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A B C. V I E R N E S 18 D E D I C I E M B R E D E 1931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 15. toda su persona, sin la menor huella f 3 t agraria en. los campos de algodón, bajo el raza negra. látigo ñegricida. Así, este melodrama, ya clásico, responde enteramente al reactivo Atildado, correcto, de porte entre bohesentimental e ingenuo de la época. N o es mio y elegante, este negro blanco es un un drama negro, sino negroide documento vivo, que resume un pasado y Tras la guerra separatista- -jamás l a l i a- aun un presente, de sufrimientos, confortado por la fe ciega en una. emancipación, en maremos de Secesión -este ciclo neuna liberación groide imantado por Toussaint LouverL u i s Douglas, que se inició en el teatro ture y por. el rey negro Cristóbal, adquiecomo producer de revistas; descubrió en re en toda Europa enorme boga literaria. E l Nueva Y o r k a Josefina Baker, la vedette mulato Alejandro Dumas abre a la gente negra. Luego, como discípulo, en Berlín, de color un período de atención y curioside M a x Reinhardt, se afilió a l arte grandad. El comercio de ébano humano con de colaborando con el. maestro en la ópeÁ f r i c a las conspiraciones de los ñañigos ra, en la tragedia y en el drama. A l fin, el en C u b a los versos de Plácido, dilatan por negro blanco formó una compañía de- neel mundo el cicló negroide L a Humanigros, salpicada de estrellas blancas, que dad, en pleno romanticismo, exalta l a frasólo alternan en los bailes y en. el -jassternidad de la piel band. Se ponen en moda los danzones y el neL o s dramas y comedias de negros se regrito de la madama. Y cuando Norteamérica, por la inmortal voz de Abraham L i n- presentan por actores negros, conforme al arte genuinamente negro, pero retocado de coln, proclama en 22 de septiembre de 1862 blanco; esto es, conforme al arte escénico la abolición dé los esclavos, el factor neintegral, que funde tradición y modernidad gro, auténtico y racial, se dispone á. subsen el mismo crisol estético. tituir al factor negroide artificioso y mixtificado. CRISTÓBAL D E CASTRO TEATRO DE LOS NEGROS L a línea de c o l o r L a línea de color divide, socialmente, a Norteamérica. De un lado, los blancos, hombres superiores; del otro, los negros, hombres de inferioridad irremisible. E n las ciudades, barrios aparte, barrios negros. Harlem, en Nueva Y o r k H i l l D i s trict, en Pittsburgb; Easts Sidi, en Cincimatti; South, en Chicago. E n los trenes, -los coches para negros -los Jim Crow- -se enganchan siempre entre la locomotora y el vagón de mercancías. L o s asientos, con mugre; el suelo, sin bar r e r los cristales, sin lavar... E n el restaurante no se sirve a los negros n i a peso de oro. E n los barcos, en las escuelas, en los hospitales, en los teatros, en los cines, l a línea de color les da el alto: ¡Sólo para blancos! ordena. Ante las demandas de un negro, los hoteles están. siempre abarrotados; los teatros agotaron el billetaje; los colegios cerraron las matrículas. E n cambio, apenas surge un escándalo, un robo, un crimen, ya están los pobres negros en danza. L a Policía los acosa; las multitudes blancas piden castigo. Se inicia l a caza del negro Todo el mundo prepara cuerdas, leña, petróleo. Y los ahorcan o los queman vivos, acudiendo más gente que al teatro y a los campeonatos de box dice Scott Nearing en La América Negra (Black America) D e esclavos a libertos L a raza, apenas libre, se transforma. A las viejas carrañacas de las granjas y del bohío va a suceder el nuevo y ciudadano jass- band. A las letras sentimentales y luneras del poeta Júpiter Hammond y de la poetisa Phillis Wheatly, de comienzos del x l x- -v o cer de esclavitud, sollozos de sufrimiento- las letras airadas o irónicas de Counte C u l len y de James Weldon- -arengas de cólera o guiños de sátira. A los dramas, llorones y simples, de Beecher Stowe y de George Cable, farsas complejas y sutiles, de Eugenio O N e i l l de M a r c Connelly, de L e v i n Tees. INFORMACIONES NOTAS Y EXTRANJERAS O Neili Eugenio Después de una residencia, de. algunos meses en Francia, Eugenio O N e i l l ha vuelto a su patria. P a r a hacer una obra americana- -ha dicho- -hay que v i v i r en los Estados Unidos, respirar la: atmósfera del país, exL a melodía del jazz- band perimentar sus reacciones, sentir, en. fin, el Son los negros, pues, los modernos jupulso del pueblo. díos. Raza execrada, perseguida, con sus Sus compatriotas acaban de tributarle un ghetos, pestilentes y astrosos; sus prognonuevo homenaje con motivo del estreno de mos- -los linchamientos- sus sinagogas su obra Electra, que ha tenido una acogida- -l o s templos bautistas- su genio indusR e p e r t o r i o contemporáneo triunfal. Aprovechando esta oportunidad, un trial y su aislamiento de leprosos sociales. periódico le pinta en estos términos: Actualmente, el Teatro de los Negros P a r a aturdirse inventa el jass- band, cu O N e i l l es un personaje raro. L a elegí. nse reduce a las compañías de Norteamériyas estruendosas orquestas estremecen el cia llega al refinamiento, su frente y sus ca, a los ensayos de Alejandro Tairof, en mundo entero. Pero, como en la fina obra ojos son de poeta, y la tristeza huidiza de Moscú, y ahora, precisamente en estos días, de Benavente, bajo ese estruendo, de alcosu mirada le asemeia a los borrosos daguea la toumée de Luis Douglas por Italia y hólicos late una melodía romántica. rrotipos de Edgar Poe. Desde niño ha resAlemania. E n esa melodía del jass- band, como en pirado la atmósfera de bastidores. Su paLos Estados Unidos, especialmente Nueel grito israelita de los salmos, esta todo dre era uno de los ídolos del pi iblico ameva Y o r k Chicago, Cincinatti y San F r a n el proceso de una raza. S i aguzamos los ricano hacia 1890, y Eugenio O N e i l l concisco de California, cuentan con numerosas oídos del alma, en un recogimiento artístiserva el recuerdo más vivo de los triunfos salas de espectáculos de color E n ellas co, como él del gran poeta negro Paul L a u paternos en El conde de Monte Cristo, Las se representa rara vez el repertorio antirence. Dunbar: o en una. meditación social, dos huérfanas y Fedora. guo de melodramas y danzones. L o que nucomo la de Magdalena Paz, en su HermaH a ensayado todos los oficios. Estudió en tre el cartel a diario es el repertorio conno negro; o en un éxtasis religioso, corno el la Universidad de Princetown, de donde temporáneo farsas y jass- bañd. de Gioux, en su antífona Amén, Praise se fugó. Abandonó luego su casa para exthe Lord Glorifiquemos. al Altísimo! E n este repertorio destacan las obras psitraer oro en Honduras. Ejerció de subadoiremos esta melodía perfecta. cológicas y polémicas de O N e i l l especialministrador en la compañía de que formaba mente El emperador Jones y Todos los hiSon los hipos ahogados, el restallar del parte su padre. Fatigado del trajín de los látigo, la sangre, que salta gota a gota. Y jos de Dios tienen alas; las audaces, de sá- viajes salió para Buenos A i r e s a bordo de tira grotesca, de M a r c Connelly, Los praentre esa mecánica del dolor, los cánticos un velero noruego. dos verdes; de Daniel R. Arper, Momende todo un pueblo maldito. E n la Argentina se lanzó a diversas aventos peligrosos; de Katarine Snieedley y A u turas comerciales: vendió máquinas de cone Buzbv, Colgando la ropa; de L e v i n C. Orígenes escénicos. Retab os y ser, trabajó en un taller de embalajes. E n Tees, El fantasma de la señora Pepper, todo fracasó, y durante varios meses lleva mojigangas número i; todas las cuales se anuncian la vida miserable de los faquines del puertraducidas al castellano por Horacio de E l Teatro de los Negros se inicia, como to. Embarca para África, y como carece de Castro, en volumen próximo a aparecer. nuestros autos sacramentales, en los pridinero, no puede tomar tierra, y retorna meros templos bautistas cuando, terminaI en el mismo barco. Como su salud se redo el oficio, se cierran, las puertas exterioE l negro blanco siente de tantas andanzas, vuelve a l hogar res y surgen, con indumentaria de retade sus padres, ingresa en un Sanatorio L á mayoría de estás farsas, juntamente blos, las farsas bíblicas, con su Moisés con. l a- f a m o s a Aleluya que hemos visto y comienza a escribir. U n a vez curado, s i barbudo, teniendo en los brazos las Tablas, gue los cursos de la Universidad de Harvard, adaptada al cine, forman el repertorio de y, sus israelitas negros, arrodillados v eny logra que sus comedias se representen L u i s Dotiglas, el negro blanco, discípulo dé tonando coros. O bien en las calles del en un escenario fortuito establecido en una M a x Reinhardt; espíritu ávido y multiforB a r r i o Negro- -como L e theatre de la Rúe, vieja granja de Princetown. me, actor y autor, de la estirpe escénica de en el París del siglo X I I I- con estupendas los Gheon y de los Piscator. Para Eugenio O N e i l l sus primeras obras mojigangas, modernamente compiladas y Luis Douglas, negro de nacimiento, es, no tienen ningún valor. De toda su proglosadas por Joel Chandler en sus divertia los treinta y tantos años, blanco o casi ducción, que es muy nutrida, sólo estima dísimas Historias del tío Rcmus. blanco. Desde luego, rio es negro, según Detrás del horizonte, El gran Dios moreafirma Carlos L a r i Más que al negro de no y Extraño interludio. E l c i c l o negroide ébano, su piel tiende a morena, con leyes E n cuanto al teatro moderno, para O N e i l l Cuando H a r r i e t Beecher Stov e escrireflejo metálicos- -dice el informador de no existe más que el ruso. E l arte dramábe La eabaña de Tovi. la raza está en su Comedia- Los cabellos, negrísimos, pero tico- -ha- dicho- -está muerto en Inglaterra y infancia social, sometida a la esclavitud no lasos; los labios, apenas abultados, y en F r a n c i a r