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A B C. J U E V E S 26 D E N O V I E M B R E D E 1931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 14 ¿tuerta. P a r a nosotros resulta un poco cursi la escena del piano rodeado de rosas. Meridionales, desconocedores de l a nieve, no podemos graduar el prestigio primaveral de las rosas. E l tema único de l a película, la canción- -envuelta en los fríos del invierno ruso- es un gesto añorante hacia los países donde corren ríos de agua tibia y hay hombres sentados en mangas de camisa a la sombra de los limoneros. CALZADA D E OTOÑO Hojas E l cinema es el verdadero reino de lo i m previsto. 1 director inteligente se traza un plan que luego cumple o no. Jean Gíraudoux compara esta impresión a la de Bernard Palissy, quien, al fabricar sus primeras porcelana s de color, no sabía lo que iba a salir de las llamas. E l cineasta no sabe lo que va a salir de la luz. Trabaja y juega con ella, peligrosamente, hasta que, desprevenido, va encontrando los más extraños efectos. L o mismo sucede con la poesía. D e aquí que e l cine necesite poetas y obreros, pero no i n dustriales a los que sólo interese la fabricación. E l éxito documental- -sólo documental y bello de fotografía- -de Moana exaltó a los. desnudisfas hasta el punto de mover a M e s serly a elaborar su film Phisiópolis. Este ha sido un fracaso, naturalmente. E l desnudismo, corno fin, es de una estupidez lamentable. Está fuera de toda norma y lejano de ía belleza. Tanto como todo lo poco, natural. T a n ridicula resultaría una escena del Á f r i ca central con sus protagonistas vestidos al uso de hoy, como una situación de la plaza de la Concorde con sus transeúntes bajo la lluvia adornados al estilo de las islas M o nteas. Echamos de menos- -y de qué manera- -aquellos éxitos, del cine mudo. A h o r a con el. estrenó, de City Streets, parece que nos muestran un camino diferente dentro de lo sonoro, más acertado. Fuerza de la moda, que hay que aceptar porque es moda, sin más razones. ¿Por qué no cogemos u n poco lo bueno de hace unos años, como las mujeres han retrotraído sus sombreros al 1840? Sobre todo, en l a película policíaca, va no existe aquella complicada sencillez de antes, que ha sido substituida por la sombra morbosa del estilo alemán. Ese estilo que, a fuerda de, higiénico, no nos deja respirar. N o es lo animado lo único fotogénico. Pronto se estrenará en París u i i film de Jean- Bernard Dcrosne, rotulado L Age de Fierre, -donde os actores son estatuas. L a s estatuas de París. L a s bellas y las feas, éstas tan abundantes. Derospe agrupa todas sus estatuas para que, según sus actitudes, puedan producir un efecto de vida en su quietud. Poner frente a frente dos actitudes de lucha, por ejemplo, aunque una se halle, en el jardín de Luxemburgo y otra en el Parque Monceau. Hacer caminar én la misma dirección, por unas nubes de verdad, que se mueven al fondo, dos estatuas que huyen, la una en el Pére Lachaise, la otra en Ranelagh. Y así, con una música que ajuste sus compases- -que ya tiene compuesta Edouard Frament- -sacar vida nueva de esa permanente edad dé piedra. Idea, realización, interesantes y simpáticas, por lo que suponen como primer paso. ¿Teatro... ¿Cine... ¡O h qué pesados estamos con esto! Pero cada día surge una nueva idea sobre el asunto. A h o r a M P a u l Raynal ha dicho, hablando de la crisis del espectáculo: Literariamente, artísticamente, mbralmente, el teatro va a conocer, una potencia y una difusión inmensas, porque el cinc (el cine de arte, por supuesto, no el cine educativo, documental, informador) no es ya, b al menos pronto no será, más que un teatro de la pantalla. Paúl Raynal, a mi modo de ver, no mira el problema desdé un punto de. vista, técnico, y hace bien. Su razonamiento parte desde ía butaca del espectador sencillo (como una codorniz de Samaniego) que paga su entrada, ocupa su localidad y sais defraudado, haciendo esfuerzos por silbar la m u siqutlla que no ha conseguido atrapar. Y esta es una voz de alerta, puesto que quien de- cide este, pleito es la sencilla codorniz espectadora desde su nidal enguantado de l a butaca. ¿A quién habría que denunciar por allanamiento de morada ¿A! cine... al teatro? O h qué profundamente plúmbeos estamos con este desorientado asunto! JOSÉ M A R Í A SOUVIRON C 1 N E G RAM AS Octubre E s cruel destrozar las bellas leyendas. Pero es perfectamente mala. D i g n a del maestro. L a perfección es difícil hasta en el error. S. M Eisenstein: Su Majestad, le llamaban los franceses, jugando con sus iniciales. Santo y Mártir. Pero Octubre, no. H a y quien se escuda en el tópico de las cosas rusas como quien se sale de lo humano. Defendido por las espadas de la tradición oriental y por ese perfume de lo que está lejos. Pero alerta. N o nos dejemos llevar por evocaciones. Rusia es un país poético, lejano, oriental y misterioso. Bello y desconcertante, como una ucraniana. Bueno. Pero la película Octubre no llega ni a la línea de flotación de la vulgaridad. (El acorazado es una gran producción. Octubre es una lotería de imágenes. Descentrado de cualquier eje artístico. S i n emoción. S i n interés. L a escena de la estatua del Z a r desmontada pieza a pieza, es ramplona y de un aparato teatral insostenible. T a l vez sea, de toda su obra, el único detalle que denuncia al hombre de teatro, al discípulo de Meyerhold. Monótona y llena de trucos. Sólo una escena emocionante, tomada desde una azotea la gente corriendo, deshilacliada y temerosa, en la gran perspectiva de una plaza, bajo el fuego de una ametralladora. L a multitud huyendo, arremolinándose, formando grietas, grupos, para abrirse insospechadamente en forma de abanico. Hombres, obscuros, diminutos por la distancia, semejaban partículas metálicas accionadas por un imán poderoso. E l resto, nada. (Y no puede oponerse el tiempo como justificante. Diez años antes en Norteamérica se hacían películas de co v- boys muy aceptables. L a s películas de cozv- boys son la prehistoria- -genial, como todas las prehistorias- -del cinema. L o s actores trabajan despacio y sin vigor. N o hay unidad de movimientos. Sacrifica el interés a la busca de efectos fotográficos, que después resultan fallidos. Qué diferencia con El acorazado! Cuando entró en el puerto de sombras raras que es e! Artistic de París. 1926. C o n sus escenas violentas, súbitas, de los buenos films de Eisenstein, que parecen arañar la lona con sus desgarros sentimentales. L o s espectadores so sintieron heridos por los grandes cañones. Brillantes de sidol y sol ruso. Octubre: cuando caían- las hojas con el cetro y las cruces de una larga tradición, 110 ha sabido inspirar a este hombre gordo y casi calvo. De las producciones que hemos visto- -La madre. El fin de San Petcrsburqo, Tempestad sobre Asia. El acorazado Potemkin, La línea general, El Zar Ivan- a pesar de los resabios teatrales de Iván el Terrible, Octubre es un borrón. L a censura ha prohibido algunas. L o siento por El acorazado. Respecto a Octubre, me identifico con la censura. Censura madre. Censura buena, que no nos deja ver la carretera monótona, obscura e interminable como un túnel. Eisenstein. Hombre de suerte y desgracia. Fortuna por la leyenda. Desgracia por la proximidad de Pondovkine, el hombre supercinematográfico, Sólo sus manos saben convertir la vida misma en luces y sombras. Prisma genial, donde un argumento se descompone en irisaciones de escenas maravillosas. D e él no se puede hablar sino despacio. Con voz serena. H o y es el rey Sol de ese arte sombrío- -sombrío de sombra, no triste- -que es el cinematógrafo. ALISERTO C O R R O C H A N O Efemérides H A C E DIEZ A Ñ O S -B u r n s Mantle habla en Shadozv Stage tlel estrena. de El gabinete del doctor Caligari, cinta que D a v i d Griffith ha filmado con W i l l i a m S. H a i Wallace Reíd y Douglas Fairbanká. L a película, con gran asombro del famoso crítico, gustó mucho al público norteamericano por su argumento, realización y reparto. Burns M a n tle, indignado, termina así su artículo: E l autor de la obra está loco, el director un poco más loco todavía, y los espectadores han demostrado su capacidad para el ingreso en una casa de orates ¿Qué diría M r Mantle cuando, años después, supiera el éxito alcanzado por la versión europea de El gabinete del doctor Caligari, considerada hoy como uno de los p r i meros jalones del cine de vanguardia? U n a de las mejores películas alemanas proyectada en los Estados Unidos es Decepción. L a cinta descubre, además de nuevos valores en la cinematografía del Viejo mundo el realizador del film y el actor que tiene a su cargo el papel de E n r i que V I I I aquél se llama E r n s t Lubitsch, y éste, E m i l Jannings. Dos nombres nada, más; pero de qué calidad! Jannings, el mejor colaborador de Murnau, a pesar de su excesiva teatralidad, y Lubitsch, el director que halló nuevos caminos para el cine mudo y el primero que ha visto las posibilidades cinematográficas del sonoro. pliendo su antiguo deseo de filmar un drama, ha empezado el escenario de Napoleón. Charlot interpretará el papel protagonista, y Raquel Meller será la Josephine ideal. E l anuncio de este proyecto ha hecho que el recital de Raquel Meller, en H o l l y w o o d sea el. acontecimiento del año. L o s billetes se vendían en taquilla a 25 dólares. T o m M i x que asistió de rigurosa etiqueta, no entendió ni una palabra de las canciones españolas cantadas por la señorita Meller. E n Río Grande hablamos de otra manera dijo. M u y convencido. de que el español de R a quel dejaba mucho que desear al lado del suyo. Charlot sigue pensando -i llevar a la pantalla la figura de Napoleón. D e quien ya no se acuerda seguramente es de Raquel. Photoplay publicaba una interviú de recién casados: Éstelle Taylor contaba cómo se le declaró Jack Dempsey; W i l l i a m B o y d cómo conquistó a Elinor F a i r Eddie Sutherland, cómo capturó a la arisca Louise Broocks, y Gloria Swanson, cómo obligó al marqués de la Falaise a recitar su declaración en inglés. Ninguna de estas parejas existe en la actualidad. H A C E C I X C O A Ñ O S -C h a r l i e Chaplin, cum- Noticiario L i l y Damita llegó a Nueva Y o r k acompañada por el millonario W i l l i e Vanderbilt, a quien substituyó hasta Chicago Sidney Smith, también millonario, que fué a su vez substituido por el príncipe L u i s Fernando de ITohenzollern, hijo del antiguo príncipe i m perial de Alemania. A la llegada del tren a la estación de Hollywood, la gentil pareja fué retratada por un avispado reportero, que se negó a vender el clisé, que el príncipe quería adquirir a toda costa, para evitar la publicidad.
 // Cambio Nodo4-Sevilla