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do su espirita: el or julio, la i d e a fija. Cuando, sin más permiso que el de su fantasía ni más i n v i t a ción, que la de su deseo, viene a Caen para fijarse al lado de una vieja parienta, niadame de Bretteviüe, ese orgullo, esa idea fija se le aclara en el pensamiento. A n tes eran un agua turbia y opaca; ahora, con el descanso y la soledad, se le va posando en el fondo del vaso, y ya puede ver, bajo el agua transparente, el grave peso de sus ambiciones. L a casa de madamé Bretteville era una mansión de dos pisos, en una calle estrecha. Carlota habitó, el piso alto; tenía una alcoba adornada con tapicerías descoloridas y ladrillos resquebrajados por la amplia chi- LA M U E R T E D E MARAT P O R WCER. TS JMfARAT PÓR DAVID menea bajaba el viento y la lluvia. Allí vivió durante dos años entretenida en lecturas. Corneille, de quien descendía por la línea paterna, entroncada con una hija del gran dramaturgo, era su autor predilecto; tarrpbién tocaba el clavecín, pero prefería olvidar las miserias de los suyos y las angustias de la revolución que sacudía la Francia entera velando las sombrías imágenes presentes, con otras sombras más gratas, leja- ñas y heroicas. Su ambición ipa tomando forma y cuerpo único bajo el agua transparente del; vaso, y un nombre obsesionante le martilleaba ía frente: Judit... Judit... Judit... L a llegada de los girondinos, perseeruidos por la Montaña, a Caen viene a turbar la paz de la vieja provincia. L a ciudad se contagia de fiebre, de pasión y de revuelta; los brazos se arman contra los nueves opresores de la nación, según moteja Barbaroux a! partido de Dantón, Robespierre y Marat, y Carlota Corday se siente atraída por la desventura de estos hombres que hablan, con tan bellas palabras, de libertad y de justicia. Y a ha olvidado sus lágrimas de pocos meses antes, cuando llega a Caen la noticia de la muerte del Rey, y ha olvidado también que estos perseguidos de ahora votaron la sentencia, unidos a los que llaman hoy monstruos sanguinarios. Cuando Luis X. VT fué inmolado- -dice la marquesa de Saint- Leonard- -estábamos todos Con un gran sentimiento. Carlota Corday lloró con nosotros... Los monstruosos sanguinarios! ¿Dantón, ¡Robespierre o Marat... r Mientras el empleado extiende el pasaporte, los tres nombres saltan en su pensamiento con chisporroteo de hoguera: ¿Dantón, Robespierre o Marat... Pero el último nó es francés, es suizo, ginebrino; extranjero como Holofernes, el asirio que ensangrienta Betulia... Y otra vez el nombre obsesionante: Judit, Judit, Judit... Después todo será paz sobre el país de Francia, como en los valles de Judea. Carlota part ¡e de Caen el martes o de julio, a las dos de la tarde, y llega a París el jueves a mediodía; pero el monstruo a quien acecha se cobija en su madriguera, inaccesible a los extraños. Carlota llama a su puerta dos vedes, sin qué la puerta se abra para ella; entonces piensa en pedirle una audiencia para hablarle de la conspiración de Caen y denunciarle a lps culpables. Mientras espera la respuesta de Marat otra vez lá sombra de Judit la obsesiona. Pues aquel que era poderoso entre ellos no ha sido derribado por la mano de los jóvenes ni por los titanes, ni los gigantes de altura desmesurada se han opuesto a él; pero Judit, hija de Merkvi, lo ha derribado por la belleza de su rostro... Y única vez en su vida, esta joven de castos pensamientos, concentrada en su orgullo y olvidada de su hermosura, se preocupa del adorno de su cuerpo; quiere derribar al tirano, como Judit, si es preciso, por la belleza de su rostro. Marat es médico y filósofo. De su paisano, el ginebrino Juan- Tacobo, ha heredado el amor a los humildes y la austeridad de costumbres. Sus honorarios, que cobra más altos que sus otros colegas de París, los reparte entre los necesitados para adornarse soto de su pobreza harapienta; como médico quiere aplicar a la sociedad una terapéutica de bisturí y de sangre. Juan- Jacobo y Corneille las dos grandes devociones de Carlota Corday, son sus devociones también; parecían sus vidas, unidas en idénticas líneas de austeridad, de simpatías y de exaltaciones, destinadas a encontrarse un día. Y este día. fué el viernes 12 de julio de 1793. Parece la Historia el fondo de un valle entre montañas, y nosotros vamos ascendiendo hasta las cumbres por ciammos tortuosos, y a cada instante, desde cada revuelta del sendero, vemos el valle, con un color distirito y adornado con perspectivas diferentes. Y a los nombres de Marat, de Robespierre y de Dantón no nos inspiran el mismo horror qué. a nuestros abuelos, y sus sombras, como todas las sombras, se van agigantando conforme se. aproxima la luz a las figuras. Marát, retirado en su casa después del triunfo sobre los girondinos, porque lo consume la lepra que contrajo sirviendo a los humildes, no cae bajo los zarpazos de esta enfermedad terrible, sino bajo el cuchillo que empuña una muchacha exaltada. ¡No ha muerto el monstruo... I ¡No há sucumbido el milite extranjero que ha de ensangrentar los campos de Betulia! E l monstruo, -el tirano, acecha en la obscuridad el tiempo oportuno; cuando se hayan despedazado los dogos que defienden a dentelladas la libertad de Francia, saldrá de su escondite. E l puñal de Carlota limpia de un estorbo el Camino de Bonaparte. Carlota no desfallece un momento después de cumplida lo que ella cree misión providencial. Serena en el acto del juicio, estoica cuando marcha al suplicio. Se sabe ya imperecedera én la memoria de los hombres: E l tocado de la muerte está hecho por manos rudas- -dice, mientras le cortan el hermoso pelo castaño- pero conduce hasta la inmortalidad Y én la carreta que la lleva ál cadalso se alza, arrogante, su figura pálida, como si, viva aún, fuera ya una estatua de mármol. Sansón, que siente piedad de esta criatura, le ofrece uria silla: -E l camino es muy largo... Y ella le responde con una sonrisa, la última que- se ha de dibujar ení sus labios: -N o importa, estamos seguros de llegar. MARIANO T O M A S
 // Cambio Nodo4-Sevilla