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N U M E R O EXTRAOR DINARIO 20 C E N T S AÑO YIGES 1 MOm k SEPTIMO. NUMEROEXTRAORDINARIO 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMOm m SÉPTIMO, VISTA D E L PRADO, DE MADRID, TOMADA POR LA ESPALDA DE LA FUENTE D E L DIOS NEPTUNO STA situada esta bella plaza, la m á s bella tal vez de M a d r i d en parte de lo que se llamó Prado de San J e r ó n i m o l i n dando con el Prado viejo. A mediados del siglo x v i y a se tienen a. estos poéticos y legendarios lugares por delicioso paseo de frondosas arboledas. E l Prado es la maravilla de M a d r i d y su orgullo- m á s legítimo. A s í nos l o comenta y nos lo elogia ya el maestro Juan L ó p e z de H o y o s en su libro sobre la entrada de l a Reina A n a de Austria en l a villa y vieja C o r t e después van a ser todas las literaturas de todos los tiempos quienes c o n t i n ú e n e ¡comento elogioso. Pero no tiene a ú n la i m portancia q u e luego ha de adquirir durante la privanza del pod e r o s o D Francisco Gómez de Sandoval, duque de L e r m a cuando no era m á s que m a r q u é s de Denia, mas ya o m n í m o d o favorito. C o n sus magnificencias de gran señ o r viene a darle un mayor esplendor; así, en esta ya entonces plaza, frontero del de Maceda, construye su palacio, admirable mansión, que hace fa- E mosa por las inmensas riquezas que logra atesorar. Llenando eti su parte yerma del Prado viejo un espacio, con lo que a l E r a r i o merana. levanta, altivo, el de Lerrna suntuoso y rico palacio. Nos dice, recogiendo el sentir del vulgo, un altísimo poeta, de aquel palacio, nidero MATANZA D E PATRIOTAS EN EL PRADO de los tesoros ducales. Vastísimo en su extensión, no ofrecía al exterior nada notable por su arte, como no fuera su fachada principal, colocada en l o que hoy es plazuela de las Cortes, por campear en ella el viejo, escudo de los Sand- ovales y los L a Cerda, que obligó m á s tarde, cuando alzaron sus palacios, a los marqueses de Valniediano- -hípica vivienda lastimosamente desaparecida- -y a los duques de Vi Iahermosa a que, por obedecer a un privilegio de heráldica, pusieran sus blasones en las adiadas respectivas q u e daban a sus jardines. A l morir el d u q u e por entronques de familia pasa a ser propiedad de los Medinaceü, y el heredero, el duque Antonio, quiere reverdecer las fastuosidades del antepasado, y hace famosas sus fiestas, a las que. Mecenas de los grandes artistas de su tiempo, invita a los m á s celebrados, y en una de ellas, víctima de las persecuciones y de las venganzas del conde- duque, fué preso, y de allí conducido a l encierro de San M a r cos, el esclarecido seño: de la Torre de