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A B C. V I E R N E S 18 D E D I C I E M B R E D E 1931. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. I A G 13 Acotaciones oyente de un nuevo Gobierno. A l fin entran todos sus h o m maño, bajan por l a otra escalerilla y se en- L a s tribunas y los escaños, llenos de gente. ¡Tan sólo el banco azul vacío. Esperamos al bres en fila; suben uno tras otro a la plataforma que sostiene al Sr. Besteirc, le dan la caminan a su banco. E l desfile resultó brillante, f E n seguida, el Sr. Azaña, sin más explicaciones, se dedica a leer unos decretos desde la tribuna de secretarios. E l S r A l b a comenta: I E n la vida se ha visto cosa igual. Otros diputados protestan también. Y Azaña abandona sus papeles y se marcha a la cabecera del banco azul, un poco con ese aire del invitado que ha sido sorprendido por el ama de l a casa, dejando una colilla en un macetero y para corregir su falta se la guarda en un bolsillo del chaqué. r Entonces. pasa a explicar l a crisis. Como yo no entiendo mucho de política me será difícil sintetizar el discurso del señor Azaña. Pero al través de mi comprensión creo poder asegurar que ocurrió lo s i guiente L a crisis- se impuso porque una vez aprobada la Constitución era necesario saber cuántos hombres quería tener cada partido en el Gobierno. E l mismo Sr. Azaña no estaba muy seguro. ¿A l i a n z a republicana nada m á s? ¿Socialistas únicamente? ¿Una mezcla? ¿Y en qué proporción? Todos los que alguna vez hemos tenido que hacer un coctel conocemos esas angustia A l fin, después de consultar a los innumerables partidos, adivinó qué era lo que la nación quería. L a nación deseaba un Gobierno de composición análoga al anterior. Pero urgándola un poco, Iá nación dejaba entrever en seguida que donde ella quería ver a Albornoz era en el ministerio de Justicia. E n Justicia está F e r nando de los Ríos, un hombre de gran talento le dijo Azaña. Y la nación, ruborizándose: E s que yo quería a D Fernando en Instrucción Pública ¿Y qué hacemos de Marcelino D o m i n g o? ¡Sueño con él para que se ocupe de m i Agricultura, mi Comercio y mi I n d u s t r i a! Poco a poco la habilidad de Azaña fué sonsacando lo que deseaba l a nación. Baraj o los ministros y allí estaban. L o s mismos, pero en distintos lugarescdel banco azul. E l que salió ganando fué el Sr. Prieto, que al pasar al extremo de aquél dispone de un brazo de madera donde apoyarse. Ustedes han comprendido que con este procedimiento- -que ya utilizaron otros presidentes, especialmente el general Berenguer- -la República tiene asegurado un gran número de Gobiernos, para sostenerse hasta que las nuevas generaciones tengan l a bon- dad de darnos hombres y soluciones nue- vas. L a s combinaciones que se pueden hacer con once- hombres y once carteras son abundantísimas. Demos gracias a l a P r o v i dencia por habernos conservado durante l a República aquella facultad que permitía a los políticos del antiguo régimen ocuparse i n za. Somos excepcionales. Únicamente puejden compararse a nosotros los novelistas norteamericanos, que, casi sin excepción, oro y- -s i n excepción ninguna- -vendedores jde periódicos. lian sido antes tipógrafos, buscadores de distintamente del primer ministerio que les ofrecían. Y es que eso debe estar en l a ra- EN BUENAS MANOS ESTA EL PANDERO LA M O N A -Y A H O R A ¡Q U E B A I L E RITA! mas. N o deja de ser curioso el s a b e r por ejemplo, que le fastidia la unanimidad y que nunca dio a nadie un consejo. Acerca de esto nos ofreció espontáneamente pormenores l u minosos. Dice que no, que no da consejos. E s que nunca... Usted va a visitarle y le dice: Señor Azaña, aconséjeme usted... Y él contesta amablemente: N o n o no he nacido para eso; que le aconseje a usted su padre... También ños refirió que no acepta consejos. Y lo encontramos muy decente, porque aceptar algo de los demás y no corresponder como es. debido, no estaría bien. E n fin, nos contó otras muchas cosas suyas, que hicieron el rato muy entretenido, porque el Sr. Azaña maneja el y o a cada instante; no es como otros, que sólo hablan de sí mismos cuando verdaderamente tienen ya una larga historia; él siempre dice: Y o obtengo... yo soy... yo quiero... y a los del vulgo nos gusta conocer estas peculiaridades y estas anécdotas de los personajes. T o t a l que lo pasamos muy bien. Y ahora, un poco de atención, que después de esos discursos, que hoy ya estarán ajados, van a comenzar su labor esos señores, a los que deseamos mucha suerte para el bien de todos. -W. Fernández Flores. LEA USTED Fuera de la sesión E l señor L e r r o u x conferencia c o n el señor G u e r r a del R í o Antes de comenzar l a sesión, los pasillos del Congreso se vieron extraordinariamente concurridos, esperándose con gran interés el debate político que había de plantearse al presentarse el nuevo Gobierno y. explicar la crisis. E l Sr. Lerroux, que llegó a la Cámara muy temprano, se vio rodeado rápidamente de diputados y periodistas, manteniendo el jefe del partido radical una discreta reserva. Apenas llegó a la Cámara el Sr. Lerroux, celebró una conferencia con el Sr. Guerra del Río, suponiéndose que en ella cambiarían impresiones, pues se cree que el señor Guerra del Rio. llevará la- voz de la minoría en el debate sobre l a crisis, ya que don Alejandro L e r r o u x afirmaba que no intervendría como no fuera obligado a ello. U n a nota de la minoría radical- socialista A y e r tarde fué entregada a los periodistas l a siguiente nota oficiosa de la minoría radical- socialista: Sobre hipótesis aventuradas formula en la Prensa diaria un político de la derecha juicios. que, por fundarse en hechos inexistentes, resultan caprichosos. A ello opone esta minoría la declaración de que en ningún instante coartó la libertad del jefe del Gobierno para designar fls Y esta es la explicación de l a crisis. Nada ¡más. Claro que el presidente contó muchísimos pormenores pero como se referían a intereses de los partidos y no precisamente al del país, prescindiremos de ellos. T a m bién nos hemos enterado de numerosos detalles con los que el presidente nos ilustró a propósito de sus preferencias personalísi; Se vendo en tofla E spnfin a! oréelo e UNA PESETA