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A B C en Londres. La afición d e l a v i d a J u g u e t e s d e Navidad. Rincón de una de las maravillosas ferias de juguetes, instaladas actualmente en Londres. vuelta a la primera juventud. Es terrible esto de ver cómo entran los niños de seis u ocho años en una casa de muñecas, dotada de todo lo que puede tener una casa verdadera, y sentir que es inútil pretender entrar, porque no cabemos ni a gatas. Es trágico pensar que nos t a c h a r á n de excéntricos si nos empeñamos en comprar y leer libros que se han escrito para gente menuda, que nos atraen e interesan realmente, no sólo porque sus cubiertas, de vivos colores, son indicio seguro de las emociones encerradas en sus páginas, sino porque en ellos podríamos hallar el medio de volver, aunque sólo fuese por unas horas, al mundo romántico de nuestra niñez, lleno de v usiones y fantasías. Comprendo perfectamente, y admiro del modo m á s sincero, la respuesta dada por cierto jugador español de fútbol, del equipo que íecientemente estuvo en Londres, que salió de una de estas ferias de juguetes llevando bajo el brazo un automóvil, reproducción exacta del célebre Pájaro Azul, del capitán Campbell, y casi tan veloz como aquél. ¿U n regalo para a l g ú n peque? ¡Ca, hombre! Esto es para mí. Nunca hubo, tantos muñecos juntos, tantos automóviles, aeroplanos, bicicletas, caballos, fieras, canoas eléctricas o de vapor, juguetes mecánicos, barcos de vela, vapores, buques de guerra, soldados, tanques, trenes de vapor o eléctricos, máquinas, juegos de salón o al aire libre, libros, carros, perros, gatos, baúles para muñecas, cajas de pinturas; qué sé yo. E n una jaula grande, un elefante pequeño y unos tigres de tamaño natural se mueven sin cesar mediante un ingenioso mecanismo, mientras, formando un grupo pintoresco, unos cachorros de león abren l a boca y tratan de alcanzar con las uñas a un sapo monstruoso, que se infla y- -T: m ni r i ¡rin ir rirjnninn i i r u Reproducción en sene ríe algunos de cic los principales Noé. tripulantes del Arca E n cincuenta, en cien, en doscientas tiendas de Londres, en los grandes almacenes y en todos los. establecimientos dedicados exclusivamente a hacer las delicias ae los n i ños, pueden verse desde hace unas semanas las tradicionales ferias de juguetes, que, con arreglo a una costumbre antigua, se celebran en. Inglaterra durante las vísperas de N a v i dades. L a instalación de estas ferias ha llegado a ser un arte entre los ingleses, arte en el que, probablemente, no tienen rival en el mundo, por el dominio que poseen de, la psicología infantil, y por su profundo conocimiento del niño en todas sus edades. Quien dude de la superioridad inglesa en lü materia, quedará convencido y enterado con sólo dedicar unas horas a la inspección detallada de una de estas ferias; en cualquiera de ellas podrá descubrir algo que no es únicamente ingeniosidad mecánica, i n ventiva feliz o acierto, comercial; algo que tiene su misterio, que es completamente maravilloso, y que consiste en la facultad de crear para los niños un país de ensueño y encanto, y de trasladar a los grandes al reino de su niñez. E n realidad, estas ferias de juguetes tienen todavía m á s atractivo para los mayóles que para los pequeños, porque mientras éstos se limitan a desear juguetes, los otros desean, con los mismos juguetes, una cosa imposible y, por ende, m á s tentadora: la. rrrTTT T: -r- iinT i i T n n
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