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Estudia con la misma verdad que estudiaba sus comedias, con la misma honradez de su arte, hasta que llega el segundo dia de Hollywood. La película está lista para chutar. Gregorio Martínez Sierra ha dado el último toque al script. Los canieramen enfocan, con su ojo guiñado. Los electricistas sacan a bailar sus arcos. El utilero ha dado el último repaso a los reflejos del parquet. El director ocupa su silla de veraneante. Los extras, vestidos para una gran soirée que han de representar. -ensayan, fáciles conversaciones imaginarias. Los asistants y los forillos están en pie. Hay un hombre que tiene en los labios un silbato que, en un segundo, hará callar a todo el set. Hay otro hombre escuchando el silencio con los auriculares... Y Catalina, ¿dónde está? Catalina ha soportado heroicamente a Connie, tirana del peine y de las tenacillas, dictadora de rizos. Ahora, frente a un espejo, se deja maquillar por Jack, que la A L A SALIDA D E UNA TIENDA D E W I L S H I R E L A AVENIDA MAS E L E G A N T E D E LOS ANGELES, DONDE T O DO T I E N E U N PRECIO D E FÁBULA U N DESCANSO D E L TRABAJO, ÉN LOS JARDINES D E L ESTUDIO, CON CONCHITA MONTENEGRO, A MEDIODÍA. ÉL TIEMPO PRECISO PARA COMER U N S A N D W I C H Y FUMAR U N CIGARRILLO cuida como a un recién nacido y no la abandonará durante toda lafilmación. Acudirá a cada instante, con su toalla, su borla de polvos o su barra de pintura. Perseguirá en la piel em- badurnada dé Catalina la más mínima desigualdad, el brillo más tenue. ¿Cuántas horas de trabajo al día, ¿En qué orden? Muchas, muchas horas y ningún orden. Ha de salir de casa a toda prisa, con el sueño cantándole aún en los oídos, con los ojos guiñados a la fuerza de sol del día nuevo. Ha de recorrer esos veinte minutos de automóvil indispensables en Hollywood hasta para ir a la esquina. Si se empieza a trabajar a las nueve, debe estar en el estudio antes de las ocho. Una hora apresurada, para el vestido, para el peinado, para el maquittage. Y en el set, bajó la luz apretada de los focos, ante el ojo afi- lado de la cámara, catorce, dieciséis, dieciocho horas. Apenas el tiempo justo para hacer en el restaurante del estudio de Fox una de esas comidas americanas dé casa de muñecas. Apenas tiém-