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ZARZUELA. L L I N O T O NÍA, SO EJEMPLAR EN LA WE- HERMOPLANDE TADO TIEMPO AMADEO mención. L a primera, sin embargo, tiene, por hallarse frente a tierras colmenareñas, las bellas perspectivas que le ofrece este pueblo y las primeras estribaciones de su inmediata sien a. Levántase la casa de San Jorge en una coüna rodeada de jarales, a poca distancia de la cerca, y es, por la adustez del paraje y aun por su propia construcción, una tic las más tristes, reducidas e incómodas del inmenso vedado. Tapia adelante, llegamos ai P r a d o del Gamo, por donde entra en el monte el arroyo Tejado, que es en realidad la línea divisoria que separa L a A n g o rrilla de los cuarteles el Águila, el Goloso y T o r r e de la Parada. De estas tres, que, aunque rápidamente, visitamos, sólo hemos de referirnos a l a última. -pues su construcción data del tiempo de Felipe IV. Aseguran los escritores que de esta T o r r e se ocupan que el interior del edificio, indudablemente levantado a pocos kilómetros de K l Pardo para que sirviera de lugar de descanso o parada en las excursiones cine- géticas, estuvo adornado, nada menos que por Rubens, con lienzos mitológicos, que se conservan actualmente en el Museo del Prado. Según esos mismos escritores, en T o r r e de la Parada existió un oratorio, cuyas paredes valoró Vicente Carducho con varios cuadros religiosos H o y no quedan vestigios de tanta suntuosidad y riqueza. Dos casas de piedra, de sólida fábrica; una lonja empedrada; un muro, rematado por grandes bolas de granito... Seguimos a Valpalornero, que no ofrece a nuestra curiosidad dato alguno interesante, y, casi sin detenernos, encaminamos nuestros caballos a la Quinta del duque del A r c o cuya casa, después del palacio de E l P a r do, es la más importante de la finca. T i e ne, en efecto, 32 hectáreas de terreno amurallado, en el que hay plantadas 32.000 vides (25.000 tempranas de albulo y las restantes de moscatel) y 2.220 olivos. H a y abundantes moreras, y en la huerta, con variadísima colección de frutales, se cosecha toda clase de hortalizas. E n el bello jardín que desde e! mirador de la cascada, no lejos de la casa, puede admirar el visitante, hay bustos, estatuas, siete estanques, que se surten con las aguas de tres viajes, que dan sus nombres a otras tantas fuentes: la de L a gruta, L a s abejas, y Caño dorado; un lavadero, y en la parte Oeste del recinto patios y cochiqueras para el ganado, gallineros, palomares y algunas viviendas destinadas a los pastores, zagales y guardas. E l palacete, que es de una sola planta, con entrada por una pequeña escalinata, se halla actualmente cerrado por disposición del. Gobierno de la República. Poseyó en tiempos, a lo que parece, algunos cuadros de importancia y un gabinete, cuyos muros se hallaban cubiertos de dibujos y pensamientos de diferentes autores; pero ignorarnos si esto y la lujosa colección de papeles I m p e r i o que revestía las paredes de otros compartimientos se conserva todavía, porque, como más arriba hemos dicho, siguen precintadas las puertas- del edificio. Abandonamos tan evocadores jardines para dirigirnos ahora, en automóvil, a Zarzuela: mas como el camino que va directamente al pueblo de E l Pardo deja a nuestra espalda el cuartel de Somontes, optamos, aun a trueque de dar un rodeo, por seguir el que empalma, junto a la casa del Vedado, con la carretera de M a d r i d y ello permite a Duque obtener una fotografía de la vivienda que es más familiar a cuantos visitan esa parte del viejo cazadero. ¿Quién, en efecto, no recuerda la casa de Somontes, con su tejadillo, sus pies de madera, sus muros blancos, encalados, sobre los que proyectan suave sombra las hojas verde claro de una parra que trepa desde el suelo a afianzar sus pámpanos entre los hierros de angosta ventanita... Desde Somontes, a E l Pardo nuevamente, y atravesando el Manzanares por el puente donde comienza el camino de la ermita del Cristo, a la Trofa- -que no nos ofrece ningún dato informativo- -y, por último, ¡a Zarzuela! Conocidísima la historia de este palacio, construido para solaz y recreo de los cortesanos de Felipe I V por el cardenal infante D. Fernando, gobernador de Flandes. 110 hemos de repetir aquí detalles y datos- -tal que el de la representación de Él jardín, de F ai crina, de Calderón de la B a r c a en 1628- -que en fuerza de divulgarse son por todos sabidos. L a casa, que es también de planta baja, forma un rectángulo con cinco huecos en la fachada principal. E n época de Amadeo se plantó la VV ellingtonía, hermoso ejemplar, bajo el cual nos detenemos para contemplar arrobados las maravillas del paisaje: un jardín bellísimo, con profusión de flores; huerta espléndida en el plano inferior, plantas trepadoras por los muros, árboles frutales y. al fondo, las obscuras laderas del monte, cubiertas de encinas. Soberbio, inmenso panorama, cuya vista compensa la fatiga que el largo recorrido nos produce! Pero... ¡hay que regresar! Hemos cruzado en todas d i recciones este coto, que fué uno de los primeros y más importantes cazaderos de E s paña y hoy no tiene ya un conejo- -tal ha sido la saca y tantas las batidas, que en setenta kilómetros no hemos logrado ver más que unas cuantas reses- y hemos visitado la mayor parte de las casas- -las casitas blancas de los guardas- si bien el día no nos ha permitido llegar a Portillo y Castrejón, como queríamos... Nuestro objetivo, no obstante, está logrado. De nuevo a la carretera, camino del puente de San Fernando; pero ahora pisando a fondo el acelerador, porque es tarde, muy tarde... A lo lejos fulgen ya, entre la neblina, las luces de M a d r i d MANUEL (Fotos Duque. TERCERO
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