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A MONTE- ATRAVIESA Las blancas casitas de los guardas de El Pardo. iliiMiiSiSsBSIS LA CASA D E L TORNEO N la llanada inmensa, sobre la tierra obscura, con pinceladas blancas en los barrancales y en las grietas, destacan sus copas redondas y verdosas las encinas. Juntas, apelotonadas, diríamos mejor, cubren las laderas, subiendo a borrar el perfil ondulante de las lomas, llenan las torrenteras- -seguro cobijo de la caza mayor- invaden los arenosos barrancos y extienden su mancha negruzca por la planicie dilatada que va hacia Velada, Valdelapeña y Navachescas desde la orilla derecha del río, para cortarse bruscamente, con caprichoso trazado, en las amplias praderas o en los juncales de las cañadas y los valles. Del encinar, que aprisiona, alta cerca de manipostería- -linderos de la finca desde remotísima fecha- -surgen a gran distancia unas de otras las blancas casas de los guardas, y tras los ásperos declives del Hito y Casablanca y la barrera del Hoyo- -picachos y pedrizas- -destaca el Guadarrama, fondo incomparable de este cuadro bellísimo, la línea azulina de su imponente mole. Va cayendo la tarde. Se hunden en la penumbra barrancos y hondonadas, mientras adquieren más relieve el blanco trazado de los solitarios caminos, las manchas amarillentas de las junqueras secas y el verde claro de los viñedos, que desde las tapias, por la parte Norte, se muestran en suaves ribazos hacia tierras de Colmenar. Percibimos triste y monótono, casi medroso, el rumor de las aguas del río que, lento, marcha hacia Madrid. Más tarde, el monte, ya en sombras, se recoge en profundo silencio... E Hemos dormido en La Angorrilla, merced a la gentileza de Manuel Aleixandre, su arrendatario desde muchos años. Por la mañana, muy temprano, hemos salido a la explanada, sobre la que se levanta la casa. Esta es, como todas las del monte, de un solo piso; pero sólida, fuerte. En la fachada que da al Mediodía se abren, la puerta y dos ventanas, qué ventilan y dan luz a la cocina- -de ancho humero y hogar bajo- -y a una gran pieza destinada a comedor, donde los socios del vedado se reúnen para almorzar generalmente los días de caza. En la entrada, que es amjilia y empedrada, el cantarero, a armería -sitio destinado a las escopetas de los socios- -y, junto a ella, las perchas para la caza y las que se utilizan para las guarniciones del caballo, la bandolera y el fusil de guardería. Al interior, cámaras amplias, dormitorios, un cuarto donde se arrinconan varios aperos de labor junto a grandes montones de bellotas, y, por último, las alcobas de! guarda y su familia. Delante de la casa, un patinillo de construcción reciente y, resguardándola de los vientos norteños, cobertizos, pajares, corrales, gallineros y cuadras. Desde la plazoleta que hay frente a la casa, y en- la que comienza la carretera que pone este cuartel en comunicación con el camino de El Pardo a Colmenar, el panorama es maravilloso, espléndido. La arboleda se pierde en la lejanía, y entre las encinas y allá por los confines del horizonte, distinguimos unos puntitos blancos... Son las casas que hemos de visitar. No hay, pues, tiempo que perder. De la meseta de La Angorrilla descendemos al Torneo, situado en amplísima planicie, donde, sin duda, diéronse las fiestas á que el cuartel debe su nombre. Se halla a quinientos metros de la orilla del río, en la parte servada de la finca; es decir, en la que rio se arrendó nunca para caza a Sociedades y particulares. La casa, quizá por tal razón, ofrece pocas comodidades y ningún interés al visitante. Una enorme encina da sombra a la llanada, en la que por su pasto fresco y abundante detiénense con frecuencia los ganados. Del Torneo a Velada, que eleva sus blancas paredes junto a la orla de piedra y ladrillo que separa el monte de lasfinca? vecinas, surgiendo alegre del follaje en uno dé los lugares más agrestes. De reducidas dimensiones y dé acceso difícil, porque no tiene, como otras viviendas del monte, vías de comunicación, es de las menos frecuentadas y conocidas. De. ella a Navachescas, Castrejón y Portillo hay que recorrer una distancia enorme por terreno quebrado, cubierto de maleza, que hace penoso y lento el. caminar... Bajemos, pues, al río, y, atravesándolo por frente al sifón de la Hidráulica, tomemos la carretera que ha de conducirnos a la Torre, propongo a Duque, quien me acompaña en la excursión. La proximidad de la tapia nos recuerda que hacia el Norte, es decir, en el lado izquierdo de la finca, bajando por el rio, se encuentran Valdelaganar y San Jorge, que también visitamos, aunque no encontremos en ninguna de ambas casas algo digno de