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vulgares, pantalones arrugados, zapatillas; íóvenes de tipo corriente en los barrios bajos rostros un poco retocados por la- fatiga... A primera vista, no hay más que esto. Pero sobre el escenario, un largo cartel anuncia en una redacción afrancesada: Elios han bailado doscientas horas En cuanto el hombre inmovilizado en su silla reflexiona un momento, comprende que este es el espectáculo más- interesante que ha podido presenciar nunca. Más que un mar encrespado, más que una batalla, más que la tumultuosa caída de las aguas del Niágara. Las aguas caen natural y fatalmente cuando llegan al corte; el mar nada puede oponer a la furia del viento; en las batallas se matan los hombres principalmente porque si no matan, mueren. Pero estos hombres y estas mujeres que pasean o bailan alrededor de la pista, en continuo movimiento, no obedecen a ninguna extraña coacción. Soportan una fatiga que parece irresistible, llegan a un límite asombroso de sufrimiento y de dominio por un esfuerzo de su propia voluntad, nada más que de su propia voluntad. Y esto es lo maravilloso: ver de lo que es capaz- -sin más móvil que el de una popularidad momentánea- -una de las facultades del alma humana. E l estupor de los que nunca encontramos suficientes las nueve horas diarias de sueño, llega ante los bailarines del Circo a ser doloroso. Un faquir riue atraviesa sus carnes con alfileres o camina sobre ascuas, crispa más que maravilla. Comprendo hasta cierto puntó al ayunador. Pero el que no duerme es para mí un ser que debe sufrir el más espantoso de los tormentos. M i sibaritismo en el descanso me hacía envidiar, durante las primeras horas, a los que se esfuerzan en conseguir un record de resistencia en la danza. Hasta llegué a reprocharme no haberme inscrito yo mismo. Bailar una hora, otra hora, cansarse, sentir los párpados pesados, los músculos entorpecidos, las toxinas enturbiando el cerebro... Decirse: No puedo más; me caigo de sueño... Mantenerse aún en pie, por un prurito de vanidad... Y cuando el sueño fuviese ya un agradable punto de madurez, salir de la pista, enfundarse en el gabán, llamar un taxi y decir a la pareja abandonada: -Haz lo que quieras. Yo voy a extenderme a i un lecho abrigado y blando para dormir dos semanas seguidas. Esto podría hacerse a las veinte, a las treinta horas de baile. Y sería una delicia incomparable. Pero egoísta, de tipo sensual. Los bailarines del Circo están por encima de esta interpretación. Son gigantes. Los que se burlan de la inutilidad de su proeza no alcanzan a comprender lo que esa conducta nos ilumina a ios hombres sobre la conducta de ¡os hombres. En los quince minutos que cada hora se les concede para reposar yo los he visto caer sobre sus camas, como fardos, para quedarse instantáneamente dormidos. Este es el minuto delicioso; pero apenas abismados en el profunto sueño, el silbato del ár- bitro les traspasa, una fuerte luz se enciende ante sus rostros para espantar las sombras del cansancio; es llaman a voces, a palmadas, con sacudidas: ¡Vamos, vamos; en pie! He visto a la extranjera de las gafas de Haroid gemir un poco, casi como una niña, al recibir el aviso, y luego abrir sus ojos y sonreír aun desde el fondo de la inconsciencia. Hombres y mujeres tienen sus tobillos hinchados. Algunos padecen ya llagas en los pies. La perturbación nerviosa les sacude a veces angustiosamente. A l entrar para el breve descanso, una muchachita se detiene ante el empresario: -i Tengo muchas ganas de llorar! -dice, acongojada. -Pues llora, hija mía. Y ella llora un momento, desolada. Y como si con las lágrimas hubiese salido algo que hiciese una presión enorme sobre su corazón, vuelve a la pista alegre otra vez y ligera. A j veces también, muy frecuentemente les asaltan alucinaciones visuales. Ninguna tan ¡reveladora como la de la bailarina que pregunta, al abandonar la pista, mirando al enorme reloj con ojos de espanto y de tristeza; -Ese reloj se ha parado, ¿verdad? ¿Por qué; no anda? Desde las primeras travesías del Atlántico; en avión, los hombres no han hecho nada más maravilloso. Es lamentable que la frivolidad de la gente rió alcance á comprender todo lo que ha y de profundo, de revelador, de apasionante en esta experiencia, a la que sé acusa de frivolidad. L a entrada debía estar reservada para los psicólogos, y en los anuncios del Circo tendrían propiedad estas palabras: Pruebas de resistencia de la máquina humana. Ensayos de fortaleza de la voluntad. W. F E R N A N D E Z F L O R E Z 1 REGRESO la estación, DEL SR. LERROUX. -El ministro de Estado fué recibido en a su llegada de París, por el Sr. Martínez Barrios y un grupo de amigos v correligionarios. (Foto Duque. l XCEXDIO EX UXOS TALLERES DE 03 ÍXWC S- Cu t h U c a Paredes, 19. El- fuego ha destruido cuatro autobuses, tpdo el departamento principal y la cubierta de la m i w central. (Foto Duque. LA POLICÍA SE INCAUTA DE CUATRO BOMBAS. -Bombas, pistola con cargadores y limas de las que se ha incautado la Policía al detener, en, la calle de Barceló y en la carretera i de Francia, a unos individuos que intentaban colocar los explosivos en los registros de la Telefónica. (Foto Días Casariego.
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