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Juan de Landa- -a la derecha- en unión de Catalina Barcena y Paulino Uscudun, con quienes se dispone a realisar una película en el país vasco. JUAN D E L A N D A H A P A S A D O POR M A D R I D L a casualidad me colocó a su lado en el hall del hotel; buscaba una información que no encontré, pero no perdí el viaje. Estaba en pie, conversando con otros s e ñ o r e s qui- zá la confianza de saberse ignorado le i m pidió ser m á s cauto. M e bastó escuchar unas palabras sueltas para concebir l a sospecha; miré entonces hacia el grupo, y un solo gesto suyo me dio l a seguridad de que era Juan de Landa quien hablaba. Resueltamente salí a su encuentro, le saludé y comenzamos a hablar, no niego que con ciertas reservas por parte suya, pues tenía el firme propósito de no hacer pública su estancia en M a d r i d durante este viaje, sino hoy o mañana, que estará aquí nuevamente, de regreso de Motrico. E s alto, fuerte, de mirada viva y penetrante. N o lleva l a cabeza rasurada n i tiene cara de bandido; si así no fuera le h a b r í a sido imposible conservar el incógnito durante su breve permanencia entre nosotros. E n el registro del hotel n i siquiera figuraba su nombre, y de este modo se dispuso a pasar unas horas en l a capital de España, antes de partir para su pueblo natal, de donde salió hace dos años. U n a alusión mía a su admirable caracterización en El presidio le recuerda algo que acaba de sucederle en Barcelona; una m u- L a casualidad me ha colocado di lado de Juan de Landá en el hall del hotel. chachito, después de mirarlo repetidas veEl afortunado intérprete de E l presidio no lleva, la cabeza rasurada ni tiene cara de bandido. Foto Pórtela.
 // Cambio Nodo4-Sevilla