Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Carlos II, el Hechizado, y. Chinitia. La estatua de este último es la que aparece en el suelo. que me van a restaurar y a eriba el indolente Austria- y no S O L E T O PENTACBJ girme de nuevo en el centro de alegues como méritos tus vicla plaza que yo mismo construí. torias, porque la posteridad te ehilipo v erofo, y fine ftwrt N o sois ya nada, ps: o nuestras ha cargado ya las víctimas en lcides ánimo vio, ris brilla Z imágenes representan la histola cuenta. ria de un pueblo, y la historia P 9 cy l e- Correr ¡Q u é méritos ni qué naries lo único que no se puede tos ces! -tronaba eí E m p e r a d o r destruir. con soberbia, sin acordarse de Los miró olímpicamente, essu compunción en Yuste- N o tnlhilo co? otarpiie da, ¿jí triunfíW tirándose en los estribos; volperdidas narices en abril, como Ce que a -i i fe atrevió OÍg? rugfcant vió grupas y Se alejó al galoias perdió tu nieto, y como tú refiera tnl v qa ta i ti pudo cncertpe, como había entrado. perdiste la testa. L o s que peiS i! vezes tsen rjefifc Empezaba a amanecer. L a s o á fentart nan canas pueden a t e s t i g u a r estatuas de piedra se tornaron los leales te -earnoS Re que siempre me conocieron así aetont tiaetonc en actitud meditabunda a sus en este paseo, y que de antiguo Redimir fte Püefer (v nt loMart pedestales, sin haber adoptado he tenido que soportar el irreZo di tnate bien, fuegodifpó x r- -claro e s- -n i n g ú n a c u e r d o m. verente remoquete de el Rey O Plnlípo ejitrttsjwrt Sólo trataban de solicitar la rechato. t j a xiin posición para continuar decoro 5 yLuisvdlQ E l primer Borbón, m á s ladisamente en el Retiro. no, se regodeaba de satisfacAllá los ediles y el pueblo. ción, y recordando las marrullerías de sus abuelos, el BearSoneto pentacrósheo publicado en un pliego de cordel de L a m a ñ a n a era fría y el cienés y el R e y S o l quiso aprolo gris. Soplaba el vientecillo la época- vechar aquella división para sutil de la sierra. que prevaleciera su c a n d i d a E l guarda de servicio, entutura. mecido y soñoliento, abrió- con. trabajo ia que lo producía el raudo galopar de un ca- -T é n g a n s e señores- -exclamaba- haya pesada puerta de hierro. ballo. Pero de un caballo apocalíptico, a paz y que no se diga de nosotros que apelaE n la espaciosa avenida todo se hallaba juzgar por él estruendo. mos a las artes de cualquier candidato vulComo por arte de encantamiento y sin que como el día anterior. gar. Y o el último de los reunidos en época Cerca de la verja, como vigilando la enla puerta se abriese, atravesó la verja con y en reinado, asumo, como continuador, la trada, Fernando I V y Gundémaro. la misma facilidad que el comendador al representación de todos. acudir al convite, un jinete de hercúleas proMás allá un grupo de cuatro: M a r í a L u i Y de nuevo blandía el papelitc, porciones, montado en gigantesco corcel. sa y Alarico, haciendo él bis a los dos quin- -Considerad- -añadió- -que no se me ha Felipe I I I vio con asombro que no era tos el Borbón y el Austria. U n poco descausado n i n g ú n desperfecto, y si han arranpués otras dos parejas: Recaredo y D o n sino su propio yo ¿por qué no decir aquí cado la mano a mi consorte no lo atribuyo García con los medios cuerpos en tierra, y su propio él? ya que se trataba de su otra a las mudanzas de estos tiempos, sino a a l en el lado opuesto, Chiutiía, hecho pedazos, estatua de bronce derribada en la plaza M a guna vengancilla de ultratumba, de aquella yor y en vías de reparación, que, al entey el Hechizado, chato y manco. princesa de los Ursinos, que nos tuvo a los rarse d é l a trifulca, en calidad de guardiados durante tantos años metidos en un junto al estanque, Felipe 111, decapitado, Rey ele asalto picó espuelas y c o r r i ó p r e s u puño. y Don Fruela, manco y chato también, en roso a poner paz. actitud de custodiar el aguaducho vecino. Alarico, Gundémaro y Fernando I V que E l guarda recogió del. suelo un papel que se hallaban también indemnes, protestaron, Su presencia- hizo enmudecer a la A s a m amostazados: blea. E l Felipe pétreo se quedó m á s petri- se hallaba al pie del que fué. duque de Anjou. L o leyó horror! era un soneto perita- -N o abuses del fisi -exclamó el úlficado a ú n y dejó caer al suelo el papelito. c r ó s t i c o d e la época, en el que ios. catorce timo- rio- sea que te salga por ahí algún De los broncíneos labios del jinete brotaCarvajalito con mala sangre. ron acompasadas, como tañidos, las siguien- versos terminaban en é y cpn el que. se podían hacer veinticuatro combinaciones baL a madrugada avanzaba y no había modo tes palabras: rajando las cuatro líneas verticales. de entenderse. L o que iba a ser reunión de- ¿Qué hacéis, insensatos? T r a t á i s de arIntrigado, t r a t ó de juntar los renglones, protesta no era sino un semillero de cuesmar gresca una vez más y de alborotar a pero cuando llevaba media hora e iba ya tiones y de incidentes personales. todos? ¡Bueno; están los r. cmpos para pen- por la mitad, helado como estaba y en ayuSe escuchó de pronto en dirección de la dencias! S i escandalizáis y os desunís acanas, se puso pálido, abrió desmesuradamentrac se llamó calle de la Lealtad como un barán por haceros añicos. Tened resignate los ojos y cayó al suelo desplomado. redoblar, cada vez con m á s brío, que hacía ción y haced lo que yo hice. Quién podía Se había convertido en estatua yacente. retemblar el pavimento. Parecía el tableteo imaginarse que, no yendo nada conmigo, riie A. RAMÍREZ T O M E Ce! trueno. habían de derribar? Pues me derribaron; (Fotos üel autor. El ruido aumentaba, pudiéndose advertir mas no protesté; fui paciente v he sabido