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UN DESCANSO. AL LADO DE LA E S T R E L L A SE AGRUPAN LOS DIRECTORES, LOS ACTORES, LOS C A M E R A J J E N LOS E L E C T R I C I S T A S MARTÍNEZ SIERRA, PEROJO, S E B E L L C L A R K MARÍA LUZ C A L L E J O JULIO PENA, JOSÉ N I E T O po para cambiarse de vestido, de una escena a otra. Cinco o M I S veces la misma eterna para tenerla bien lograda desde todos lo intuios y en todos los términos. Todas esas horas, con el alma pendiente, sosteniendo una situación tensa gue luego ha de durar, quizá, un solo minuto en la pantalla. Nada más distinto para quien se mueve libremente en un escenario. L a disposición de las luces corta toda espontaneidad de acción. Falta también esa cuarta dimensión del escenario: el público, substituido por unas máquinas receptoras. A l calor y a la vibración que acompañan al actor de teatro substituye el zumbido indiferente de la cámara puesta en marcha. ¿Cómo vencer, en los primeros días, ese cambio tan brusco, en el que todo e nuevo y extraño? Catalina pregunta y pregunta. Quiere saberlo todo, estar segura de todo. Quiere tener para si misma la razón de las cosas, el secreto de las luces y de la maquinaria. Después observa y calla. A l mismo tiempo que realiza su labor admirable aprende, se afirma, se tranquiliza. E l fantasma del cine, a primera vista u n ¡nvencible. se convierte poco a poco en un trabajo fácil de domlnar en una disciplina a la que acaba por habituarse. E n los últimos días de filmación, Catalina ha ganado la mitad de! camino que le faltaba para ser estrella de cinc. I- a otra mitad la traía consigo desde mucho antes: la transparencia, la sinceridad, la gracia con alas de su arte. Se acaba de trabajar muy tarde. Con sol del otro día, muchas veces. Hay que quitarse toda esa capa de pintura: el makeup que hace morenos a los actores. L a labor es intensa durante muchos días, hasta que la máquina se para, saciada de imágenes. Pero tampoco ese día está libre la actriz. E l e s t u d i ó l a posee, en contrato, por un plazo de tiempo. Es, quizá, necesario repetir algunas escenas. L a cinta cinematográfica e ha saturado del encanto rubio de Catalina Barcena, E l micrófono ha recogido a raudales la música de su voz. Cuando Catalina se marcha a descansar, otra vez a las plavas, a las montanas y a los lagos de Californio, el estudio trabaja todavía con su sombra, perpetuándola en el revelado, en el sonido, en el corte; multiplicándola en las copias que han de correr el mundo. r Las horas de trabajo, de ese trabajo de toda el alma, son ya eternas. Volverán a sucederse en todos los cwmatógTafoi de nuestro idioma, ante todos los públicos, convirtiéndose en presente vivo, minuto por minuto. Por mucho tiempo, u trabajo estará enrollado dentro de una caja redonda de hojalata, dispuesto a repetirse, entero y verdadero. Catalina ha hecho en Mamá, por primera vez, una comedia para siempre. Y éste ha sido su día, su gran día de Hollywood, que no ha de perderse, porque está aprisionado en celuloide. Y a es libre, por un poco tiempo. Puede ser dueña de sus horas, puede comer, puede ver el sol, después de una quincena de trabajos forzados cinematografíeos y de dieta estricta. Puede soñar con los suyos, con su casa y SU aire de Madrid y enfilar un día la proa de un barco, camino de España, y volver, después, porque le esperan ínuchos días como este día con que suena el mundo: el día de Hollywood, que Cata ina ha vivido plenamente, dentro del misterio lejano y único de los estudios de Cal! l0I n ¡1 J LÓPEZ RUBIO