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GRUPO PARLAMENTARIO HISPANO- AFRICANISTA. -Se ha constituido en. las Cor- tes, y de él forman parte los Sres. Jaén, Sunches Prades. Pmg Asprer, Mallo, De la Villa, y Pérez Madrigal. (Fofo Duque. JUNTA GENERAL DE LOS ESTUDIANTES. CATÓLICOS. EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍAS ORGATodos los universitarios, sin distinción de matices ni de Faculta- NIZADA POR LA. GIMNÁSTICA ESPAÑOdes, fueron invitados a asistir a está importante, reunión. La LA. -Los Sres. Ruis, España y Larrañaga han Universidad- -se dijo- -debe ser libre, sin monopolios. Hubo gran sido premiados con diploma de honor. entusiasmó entre Ja extraordinaria concurrencia. (Foto Alfonso. (Foto Albero y Segovia. sucursales en otras calles, que se ven desde ei día de su inauguración. repletos de gente. Porque, eso sí, nadie dirá que nos hallamos, en plena crisis financíela: los precios de los restaurantes de lujo se mantienen a gran a l tura, y en vano, -por mucho que se reduzca ei número de platos, puede hacerse el menú de un almuerzo por menos de cien francos, sin vinos. Y es punto menos que imposible hal? ar mesa libre en estos establecimientos, en que triunfan los americanos del Sur y del Norte. Pero el lujo m á s grande, el fausto mayor, está en los edificios bancarios. ¿Quién habla de quiebras, de suspensión de pagos y de otras zarandajas por el estilo, que hoy son! a preocupación de todos los hombres de Estado? V e d si no ese soberbio palacio que acaba de alzarse, blanco y luciente, en la ya citada Avenida de los Campos Elíseos, y que por la noche semeja un. ascua de oro con los anuncios luminosos de una de las m á s poderosas casas de automóviles. V e d ese otro, frontero al Crédit Lyonnais, con su severa fachada de piedra blanca y sus monumentales puertas de hierro forjado. Todos se aparecen en una especie de pugilato al público, cual si trataran de sugestionarle con una sensación de seguridad para llevar a sus cajas el capital de los ahorros. Y no digamos nada de las boites de nuit, que se multiplican fabulosamente; la lucha entre Montmartre y Montparnasse raya en lo épico; el público de extranjeros sigue dispcndiandq su dinero, y la tournée des granas ducs sigue a la orden del día, o, por mejor decir, de la noche. L a concurrencia se amontona, se estruja en los cabarets, aun en aquellos que, como las Oubliettes rouges, se hallan instalados en los antiguos calabozos de la revolución; nadie se impresiona a la vista de los negros muros, acaso regados con la sangre de las víctimas de la demagogia; se come y se bebe en toscas, vajillas; se escuchan las viejas canciones picarescas de París, y nadie, en fin, piensa en el pasado ni se preocupa del porvenir; sólo se vive para el momento presente, según el consejo encerrado en una conocida m á x i m a de M a homa. MONTE- CRISTO frJIMIllIl I A B... C EN CHILE Babel republicana E l mal ejemplo de los separatistas catalanes contra el idioma español unlversalizado, el castellano (ya sabemos que el catalán, el gallego y el vasco son lenguas españolas también, lo que no obsta para que por antonomasia se entienda por idioma español el de Castilla) está haciendo prosélitos en América. Antes, en efecto, se hubiera tomado á risa el empeño de restaurar la literatura y el uso de las lenguas vernáculas en el continente. E l guaraní, el azteca, el araucano, el aymará, el quichua, habían pasado a ser fósiles idiomáticos sin otro valor que el de las ruinas arqueológicas. Algunos eruditos dedicaban sus aficiones políglotas al estudio de la gramática de esos lenguajes de origen prehistórico, y sólo aquellas personas que por razones de conveniencia comercial mantenían relaciones con las indiadas pobladoras de las zonas montañosas o de las selvas seculares aprendían a hablar esos primitivos y pobres idiomas, insuficientes para expresar otra cosa que necesidades, deseos y estados de ánimo sencillos ó de muy limitadas proporciones. Desde el descubrimiento y la colonización las lenguas de los naturales fueron cediendo su influencia en los habitantes de las comarcas invadidas por unos hombres de civilización m á s superior, y así se produjo, sin coacciones, sin imposiciones de ningún g é nero, el imperio del castellano en las vastas extensiones continentales, que, al separarse de la metrópoli, tuvieron buen cuidado de declarar que el idioma metropolitano era el propio y oficial. A ninguna de estas Repúblicas se le ocurrió la gran necedad de privarse de un medio de comunicación universal para restablecer lenguajes regionales da léxico b á r b a r o y cultivado por míseros ex-