas pequeña en su consorte. Los caballos, estilizados de un mmL admirable, están junto a sus señores, y también la torres y los alfiles. Bajo dios el cristal de roca, que parece luz petrificada, extiende sus anchas losetas, recuadradas por el metal dorado, empalidecido como fuego medio extinto por los años. E l pie de esta joya, única se adorna con una admirable greca y con cabezas de i n g l e s que fui man las esquinas. Q u c m nos movieron estas (figuras de ajedrez? ¿Quién, Médicis o Austria, Valois o Borgia, jugó con. ellas su juego? T a l vez la blonda Lucrecia las hizo resbalar perezosamente sobre el tablero durante el largo crepúsculo estival de una tarde italiana, en un villino de Roma; tal vez los dedos pálidos de Maquiavelo formaron con ellas el plan de un ataque, el croquis de una emboscada parecida al maravilloso engaño de Sinigaglta. trazaron el diseño de algún crimen espléndido, de aquellos que entregabán una corona al audaz que los cometía. FRONTAL D E ALTAR DE ORO REPUJADO. REGALADO POR ENRIQUE II, D E ALEÍIANIA, A L A C A T E D R A L D E RASILEA EMPERADOR L a suntuosa mesa de nuestro César Carlos V se ornó con esta bella nao, que reproduce fielmente el armamento, la construcción y el adorno de tu bateos de entonces. Esta obra bellísima, de factura casi segura mente alemana, ha llegado intacta a nuestro días. Ningún detalle le falta, ni cuerda en las jarcias, ni flámula en los palos, ni el toldo sobre cubierta, ni el mascarón en la proa, ni los minúsculos cañones que asoman a lo costados, sobre las placas de plata que simulan las olas del mar y donde, entre las aguas, aparecen caballos marinos, disformes peces y toda clase de monstruo hilos de las salubres ondas. Numerosos muñequillos esmaltados forman la tripulación de la maravillosa embarcación, y en tiempos debieron moverse a los sones de alguna suave música, para entretenimiento y solaz de los invitados del Emperador. Varios están agrupados ante la puerta del castillo de popa, como acatando a otro que tal vez fuera contrafigura de Carlos de Gante. Y otros, sobre la cubierta, blinden instrumentos músicos, trompetillas, flautas, chirimías, que es posible sonasen también. Uno, en la proa, maniobra vigorosamente la vela, mientras que. encaramados arriba de los mástiles, otros cuantos se apoyan entre el enredijo de las cuerdas, atisban vigilantes la inquieta llanura del Océano, para descubrir el navio enemigo o la nube amenazadora, pues el mar es siempre traidor y cada instante puede traer un peligro a cuantos se aventuran sobre sus pérfidas aguas. Enrique II. Emperador de Alemania, a quien la Iglesia venera en los altares, juntamente con su santa esposa u Emperatriz C u negunda, regaló a ta Catedral de Basílea el soberbio frontal de altar que, repujado en oro, es, con la palla del tesoro de San Marcos, en Venecia. una de las m i s importantes piezas de orfebrería religiosa románica que se conservan en el mundo. En el frontal representó el artista cinco grandes figuras, trazadas de modo admirahlc y con gran valentía. En el centro. Cristo triunfador bendice con la diestra, en tanto que su otra mano sostiene el globo del mundo y a sus pies, desnudos y sin heridas, se prosternan sendos ángeles adorantes- E l cuerpo acusa su recia anatomía al través de las ricas vestiduras, que revuelan un poco, mientras el rostro, expresivo y de triste mirar, caídos los largos bigotes, melancólica la boca, contempla el desolador espectáculo ac la ingrata tierra. Una aureola, enriquecida de sombríos cabujones, circunda la santa cabeza, siendo la figura algo mayor que las de sus acompañantes, cual corresponde a la Majestad Divina. De los otros cuatro santos personajes que forman la, obracompleta, tres de ellas son los arcángeles Rafael. Gabriel y Miguel, siendo el cuarto el abad San Benito, a quien el artista no coloca alas en las espaldas, cual hizo con sus celestes compañeros, quienes, además, ostentan bastones de mando y San Miguel una lanza con bandera, demostrando asi sus a l u s jerarquías en las milicias celestes. Todos cuatro lucen también sus aureolas, si bien menores que las de Cristo. La obra se completa por arcos y columnas h r l t o s y armoniosos, recuadrándola grecas, donde llores y hojas de viña se mezclan con pequeños anímales, formando un conjunto de suntuosidad artística tan depurado, que es difícil se borre de la memoria. MAURICIO L Ó P E Z ROBERTS Jfarqn ¿a de la io a, LA NAO D E CARLOS V