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SOMBRAS. MARÍA CARLOTA CORDAY D E J A D pasar a la ciudadana María Corday, nacida en Mesnil- Imbert, domiciliada en, Caen, departamento de Calvados. E d a d veinticuatro años; talla, cinco pies y una p u l gada; cabellos y cejas castaños; ojos grises frente elevada, nariz larga, boca mediana, mentón redoudo y saliente, rostro ovalado... M i e n t r a s H e n r i el funcionario del M u n i c i p i o de Caen, despadha este pasaporte y lo firma después con u n gesto ie indiferencia, la moza que lo solicita deja que sus ojo ¡s grises vaguen por l a estancia, c o n miradas ausentes. ¿H a cia dónde se encaminan sus p e n samientos? S i vuelven por los senderos recorridos, verán la casa humilde de Mesnil- Imbert, donde vive el caballero Corday d A r m o n t segundón pobre, h i d a l g ü a o de provincia que conoció en sú v i d a más hambre que harturas, y tiene su torada apoyada en l a mansión señorial de la rama mayor, como si ni su misma casa pudiera sostenerse sin la ayuda del mayorazgo. r madre, que sucumbe en 1782, al dar a luz a su quinto hijo, la casa se ensombrece más aún. Llueve sabré los cristales emplomados, c o n u n monótono rumor de plegaria, y Huevé tras ellos desde los ojos que vienen a i n terrogar el horizonte gris c o n deseo de adivinar el camino de los que se van para no volver n u n c a Cuando C a r l o t a cumple los trece años, su padre logra colocarla, en compañía de su herman a menor, e n el convento de la T r i n i d a d de Caen, llamado la Abadía de las Damas. Allí reciben graciosamente educación y sustento, como hijas de noble sin recursos. L a s correrías por los valles d e Calvados, los escasos momentos de alegría expansiva entre m o cosuelos zarrapastrosos y terneras triscadoras, que h a de contar después l a vieja Panchón con enternecidas palabras... Y de pronto parecía una locuela, y todo lo habíamos de dejar para acompañarla en sus juegos. han pasado y a para siempre: E n la. Abadía de las Damas su- carácter se hace reconcentrado, se cree incomiprendiday se muestra rebelde a l a disciplina. T e n i a sus convicciones- -dice ingenuamente uno de los testigos de su j u v e n t u d- -y las defendía hasta contra u n cura, contra su confesor misino. L a s hubiera sostenido contra un. obispo... Y una vieja religiosa de l a Abadía afirm a D e m o s t r a b a u n gran fervor, pero y a se hacía notar por u n fondo de orgullo y de obstinación... CARLOTA CORDAY, POR ROBERT FLEURY E s t a mansión de M e s n i l- I m bert, donde transcurren los p r i meros años de Carlota, es húmeda y triste; llueve durante todo el invierno, y las habitaciones más alegres, las que dan al jardín, están expuestas al viento dé Levante. E n las nodhes de tormenta el huracán enfilaba el corredor sombrío, y los batientes de puertas y ventanas golpeaban en. los marcos desvencijados c o n un recio castañeteo, como si la casa temblara de frío o de espanto. Después de la muerte de la H e aquí, e n una línea, retrata- Sil mí 4 BOILLY. EL TRIUNFO DE MARAT