Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C MIÉRCOLES 23 D E D I C I E M B R E D E 1931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 16 K las once y cuarto de la mañana, cuando la lista de gordos sólo ofrece cinco blancos entre ellos el número del gordo, sale a la luz el 35.029, a quien le es ofrecido i n mediatamente por el tocólogo un saquito con doscientas cincuenta m i l leandras. Y el numerito con su cero en medio, mellado, y con una traza completamente vulgar, toma el pendengue y sale para Sevilla, donde va a. enjugar la crisis del- trabajo. A h o r a bien, sabemos de ciencia cierta que l a minoría de izquierda revolucionaria no ha tenido en esto la menor intervención, porque a lo mejor el S r Balbontín lo hace cosa suya. Sale el 21.518, premiado con 80.000 pesetas y que corresponde a Madrid, y poco después el penúltimo de la lista de gordos, que es un 25.000 pesetas, que yjene a agraciar al 1 4 2 4 7 tado ante el ingreso insospechado de treinta millones que viene a enjugar, en buena parte, el déficit. N o cabe duda que este año l a lotería ha venido a remediar a un jugador modesto y de los más necesitados. E l sorteo terminó a las doce menos veinte, después de salir seis u ocho bolitas de premios chicos, que aún quedaban en el bombo; la última que tomó el tranvía, que fué el número 1.145, premiado con diez m i l pesetas. Después el coche, con el completo, arrancó, y ya no lo volveremos a ver en l a vía. r E l segundo e n Sevilla Entre los agraciados figuran los dependientes del hotel M a d r i d Apenas se conoció en Sevilla la noticia de haber correspondido a esta capital el segundo premio, circuló el rumor de que los vigésimos de la suerte se encontraban en el hotel Madrid. Efectivamente, cuando penetramos en el hall del hotel, en busca de información, no nos fué necesario preguntar para confirmar la noticia. E l personal, especialmente el femenino, denotaba su alegría de muy diversas maneras; había camareras que reían, mientras otras se abrazaban sollozando: l a misma causa, y distintos efectos. Inquirimos detalles y se nos contesta con incongruencia. Las camareras hablan atropelladamente. Con frecuencia se oye repetir esta frase: Y o para mis niños; otra cosa, no me importa. P o r fin conseguimos entrevistarnos con el director del hotel, D Francisco Gómez, depositario del número premiado. Don Francisco, que no puede disimular su emoción, nos hace una breve historia de cómo y en qué circunstancias adquirió el 21.566. U n cliente y amigo suyo, D José Ovando, propietario de Fuentes del Maestre, le escribió rogándole que adquiriera, para remitírselos, cinco vigésimos, ü l Sr. Gómez cumplió el encargo, comprando el pedido en la administración regentada por el popular maestro de bailes Otero, que, como se sabe, está establecida en una accesoria frente al hotel. E l Sr. Gómez se reservó cuatro vigésimos del mismo número, para distribuirlos entre el personal, pues, según propia maní- festación, tenía l a corazonada de que su amigo el Sr. Ovando, que es hombre de suerte, se la daría a todos. Esta es la breve historia de las circunstancias que han concurrido en el caso. ¿Las once y media! P o r fin sale el gordo Y a sólo quedan por salir dos gordos, uno de ellos el de los quince millones. Los bombos se agitan, los corazones se agitan también. Los niños de la tercera tabla salen a escena y el público los jalea, porque se presiente que ellos van a ser los afortunados. Se espera el gordo con verdadera emoción. i Qué ha sido del gordo? ¿Dónde está? ¿P o r qué no sale? Tenga usted la amabilidad de no darse importancia y no hacerse esperar. Estamos todos impacientes y nerviosos y no representamos sino la vanguardia de los anhelos nacionales. Los bombos ruedan a cada vuelta. E l público lanza un suspiro. A h o r a v a a ser. ¡Ahora... ¡A h o r a! I Pero, canasto! ¡Qué le pasa al gordo que no sale! Y a no quedan apenas bolitas en el bombo de los premios. Sólo faltan 30, 20, quizás menos. Suenan los timbres y la jaula da otra vuelta a las once y media, y cuando ya los pechos estallan, un niño g r i t a 9- 775; y otro exclama 1 25.000 pesetas. E s el último gordo que quedaba por aparecer. Sólo falta ya el capitán general, el Pontífice, la cúspide de los premios, pero no sale, no sale n i a tiros. Otra vuelta al bombo ¡A h o r a! ¡Este es! ¡Y a sale! Pero sigue e! canto de las diez mil pesetas. V a a ser el último. ¡V a a ser el último, ya lo verán ustedes, I N o cabe duda, el último. Caprichos de la suerte. Veremos. L a manivelita sigue funcionando... ¿Será verdad? ¿N o quedan ya apenas bolas y de repente una duda? ¿Habrá salido ya como el año pasado que salió y no le cantaron los niños? ¡A y a y! Y a sale. Que si, que no... Que da las once y media y que pronto ya caer la bola... de Gobernación. Y de repente, como una explosión, el 24.717, y el pituso Juan Chillida dice, dando un chillido: ¡Quince millones de pesetas! Se escucha un ¡ahj prolongado, que hace estremecer el viejo salón del sorteo. ¡Ah ¡Por fin! ¡E l gordo! ¡E l gordo de N a v i dad de 1932! ¡Y a está aquí! ¿Quiénes serán los afortunados? ¡Suerte envidiable! Dentro de breves instantes podremos averiguarlo. E l corazón palpita: ¡Atención! ¡V a n a cantar ei nombre de la ciudad afortunada! ¡Oído a la caja! E l 24.717 ¡a la reserva! ¡Tablean! E l público que se había incorporado cae en sus asientos decepcionado. Se oyen quejas agudas y algún lamento contenido. Muchos dicen: ¡F u e r a! ¡N o vale! ¡N o hay derecho! ¡Esto es cosa de Azaña que los manda a la reserva! V a y a un negocio para el Estado, como si no tuviera f figuran Salud García, esposa de un obrero parado; Isidora Rodríguez, soltera, a punto de casarse; Anselma Martín, con hija casadera; Manuel Barranco, dueño de una tiendecíta de comestibles; Isabel Verbenera, con seis h i j o s y marido jornalero. E l albañil Narciso Borrego, que trabaja de oficial con Joaquín Muñoz, también lleva una participación de cinco pesetas. Valdivieso, el mozo de estoques de Pepito Bienvenida, juega asimismo una peseta. Y un panadero de Alcalá recibió el pago de unas tortas en dos pesetas de participación. Por tanto, puede decirse que por las tortas de referencia han abonado al afortunado industrial alcalareño l a bonita suma de ocho m i l pesetas. Contrasta con todo lo antecedente la mala fortuna del encargado de la calefacción del Hotel Madrid, Manuel Benjumea, que rechazó todas las ofertas que se le hicieron para que jugase algo. Como es el único que no, participa, el personal le ha ofrecido un buen regalo para que la alegría llegue a todos. Otro muchacho, a quien la fortuna no l e ha sido esquiva, es el chico recadero Jesús Cuesta, quien, como sus medios económicos no le permitían adquirir participación, le fué regalada por el director una de cinco pesetas, que va a ver ahora convertida en cuatro m i l duros. E l intérprete Manuel Casañes estaba seguro de que le tocaría un premio grande E l caso más pintoresco ha sido el del intérprete del hotel, Manuel Casañes, que vive, con su esposaren la Ciudad Jardín. Casañes, hermano del aquel torero que murió en circunstancias trágicas, tiene recogidas en su casa tres sobrinas, a las que ha criado como hijas. Anoche, según referencias de los vecinos, la mujer dijo a M a nuel que había soñado que como era tan bueno para todos sus familiares vendría un inglés, que le traería una fortuna Con esto, la mujer de Casañes quería expresar, en forma simbólica, que le tocaría un buen premio en la lotería. A y e r mañana, el intérprete fué, como de costumbre, a afeitarse en la barbería cercana al hotel Madrid, encontrándose en ella con el lotero. Serían las nueve de la mañana y Casañes dio la enhorabuena al maestro Otero, afirmando que en su administración había caído un premio grande, no sabía si el primero o el segundo, precisamente en el número que él jugaba. E l maestro Otero sostuvo con su interlocutor un leve altercado, tachándolo de v i sionario y diciéndole que cómo podía saberlo, si apenas habría comenzado el sorteo. N o s v a querer hacer creer éste que es sabio dijo el maestro Otero. Casañes salió enfadado, replicando que se lo había dicho su mujer, que nunca mentía. H o r a y media más tarde, el maestro y Manuel se abrazaban emocionados. A Otero no hay quien le quite de la cabeza que esto es cosa de brujería. E l intérprete Casañes lleva veinte pesetas de participación, de las cuales ha cedido dos a su cuñado Antonio Castrillo, carnicero de! mercado de la Encarnación. Esta cesión la ha hecho Manuel después de conocer su fortuna, y a condición de que dicho cuñado regale una cartilla del A h o r r o Postal a cada una de sus sobrinas. También ha dado una participación de una peseta a una vecina que se encuentra en situación apurada. E l futbolista Adelantado, que es hermano político del intérprete, no ha querido aceptar la invitación que su familiar le hiciera de jugar en el número. N o obstante, M a nuel dice que a todos alcanzará la suerte. E n las lides loteras, no hay duda de que U n albañil afortunado E l albañil que trabaja ordinariamente en las reparaciones del Hotel Madrid, llamado Joaquín Muñoz, adquirió un vigésimo del segundo, directamente en l a administración de la calle Méndez Núñez. Joaquín está verdaderamente confuso, y manifiesta que le molestan las exhibiciones, rehusando el dejarse retratar por los reporteros gráficos, quienes, al fin, convencen al afortunado. Muñoz ha repartido profusamente el v i gésimo entre los vecinos de la calle Encina, casi todos modestos obreros, que no disimulan su alegría. E n la calle Encina el día de ayer fué de fiesta, registrándose algunas escenas curiosas. U n a jovencita agraciada, que aguardaba para casarse a que su novio mejorase de fortuna, estaba loca de alegría porque entre ella y su prometido juegan seis reales en el 21.566. Seis mil pesetas les corresponden. L a muchacha contaba a todo el mundo el caso e invitaba a la boda a cuantos la escuchaban. Entre los agraciados de 1.3, calle Encina ti 3. St 3. tltC Y en la lejanía, el rostro enigmático del Sr. Carner sonríe misteriosamente, encan-
 // Cambio Nodo4-Sevilla