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A B C. JUEVES 24 DE DICIEMBRE DE J 931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAO, 15. INTERPRETACIONES CINEMATOGRÁFICAS E l mundo sufre una fuerte perturbación económica; España padece los efectos de tma grave, crisis económica; M a d r i d está plagado de pedigüeños. S i n embargo, en eualquier día de la semana, los cines se ven Henos de público. Este es un fenómeno que brindaría larga y curiosísima materia de estudio a los técnicos de la psicología social. Nosotros nos limitaremos a sacar del hecho esta única consecuencia: que el hombre sien. te una insuperable necesidad de divertirse, y que no renuncia a la diversión ni en el mismo instante en que la tragedia scude con sus más espantosos horrores. S i el desmoronamiento de la civilización imperial sorprendió a los romanos mientras s ¿divertían en el circo, hay razones para suponer que la ruina de la civilización moderna, si por acaso tuviera que, arruinarse, sorprendería a la gente en el cine o en un campo de fútbol. E l cine, por el momento, es el supremo déspota. Nos ha esclavizado a todos, cultos y vulgares, viejos y chicos, y será inútil que nadie mantenga actitudes de rebeldía frente a lo que resulta fatalmente irreparable. Todavía hay obstinados y fervientes defensores del teatro; pero nada podrá evitar que, uno tras otro, los teatros mueran, al mismo tiempo que se multiplican los rwes. Tampoco dará mejor resultado esa ¿mica un tanto inocente a propósito de la superioridad literaria y espiritual del drama representado o del drama filmado. N o entre una obra de Sófocles, de Shakespeare y de Calderón y una película yanqui o alemana, la duda es imposible. S i n embargo, el público en masa prefiere ver una película... Y contra semejantes decisiones del sufragio universal, las protestas no sirven para nada. ¿Hasta dónde puede llegar el arte cinematográfico cuando está asistido por la mejor intelig- encia? T a l es la pregunta que sugiere una película, por ejemplo, del extraordinario valor de Fatalidad. Y o recuerdo que, al verla, sentí como pocas veces lo que podríamos llamar plenitud de la expectación Durante más de tma hora rai espíritu permaneció apresado por una narración rápida y de una enorme intensidad que no consentía distraerse, que no daba tiempo a desviar la atención hacia ningún otro lado y que mantenía al ser entero en una especie de trance emocionado. P a r a que un efecto así pueda lograrse, indudablemente ha de intervenir un talento excepcional. U n talento, sobre todo, distinto. E l talento que sabe penetrar los secretos de la psicología moderna. Porque, naturalmente, l a expectación humana no tiene igual sentido e. n todas las épocas. Digamos que en cada época la expectación presenta una dimensión particular, y así nosotros concebimos difícilmente que una multitud de, caballeros y señoras, con trajes incómodos y en una etiqueta, muy exigente, soportase durante cuatro o seis horas l a representación de una tragedia de Racine o de Voltair. e, llena de interminables y elocuentes parlamentos en versos concienzuda e irreprochablemente escritos. Nuestro poder de atención se ha hecho breve y nervioso. Nuestra capacidad de fastidio o aburrimiento es, en cambio, tan grande, que quien aspire a mantenernos curiosos e interesados necesita poseer de veras una excepcional imaginación. E n la película Fatalidad se da el resultado que pocas veces suele conseguirse en el arte espectacular, y que consiste en hacer que todas las personas que intervienen en ei espectáculo manifiesten un talento y fina perfección singulares, por secundario que sea su papel. L a fuerza de la acción no car- i s ímímfm tmsí gráfica! le! página. presesale iróraeTO cessáiiráa e n l a pegiaíttümsi ga sobre un personaje, sino sobre todos por igual. D e este modo, el joven teniente que al final de la película tiene que dar la orden de fuego al pelotón de soldados adquiere en un instante una importancia mayor que la protagonista, se erige en el centro dramático de la obra y representa su papel con una enorme inteligencia. E s lo mismo que se proponía Ricardo Wagner en la ópera, como oposición al sistema italiano de hacer cargar la fuerza del interés en una romanza del tenor o en una frase inspirada de la tiple. E s la teoría del valor emocional del conjunto frente al predominio del divo. Y no hay duda que la sensibilidad moderna rechaza al divo, todas las especies del divo, cada día con más decisión. Otra admirable virtud posee la película Fatalidad. E n ella se considera previamente que todos los espectadores se hallan dotados de una comprensión despierta que hace innecesarias las explicaciones. E s decir, que el narrador cuenta desde luego con que el público sabrá percibir los matices del drama y seguir su desarrollo sin perder por un instante la tensión de su curiosidad emocionada. Cuenta con que los espectadore: acuden al espectáculo exclusivamente por el propio espectáculo, y no para pasar el tiempo o para decirse frivolas ternezas en la penumbra de las muelles butacas. Así es como se logra esa insuperable rapidez de la acción, esa marcha sintética y cautivadora a través de los emocionantes episodios y esa, por último, total entrega del alma del espectador al despotismo del profundo espectáculo. r gel, Ramón Novarro, -Ivor Novello, Monroe Owsley, A n i t a Page, Irene Purcell, Norma Shearer, Lewis ¿tone, Lawrcnce Tibbett, Ernest Torrence, Robert Young. E n Columbia Studios, 1438 Gower St. Hollywood (California) Richard Cromwel! Ralph Graves, Jack ¡Holt, B u c k Jones, Loretta Sayers, Bárbara Stanwyck, John Wayne. E n Universal Studios, Universal City (C a l i f o r n i a) L e w Ayres, John Boles, Sidne 3 F o x Ros Hobart, Genevieve Tcbin, L o i s W i l s o n Aquí vivió Greta Garbo L a casa de la estrella del N o r t e v a a ser abierta para todo el mundo. N o faltará nada en el hotelito que albergó hasta hace pocos días a la gran actriz; todo estará en su sitio, menos ella. Greta ha desaparecido sin dejar las señas de su nuevo domicilio. H a y quien asegura que está en Santa Moni ca de riguroso incógnito y que se marchará a Suecía cuando termine su contrato con la Metro, hacia fines del próximo abril. U n conocido escritor ha alquilado en 600, dólares mensuales el hotelito abandonado por la misteriosa Greta, y piensa convertirlo en Museo. Los amigos de miss Garbo hacen de todo esto los más variados comentarios. U n a señora que la conoce muy bien d i j o Creo a miss Garbo lo bastante aldeana para retirarse del cinema en plena gloria Y otra que la conoce mucho mejor repuso: E s o es hablar por hablar, porque Greta es, sobre todo, una mujer de negocios y no se retirará a la vida privada si la Metro se conduce nob e y financieramente bien con ella L a esfinge, por su parte, no dice nada. Escucha, ve, calla y sigue filmando su M ata- Hari. E l signo de nue- stro tiempo es la velocidad. C o n asombrosa rapidez vivimos, y con rapidez idéntica se transforman los modos de la cultura, de las ideas, de los sentimientos. E n pocos años hemos asistido a la transformación política, social y moral de las naciones. Semejantemente hemos visto perfeccionarse inventos, como la aviación, que habían nacido con una torpeza que parecía imposible superar. E i cine nació también con el estigma de la torpeza, como corídenado a servir de mediocre juego para muchedumbres vulgares. Pero en poco tiempo el cine ha conseguido absorber las mejores esencias de nuestra civilización, hasta convertirse en lo que ya es actualmente: el único espectáculo capaz de tiranizar completamente el alma inquieta y un tanto arbitraria del hombre moderno. JOSÉ M a La pareja de moda Lupe Vélez y John Gilbert son las figuras de actualidad en Cinelandia. Lupe ha reñido con Gary Cooper y John está pendiente de su divorcio, porque, aunque Ina Claire le ha dejado en absoluta libertad, el juez no acaba de pronunciar su última palabra en el asunto. S i n embargo, y a pesar de sus negativas, Lupe y John son novios para todo el mundo. Últimamente las alegres comadres de H o l lywood han hecho un importante descubrimiento: Gilbert salió, para Europa solo; pero a los pocos días la impetuosa mejicanita embarcaba en Nueva Y o r k con rumbo desconocido. Y Gary Cooper, al saber la noticia, lanzó un suspiro de satisfacción. Resurrección de Clara B o w L a muchacha que tiene ello ha v i vido en película durante el año que está a punto de terminar. Gloría, decadencia, escándalo con su secretaria, grave enfermedad, pérdida de contrato y, finalmente, su boda con Rex Bell. Nada más. C l a r i B o w entrará en 1932 completamente transformada vida tranquila de hogar, ofertas de productores, popularidad que vuelve... Y todo esto gracias a Rex, el humilde cow- boy, su leal amigo de siempre, que ha encontrado ahora el premio a su paciente, espera; mistress R e x Bell hallará abiertas las puertas de todos los estudios, las mismas que se cerraron ante ella cuando no era más que Clara Bow, la terrible flapper. Sam R o r k productor independiente, asegura que tiene bajo contrato a mistress Rex B e l l la Columbia también lanza su nombre para la próxima temporada; el viejo Laemmle quiere que figure en la nómina cíe la Universal. Pero Clara B o w no ha firmado todavía; sólo se sabe que a Laemmle le pidió 150.000 dólares por una sola película. Y se sabe también que en los carteles la famosa oel irroia seguirá siendo Clara B c w SALAVERRIA CINEGRAMAS Páralos admiradoi- es de las e s t r e l l a s Artistas que figuran actualmente bajo contrato en Metro- Goldwyn- Mayer Studios Culver City (California) N i l s Asther, Wilíiam Bakeweil, Lionel Barrymore, Wallace Beery, Charles B i c k ford, John M a c Brown, Jackie Cooper, Joan Crawford, K a t h r y n Crawford. Janet Currie, Marión Davies, Rcginald Denny, Marie Dressler, C l i f f Edwards, Madgé Evans, Clark Gable, Greta Garbo, John Gilbert, Charlotte Greenwood, W i l l i a m Haines, N e i l Hamilton, Jean Hersholt, Hcdda Hopper, Lesíie Hovvard, L e i l a Hyanis, Doroíhy Jordán, Buster Keatcn, Marjorie K i n g M y r n a L o y Joan Marsh, Adolphe Menjou, John Miíjan, Ray M i l l a n d Robert Montgomery, PoHy Moran, K a r e n Morley, Conrad N a-