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VISTA D E L PRADO, DK MADRID, TOMADA POR LA MPALDA DF. LA F U E N T E D E L A DIOSA CIBELES rección de Milicia primero, y luego a la de lo presidentes del Consejo, hasta el aflo 1870, en que se incendió, siendo derribado poco tiempo después y construido sobre el solar un pequeño pabellón, dependencia del ministerio. En 1801 acordó d Ayuntamiento ejecutar las obras necesarias pitra la formación de una gran glorieta elíptica, limitada por el Banco de España, Salón del Prado, jardines del Buen Retiro, palacio de los herederos del marques de Linares y ministerio de la Guerra, colocindov: en su centro, tras no pocas discusiones y sozohras, la fuente, sobre un basamento mas elevado, en la misma dirección que hoy tiene y añadiéndola el grupo posterior de los amorcillos, obra ejecutada por los Sros. Trilles y Parera. Pero la plaza fio se terminó hasta IfloeV presentando entonces ya casi el aspecto actual, merced a la compra de terrenos que se hizo al ministerio de U Guerra y a la franja que se tomó de los jardines del Buen Retira Eran éstos, sobre cuyo terreno se levantan hoy los palacio de Comunicaciones y del ministerio de Marino, restos de la antigua huerta del Rey, en donde se hallaban los Jardines de la Prlmsvera, el Cebadero de los aves o Casa de IM gallinas y la Ermita de San Juan, antigua residencia de los a eaides del Buen Retiro y, más tarde, del infante D. Francisco de Paula. En ellos, ya convertidos en jardines públicos, se celebraron v a r i a Exposiciones v diversas fiestas pero lo que les dio la fama que ha llegado hasta nosotros recordándose como alífo que no ha encontrado substitución, fueron su teatro, casi siempre destinado a representaciones de ónera italiana v al pateo por dios en bu noches estivales. Animado recreo que JUDO distraer inoeeMemente a la inocente sociedad madrileña desde Amadeo a la última Regencia. Triunfo de los poliso- nes y de las levitas, presidido por el quiosco, en donde la orquesta deleitaba con música de Barbierl, de Uudrid o Gaztambide. En la esquina de la calle de Alcalá estuvo el famoso palacio que mandara construir el marqués del Carpió, que más tarde pasó a poder de los duques de Arión y Béjar. y Últimamente al del marqués de Alcazuces, duque de Sextn, en cuyo tiempo fué derribado para alzar sobre su solar el actual Banco de España, inaugurándose el 3 de marzo de 1891. Casada en secundas nupdas con Alcaflices, allí vivió la bella Sofía Troubetxcol, la petile fleur des neiaes, que, después de haber sido, junto a la hortensia, una flor más en el blasón del dottdy Morny, vino a unir su vida a la del pa din del alfonsismo y es en el egregio palacio como el hada madrina de aquel movimiento que hablo de colocar en el trono a D. Alfonso XII. De allí salió, redactado por Cánovas, el manifiesto del pálido al pueblo español, y de allí salió organizado el célebre y celebrado escuadrón del Aguardiente, cuyo comandante es el mismo duque en persona; Romero Robledo, el pollo atitcquerano. su capitán; Frascuelo y Calandria, cochero de la cosa, loa cabos, y con ellos, entre l filas, toda la gente del bronce, rtclutaúa por Felipe Ducazcal. que, deshecha la partida de la porra, ha puesto su valimiento en manos del duque? Pepe. Escuadrón que había de proporcionar la máxima popularidad a su organizador y la nota más brillante de color en aquellos tiempos de revueltas y algaradas, en los que siempre predomínala 1 gallardía, como un airón, en las coni leudas política Conseguida la restauración, aquel palacio recibió la visita del Mrnarca, la primera que realizaba en Madrid, la noche antes de pirtir para la campaña del Norte; caballeroso, quiso rendir este homenaje de cortesía ante la dama qiH tui tenarmente había luchado en su favor. Completan la espléndida plaza el palacio de los herederos del marqués de Linares, situado en parte de lo que tué Pósito; la cabecera del paseo del Prado, que, con n x tivo de la celebración dd segundo centenario de la muerte de Calderón de Ja Barca, el año l83 t, se construye, y sobre cuyos pedestales aue la rematan se instalaron unos estatuas de yeso, provisionales, pro ecto de unas definitivas que no se han coÍocado aún, y, en fin, la verja del ministerio de la Guerra, del magno palacio mandado construir en los último 1 años dd siglo x v m por la duquesa de Albo, doña María del Pilar Teresa Cayetana, que no llegó a verle concluido y que, ya muerta, fué adquirida en 1805 por el Ayuntamiento madrileño para ser regalado al principe de la Paz. En él. antes de ser ministerio de la Guerra, habitó, siendo regente del reino, D. Baldomcro Espartero v n sus paredes, aludiendo a la influencia que sobre éste parecía tener el embajador de Inglaterra, slr Asthon. que vivía frontero en el palacio que perteneció al marqués de Villamaina. y luego al conde de Campoalange, apareció un día de 1841 aquel tan comentado pasquín: En ente palacio habita el reaente: pvro 1 que nos rure vive en I ó enfrente. Una posterior reforma ha venido a dar a esta p aza la esplendidez y elegancia que actualmente tiene, y más espléndida y elegante erla si uo estuvlera, como está, acrU billada por Unto poste del tranvía, -grave pecado contra la estética y el buen gusto, que viene a convertirse en cruel Ironía, cuando, como en la nuestra, se tienen pretensiones de gran capital a la moderna, Luis SOLER P U C H O L