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DIARIO ILUSTRADO, A: VIGESI M O S E P T i M O DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O VI G E SL. MOSEPT 1 MO 10 C T S NUMERO FUNDADO EL i. DE JUNIO DE 1905 POR D. T O R G U A T O LUCA DE TENA B O L S I E l hueso dei aguacate Quisiera tranquilizar a esos distinguidos compañeros que, según he podido ver en periódicos nuestros que llegaban al Plata y en otros que he encontrado a mi regreso, sufrían en su patriotismo al pensar que todo un Paúl Morand iba a Buenos Aires, donde un tan ilustre embajador inevitablemente aumentaría el justo prestigio de que Francia goza allí, no sin daño para el de la Península. ¿Se me permite de pasada lamentarme un poco de que las avisadas plumas a que me refiero no se- acordasen de los catedráticos o escritores españoles que a la sazón se hallaban en la Argentina, y entre quienes, si a! guno fracasó y. hasta claudicó de un modo triste, no faltaron aquellos que acertaron a cumplir como buenos y aun insuperables? H e ahí, por ejemplo, al doctor García del Real, que en el calificado ambiente académico, en las aulas, obtuvo la estima y el respeto de selectos auditorios. Tanto él como los demás conferenciantes son de sobra conocidos, y no se explica el silencio a que los relegaron los panegiristas del literato francés, como no sea que lo hicieran por caridad, compadeciéndoles de antemano en su derrota. Pues bien; regocíjense dichos patriotas, los cariacontecidos. Paúl Morand, no sólo no ha acrecentado el prestigio de Francia y el suyo personal, sino que acaso los ha hecho disminuir notablemente. U n a aclaración: conste mi entusiasmo por la obra del autor de Ouvert la nuit. que un día, en todas las esquinas de! mundo, puso los estupendos carteles a tintas planas de su literatura, esa literatura que de cada Agencia de viajes ha hecho un music- hall. Quizá envejeció la. musa morandesca, y tal vez, ya no le queda más que el arte del maquillaje. De cualquier manera, yo no vacilaría en pedir en la barra un cock- tail que se llamase Paúl Morand. Un escrúpulo: Confieso deberle, si, al propio maestro, una de las mayores satisfacciones ele nv vida. L a de haberle inspirado unas palabras, que recogieron los diarios platenses, y que no transcribo por pudor. Hecha la aclaración y confesado el escrúpulo, que ponen? salvo al escritor y mi conciencia, vamos con el embajador extraordinario y libre, que es lo que importa. Paúl Morand no sirve para el caso. E n cont a s t e con sus cegadoras páginas, es hombre opaco, como si el autor se oxidase en la persona: todo él va en pantuflas. Correcto, sencillo, como un smoking. N i atrae ni desentona. M u y bien. L o malo es que ese equilibrio, en que consiste la elegancia, acaba por ladearse hacia el anónimo. Nadie le oyó durante su estancia en Buenos Aires una observación origina! una agudeza, ni siquiera una espiritualidad de salon. Debe de ser trabajador concienzudo, heroico en l a soledad, con ayuda de libros, mapas y notas. Acaso esto explica el carácter fragmentario de sus escritos: falta en: ellos lo más difícil, la unión natural, y como sin sentirlo. A un lado la técnica y sus problemas, la grisura de Paúl Morand le perjudica en cuanto a embajador o misionero, pues las gentes de todas las latitudes sueñan en la divinidad de sus seductores, o en su humanidad genial, y no digamos si proceden del país de Chamíort y de RivaroL. P o r lo que respecta al conferenciante, se decía Santa Teresa, y vo, al aderezar el ha dado en Paúl Morand la rareza, la inveaguacate para Paúl Morand, creia estar al rosimilitud de que un parisiense aburriera servicio de España. al público. ¡Y qué público! Convencido de FEDERICO G A R C Í A S Á N C H Í Z antemano, y el más informado y capacitado de la t i e r r a como que por la del Plata desfilaron los mejores disertantes, desde un Enrico Fer- ri a un André Siegfried. E l misCARTA. A U N A ESCRImo Gemenceau dio en el Odeón unas conferencias acerca de la moda. Nuestro Paul TORA INGLESA Morand lee, y sin viveza, no consiguiendo Dear M r s Steuart E r s k i n e sino ir insensibilizando las orejas de sus Hace unos días llegó a mis pianos su víctimas, al tiempo que martiriza sus pies anunciado libro Twenty nitié Ycars: The el hormigueo. E n suma, una lata. Reign o ¡King Alfonso XIII of S. pain y me E l error grave, sin embargo, fué el de tiene usted nervioso, ásitádo, como si hulos temas y su desarrollo. Asuntos envejebiese, recibido una Dorriba por correo con cidos o tratados según, procedimientos rudiencargo ele arrojarla al hemiciclo de, las mentarios. E n realidad eran ejercicios de Constituyentes. ¡E n v i a r este libro a España, liceo, prácticas estudiantiles. Eso sí, de un y en las actuales circunstancias! N o salgo alumno aplicado. Se comprenderá el desende mi estupefacción! ¿Se da usted, cuenta canto del auditorio porteño, que se veía conde su auda cia, o, mejor dicho, de sú i n siderado o desconsiderado como menor de consciencia? Perdone usted que, en nombre edad. Y es que los franceses siguen ignode nuestra mutua amistad, le hable con tan rando la geografía, cuando menos la huescasa galantería. Bien sabe usted lo que admana. miro su talento, su cultura y su fino humoDe ahí que resultase contraproducente el rismo con qué deleite he leído siempre sus viaje de Paul Morand. P o r esta vez, señolibros y artículos sobre España, apreciando, res patriotas, los cariacontecidos, España no sólo su conocimiento, sino el afecto, sinno salió vencida. Y no hubo otro descalacero que profesa usted. a nuestra Patria, bro que el del eminente huésped de Amigos hoy, al ña, libré, feliz e, independiente, desdel A r t e la entidad de tan ejemplar hispués de varios siglos d -ignominia. Pero ustoria, que contrató las conferencias de M o ted conoce admirablemente la España de rand y sin mezquindades. Como tampoco ayer: ignora usted, en. cambio, la de hoy, las tuvo el gran diario La Nación, que de l a magnífica España fijtura que se está dicó páginas enteras al anhelado y desmo- estructurando en la. hóra actual como d i roñado cursillo. Porque nada faltó para el cen nuestros redentoras; y que, por su duéxito, a no ser el éxito mismo. Incluso el ración, promete eh el- porvenir hacerle sería embajador de Francia, cumpliendo a mará- competencia a las- pirámides de Egipto. villa con su deber, hospedó en la Embajada ¿Cómo voy yo; a comentar su libro de usted, ai ilustre viajero. Y no digamos la colonia si ni siquiera me es permitido traducir litefrancesa... ¡A y en esto sí que España sale ralmente, el título? La rm srha portada, no siempre derrotada por aquellas latitudes i sólo lleva urfa fotografía capaz de desencaY mucho más ahora, que, con la supresión denar las iras de nuestros revolucipnarios, de las condecoraciones, no se piensa en sino que dice. Veintinueve años: el reinaaprovechar la posible influencia de los visido del Rey... Aquí me. detengo al borde del tantes con el ministro de la plaza de Santa abismo. Tengo que ponerle a usted en anCruz. tecedentes. Usted, ciudadana de la libre I n glaterra, se figura que la libertad es igual Y un buen día, de repente, sin haber toen todos los climas. ¡Qué- error más granmado las notas para el volumen que se esde! Buena prueba de ello es que en Espaperaba y deseaba, sin despedirse, Paul M o ña, a pesar de hallarnos en plena República, rand escapó, retornó a la bella y dulce se nos va dando la libertad sólo muy poco Francia. Dejamos de ver su rostro simpático y acentuado de malayo, con aquella mó- a poco y con cuentagotas. E s a es la diferencia. P o r eso usted puede decir, como si vilidad desconcertante de su mirada, de vuetal cosa, King George V of England, o bien: lo de mosca. Aibert King of the Belgians. Pero yo, si me Y o tuve la suerte de encontrarme con él viera obligado a traducirlo al. castellano, esen algunas casas a las que entrambos éracribiría, para 110 ser sospechoso al nuevo mos invitados. U n a vez comíamos en una régimen: U n señor que dice llamarse Jormuy principal, y a los postres, con las nage V de Inglaterra o E l ciudadano A l ranjas y ¡os plátanos, se nos ofrecieron berto, a quien los belgas otorgan honores aguacates. Los de piel negra, que allí se dedo Rey nominan paltas. N o las conocia el infatigable viajero. N o las conocía, a pesar de su Y tratándose del pasado de España, amivisita a Filipinas, a Cuba, al Brasil, a la ga mía, todo cuidado es poco. N o se pueIndia, al trópico africano. E n París mismo den evocar ciertas categorías en la forma se encuentran en- una tieudecita de frutos que usted lo hace sin padecer una multa. exóticos, detrás de la Magdalena... ¡Feliz Además, se procura borrar hasta el recuerdo mortal, que después de escribir Rien que la de aquello, sepultando sus emblemas y vestiierre, de considerarse al cabo de cuanto pue- gios. Y a entre nosotros no queda nada que de hallarse, en el mundo, descubría que el se atreva a llamarse r e a l úi palacios, n i universo- podía comenzar de nuevo en. el hoteles, n i teatros. Y a no habrá más teatro hueso de, una palla! Con mis propias pianos Real, ni dentro de poco tendrá nadie u n preparé una a Paul Mo ran d, aderezándola real, lo cual será la base de nuestra próxima con jerez y. azúcar, listaba muy rica. L a saigualdad económica. E n estpi le confieso a boreamos, y luego yo agradecí al anfitrión, usted que nuestro actual ministro de H a ínclita personalidad criolla, que me hubiese cienda me parece un profundo conocedor de permitido ayudarle a hacer a monsieur, Mola psicología española, porque es evidente rand los honores de la Argentina. E n efecque al acabar, no sólo. con ios tífuíos, las to, después que a los criollos, nos corresponcondecoraciones y las jerarquías, sino con la de eso en América a nosotros... propiedad privada, el capital, y los Bancos, desaparecerá quizá también l a envidia, que H a s t a en los pucheros anda el- Señor v 1