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de Variete, la magnífica realización de D u pont, colocó a la aristócrata h ú n g a r a en el mismo plano que hoy ocupan Greta y M a s lene. Con una ventaja para L y a de Putti. S u vampirismo no era fingido, como el de Greta, perfecta señorita de l a clase media, n i el de Marlene, burguesa madre de familia. L y a de Putti aparecía en l a pantalla como en la vida real. Había nacido para v i v i r su papel. Y lo representaba desde que, al cumplir los doce años, se fugó con una compañía de cómicos trashumantes. Convertida en primera figura del cinema, Norteamérica, ávida siempre de nuevos v a lores europeos, la conquistó. (N o r t e a m é r i c a no ha conseguido todavía el cultivo de l a vampiresa. L y a de Putti se perdió en Cinelandia. H a b í a demasiadas tentaciones para ella, i n capaz de someterse a la rígida disciplina de los estudios. N i la solicitud de Griffifh, el hombre a quien tanto debe el cinema, y a quien se lo deben todo la mayor parte de las estrellas actuales, pudo evitar l a muerte de L y a de Putti en la pantalla. Las tristezas de Satán, película filmada con la pretensión de consagrar definitivamente a la recién llegada, fué uno los mayores fracasos registrados en la historia del cinema yanqui. A ESTRELLA HE SE A P A G A a Lys de P u t t i Ja actriz europea que fracasó en N o r t e a m é r i c a E l cable nos ha traído l a dolorosa noticia. L y a de Putti, la estrella h ú n g a r a descubierta por Dupont, acaba de morir en un hospital de Hollywood. Ninguno de los que rodeaban a la triunfadora- -compañeros, admiradores, agentes de publicidad- -cuando llegó a Cinelandia aureolada por el éxito de Varíete, ha acompañado piadosamente los últimos momentos del ídolo olvidado. Sola, con la amargura de su fracaso, se apagó esta estrella que un día- -sólo un día- -brilló con cegadora luz en el firmamento cinematográfico. Pero ¿es ahora cuando ha muerto L y a de Putti? i Ahora que conocemos toda la prosaica tragedia de ese hueso de pollo alojado en su garganta, o esa otra versión, m á s en consonancia con l a accidentada novela de L y a que atribuye su final al suicidio, tragándose un paquete de alfileres? E n realidad, la aristócrata h ú n g a r a había muerto- -había empezado a morirse- -hace algunos años. Quizá el mismo día que embarcó para Cinelandia, dejándose olvidado a Dupont entre la bruma del viejo muelle europeo. Ese fué su gran error. Porque las m u jeres fatales del cinema han necesitado un práctico para llegar al puerto de Cinelandia, desde donde es fácil el camino para todas las pantallas del mundo. U n ejemplo: Greta Garbo. Greta salió de Suecia con Maurice Stiller, su descubridor y su mentor m á s tarde en los estudios de Y a n q u í landia. Otro ejemplo: Marlene Dietrich, acompañada por Sternberg desde Berlín, apenas terminado el rodaje de El ángel asul, hasta California, donde filmaron en seguida- -antes de extinguirse ios últimos aplausos encendidos con aquella película- -Marruecos y Fatalidad. Dupont abandonó a L y a antes de tiempo, o ella- -entusiasta del divorcio- -sintió ansias de independencia demasiado pronto: el caso es que cen esta separación empezó el verdadero suicid de la actriz (la mujer, ¡si se confirma el último rumor, había aten- lado tres veces contra su viña) Su creación de Berta María, protagonista Lya de Putti en dos momentos de su actuación cinematográfica Arriba, con Emil Jannings, fin la película alemana V a r i e t é sagran éxito. Abajo, en R o s a de medianoche, realizada en los estudios. de California.