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Rudas son las faenas: las del arar, las del cavar, las del segar, bajo la lluvia, que le cala hasta los huesos, y bajo el sol achicharrante y angustioso. Y él emplea todos sus esfuerzos en ellas, a f a noso y prudente, porque le han de proporcionar el pan para los hijos, ya también trabajadores desde que pueden mantenerse en pie. La endeble cría sigue las huellas del p r o genitor, teniendo como ú n i c o libro el del campo con sus rudas experiencias y por únicas caricias las del viento cuando es dulce y suave. Én su nativa condición de hombre bueno, cómo agr a d e c e cualquier palabra amorosa del s e ñ o r ito y c o n- cuánta solicitud obedece sus mandatos. Ante! á superioridad del amo el labriego se m u e s t r a sumiso y siempre agrad e c i d o cuando k trata con afabilidad. En honor de estos ricos labradores de Andalucía hay qué anotar que en su mayor parte son liberales y generosos, soliendo tratar a los labriegos con paternales consideraciones. Y por ello se establece entre ambos muchas veces una familiaridad que abre el pecho a la esperanza. Algunos, sin Las faenas del campo vive la clase humilde campesina, s o b r e la que se cierne más cada día la negra sombra de la desgracia, haciendo posible un no 1 ej a n o fruto a la siembra de enconos y pasiones hechas por gente interesada en la revuelta y en el desmán. Hace falta resolver el pavoroso problema C u a n tas energíns perdidas para el bienestar y la paz podrían recuperarse con una comprensión más certera del problema por parte de todos y con una justicia más humana y generosa. Aún se está a tiempo de realizar la gran obra que reclaman tantas pobres criaturas, sin más patrim o n i o que el trabajo, sin más sabiduría que la de su dolorosa experiencia y s i n o t r a disyuntiva que o r e s i g narse a percibir u n a mínima parte o entrar en lucha d e s e s p erada y cruenta, sembrando el desorden y el terror. Mas si. se retarda el remedio que se pide, no tardará en terminar la tragedia con un epílogo que espante a todos. X MUÑOZ S A N ROMÁN Un labrador andaluz. embargo, procuran no derrochar las liberalidades, y aunque en el trato se muestran afectuosos, en lo económico procuran persistir en su reserva. Ello hace perdurable este agobio en que Señalando con el hierro al ganado. (Fotos Serrano.