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N i vorágine ni hadar Un pueblo. Todo esto se muere. Todo esto se va, y es triste. No sabemos la cantidad de orgullo que habrá puesto España en Bilbao; pero Bilbao había llegado a ser un pequeño puerto universal. Era también el puerto de la Bay of Biscay, la terrible bahía de las tempestades, en la que, según los marinos ingleses, ocurrían siempre sus naufragios de romance, pintados luego en Londres por los pintores de aceras, con gredas de marejada, de negruras, de palo mayor que se abate sobre la cubierta y de rayo zigzagueante y luminoso; al lado de un paisaje neva- do y de un billete de diez libras esterlinas junto al cual el pintor de losas suele ofrecer esta explicación conmovedora: pintado de memoria No sabemos tampoco qué cantidad de favoritismo y de artificiosidad ha habido en el desarrollo de las industrias de este pueblo, que ahora, desorientado, no encuentra su camino. Esto no nos importa gran cosa. Tampoco nos importa que se pueda creer en un ataque de derrotismo. U n grupo político vizcaíno asegura que esta crisis es ficticia y cultivada artificialmente con unes inconfesables Lo que hemos visto nosotros es bien distinto. Lo que hemos oído, terrible. Una mina especialmente conocida por l a l riqueza de su mineral, la mina luminosa, la mina de oro, no repartirá ya dividendos. Se oye el nombre de esa mina y parece imposible. Algo así como que el naranjo más bello generoso del mundo se ponga un día a no dar naranjas. Crisis del mundo, desde luego. Pero crisis más localizada también, que hunde a un pueblo y lo arrastra a la miseria. A l de arriba y al de abajo. A todos. 1 Los barcos amarrados en la dársena de Axpe, en espera de órdenes que no llegan. siente que se le va 1. vida; de un pueblo que ya no canta... Era necesario, sin duda, hacer- algo para que todo sea más equitativo y justo. Pero esto de ahora es la destrucción total, para todos, de una inmensa riqueza. Todavía hay que tener fe y esperar. Y sin embargo, el escritor vuelve a Bilbao después dé una corta ausencia, y siente que se respira camposanto. E l guardia del tráfico en el Arenal, rígido, con todas sus medallas, cada vez tiene que esperar más tiempo la llegada de un automóvil para realizar sus enérgicos movimientos de canalización de vehículos. Los muelles, limpios. L a ciudad entera do maje a la deriva, sin rumbo. Parece que hay que lanzar el S. O S. ¡Save onys souls: ¡Salvad nuestras almas! Ningún derrotismo. L a verdad es única y comprobable. Hay un pueblo que ha trabajado siempre, y que quiere trabajar, y que no puede. E l que llegara hoy a Bilbao con la orden de trabajo para todos sería recibido con repique de campanas. ¡Y palomas. Hágase la prueba. J. MI Q U E L A R E N A (Fotos Amado. Otros darán cifras, que pueden ser desconsoladoras. JSsta misión no ha sido nui ca la nuestra. Nosotros hemos visto la tristeza de un puerto que se paraliza entre amarras peludas y silencio, y entre grúas muertas casi de improviso; de un pueblo que Entre los buques rmnoinUsados, la silueta de las Altos Hornos- -orgullo de un pueblo- -que. se apa 1 1