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A, B C. S Á B A D O j D E D I C I E M B R E D E 1931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 22 Cree que no se puede regatear a D N i- I ceto Alcalá Zamora... (rumores) -excla- J m a- sí, a D. Niceto Alcalá Zamora, el sueldo referido, porque no hay que olvidar que cuando imperaba el pesimismo supo entregar toda su fortuna para el triunfo de la República. (Muy bien. Aplausos. E l Sr. J I M É N E Z repite que para los gastos de representación, donativos, etcétera, están consignadas 1.250.000 pesetas, y recuerda que otras personas entregaron su persona y su vida por la República, como el capitán Sancho, y nada se ha hecho por ellas. E l ministro de H A C I E N D A Unas palabras. A la señora viuda del capitán Sancho se le ha concedido un estanco en la Puerta del Sol, que rinde lo suficiente para vivir. E l Sr. J I M É N E Z Pero la señora viuda de García Hernández tiene pedida, como la madre del capitán Galán, la pensión del sueldo entero, y 00 se les ha concedido. E l Sr. B A R R I O B E R O dice que es incapaz de personalizar, y que, por su parte, entregaría al Sr. Alcalá Zamora todo lo que posee, menos su voto. E l Sr. V A L L E rectifica, y se aprueba el dictamen, después de rechazada la enmienda. a perdices y conejos. Dice que hay aficionados a la caza que poseen cincuenta o sesenta escopetas y docenas de fusiles rayados y esto no puede permitirse sin el debido control para la debida tranquilidad del E s tado. E l Sr. D E L R I O dice que un aficionado a la caza no puede estar expuesto a que le condenen a prisión por tener en casa dos o tres escopetas, porque la realidad es que todos los cazadores las tienen. E l Sr. S A L A Z A R dice que la Comisión ha estimado que la tenencia de tres armas ya constituye delito, pero no la de dos. Se procede a votar el voto particular, y como resulta que la votación no suma el número suficiente de diputados, se aplaza para la sesión próxima. presidente, nada más; para comer, para ves tir, para llevar un duro en el bolsillo... ¿qué más podía pedir? ¿No estaba suficientemente remunerado con las quinientas mil? -S o n más de m i l pesetas diarias- -ponderó Barriobero. E l Sr. Castrillo se entregó a una gimnasia de hombros, que quería decir: -N o es mucho. N o es mucho. (Treinta diputados socialistas y yo, nos dedicamos a soñar qué vida nos daríamos con mil trescientas pesetas diarias. Otro diputado, radical- socialista, argüyó: ¿Y los sablazos? Allí estaba él, que no era nadie, un ciudadano humilde, sin fortuna... Bueno, pues, hijos míos, a veces se le acercaba un pedigüeño, y... cinco duritos a éste... diez al otro... y el dinero se. va... H a y que imaginar lo que le esperaba al presidente en su alta categoría... Que le diesen el milloncito, que le diesen el milloncito... E l Sr. Castrillo agitó aprobadoramente la cabeza. Los treinta diputados socialistas y yo, cambiamos el panorama de nuestras imaginaciones. Veíamos Ig. lujosa estancia, y al presidente despachando con el ministro de Hacienda, o de Marina, o de Economía, o de Guerra. Y al terminar: -B i e n querido presidente; por hoy no hay más asuntos. -V a y a pues, con Dios. E l ministro tose, remolonea, va hapia la puerta, se detiene, como quien recuerda algo. -Y a propósito de presupuestos: ¿Tiene usted ahí, a mano, dos mil pesetillas... H e salido hoy sin dinero, y... un apurillo... ¡Hombre, amigo Gómez, no me explique nada... Ahí van. Salud para gastarlas y República federable. Los sablazos a un presidente deben de ser así. Luego las viudas, los huérfanos, las obras benéficas... De pronto, un argumento personal -Debe tenerse en cuenta que el señor Alcalá Zamora gastó su propio dinero en, ayudar al advenimiento del régimen. E n las tribunas: ¿Qué ha dicho? -Q u e gastó su fortuna en la revolución. ¿Cuánto? U n cotilleo apresurado. E l Sr. Jiménez opone el caso del capitán o comandante señor Sancho, que también entregó su fortuna y, de añadidura, su vida. Pero el señor Prieto aclara que ya se le d i o un estanco a la viuda en la Puerta del Sol. E l Sr. Castrillo mueve ahora las manos levemente para subrayar: -S í ya se le d i o un estanco... Es otra cosa... -Entonces, ¿qué... decidamos. ¡O h! yerdaramente estos cargos deben tener esplendor... se representa en ellos a la nación, a una nación de veinticuatro millones de habitantes... la vida está verdaderamente cara; los taxis suben; los sueldos bajan... Sea el millón. ¿Se aprueba? Y queda aprobado. -W. Fernández Flores. L a secularización de los cementerios y el d i v o r c i o E l M I N I S T R O D E J U S T I C I A lee desde la tribuna de secretarios varios proyectos de ley; uno, sobre secularización de cementerios, y otro, estableciendo el divorcio. L a sesión sg levantó a las nueve y diez. O t r o s dictámenes Se aprueban varios dictámenes que figuraban en el orden del día, y se votan definitivamente varios proyectos de ley. Acotaciones oyente de un Proposición incidental en favor del comandante señor F r a n c o Se lee una proposición, firmada por los Sres. Balbontín, Soriano, Samblancat, J i ménez y otros diputados, pidiendo que sea rehabilitado íntegramente el buen nombre del comandante Franco, acusado de traidor a la República con motivo de los sucesos de Tablada, calificativo que no merece, por tratarse de un fiel servidor de ella y una figura gloriosa. E l Sr. B A L B O N T Í N pide el aplazamiento de la discusión por encontrarse enfermo uno de los firmantes de la propuesta, el señor Soriano, que desea intervenir, y por no haber en el salón los cien diputados que el reglamento ex p, e para la aprobación. E l P R E S I D E N T E accede al aplazamiento, sin tener en cuenta lo del número de diputados, porque estima que en la Cámara se encuentran los suficientes. Se lee otro dictamen proponiendo sean ratificados con fuerza de ley varios decretos de Instrucción Pública relativos al P a trimonio Artístico Nacional. Como exis: e un voto particular dt los señores Gómez Rojí y Pildain y estos d i putados no se encuentran en el salón, el señor Lamamie de Clairac pronuncia algunas palabras y el dictamen es aprobado. L a tenencia de armas Otro dictamen de la comisión de Justicia referente a las sanciones en que habrán de incurrir los tenedores ilícitamente de armas cortas es puesto a discusión. E l Sr. S A L A Z A R opina que el proyecto es de mucha trascendencia y cree que dada la hora avanzada de la sesión (nueve menos cuarto) y la escasa concurrencia de diputados, se debería aplazar su discusión. E l P R E S I D E N T E no puede acceder y en vista de ello se pone a discusión un voto particular del Sr, del Río. Este propone que el cazador que posea dos o tres armas de caza pueda estar autorizado para ello sin variación alguna, pues las licencias no se conceden por cada arma, sino por cada persona. E l Sr. G A L A R Z A interviene. Expone los peligros que ofrecería la aceptación del voto particular y cita el caso de varias armas de caza halladas en un templo, con cartuchos de postas no destinados precisamente E l Sr. Rahola pronunció ayer un discurso importantísimo a propósito de nuestro Tratado comercial con Francia. Algunas de las manifestaciones hechas por el diputado regionalista levantaban murmullos de dolorido asentimiento. Pero muchas ve. ces hemos visto alzarse a un diputado para hablar de asuntos de vital interés para la nación; muchas veces hemos escuchado esos murmullos de indignación contra una injusticia o un desacierto. Y después. nada; siempre nada. U n discurso más en el Diario de Sesiones. ¿Por qué no habían de tener las culpas y los errores políticos una sustanciación tan inexcusable tan de oficio como los que están comprendidos en el Código Penal? Sin embargo, unas lesiones, un hurto, un robo, el incendio de un monte, el rapto de una muchacha, que son, sin duda, sucesos lamentables, no alcanzan nunca el nivel dañino de esta otra clase de pecados. Si el señor Rahola hubiese hablado cinco minutos para acusar al ciudadano Pérez de haber robado un bolsillo de señora, el ciudadano Pérez estaría poco después en la cárcel. H a hecho la crítica de un Tratado de comercio perjudicial para muchos y graves intereses. Y el Tratado continuará intangible. Seguramente, entre el pueblo causará más impresión el debate que, una hora más tarde, se planteó en la Cámara, a propósito del sueldo del futuro presidente de la República. Se trató en confianza, en un tono bastante cordial, como debe hablarse de estas cuestiones de dinero, como puede discutir una familia los billetes que han de ser puestos en la canastilla de boda de la hija que se casa a gusto de todos. E l Sr. Barriobero dijo que un millón... ¡caramba... ¡Hay que ver las tripas que tiene un millón! Y a podían contentarse los presidentes con quinientas mil pesetitas anuales. Don Antonio de la V i l l a protestó, cariñosamente. N o no eran suficientes. E s preciso tener en cuenta cómo está. la vida. Todo pollas nubes... y dé usted fiestas, pague criados de calzón corto... Pero ¿a quién le contaba él estas cosas? ¡S i allí estaban los diputados que, con doce mil pesetas al año, no tenían para empezar! ¿No se habían quejado en una sesión secreta de la tacañería de sus sueldos? E l federal Sr. Valle declaró que para todo lo que fuese gasto extraordinario ya había consignado un millón doscientas cincuenta mil pesetas. L o otro era sueldo del F u e r a de la sesión U n a nota de la minoría p r o g r e sista L a minoría progresista, como aclaración a la información publicada por la Prensa, y para que cualquier interpretación no pudiera parecer declaración oficiosa de la misma, tiene que hacer público lo siguiente: Que n i como consecuencia de la reunión últimamente celebrada en ia casa social del partido, con su ilustre jefe, D Niceto Alcalá Zamora, ni después, ha dictado nota alguna acerca de acuerdos que, en definitiva.