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se desinfla a la vez que abre y cierra los ojos. Para convencer a un niño de que todo esto es fantasía, hay que tener, no sólo un corazón muy duro, sino una habilidad extraordinaria; aparte de que es muy difícil i n teresar a los niños, mientras están en la feria, en todo lo que no sea aquello que ven sus ojos. L o s niños están aquí en su reino y en pleno dominio de él; los dejan pasear a sus anchas, les explican lo que no entienden, les permiten que toquen todos los j u guetes, y hasta ponen en movimiento cuanto hay, para que compren lo que quieran o disfruten siquiera durante un rato. de aquello que no pueden comprar. L a feria es una feria verdadera, y en cierto famoso almacén, situado no lejos de Knightsbridge, l a gran calle de Londres que disfruta el nombre medieval de Puente de los Caballeros la instalación ocupa casi toda una planta del enorme edificio; un asombro de organización y presentación, que por sí sola justificaría un viaje a la capital inglesa durante la temporada de Navidades. U n asombro, si. Aquí hay para niños de todas edades, desde los recién nacidos hasta los que tienen veinte años, y los juguetes y los juegos no son simples medies de distracción, destinados a actuar de pasatiempo durante unas horas, sino que sirven para estimular la inteligencia, determinar la inclinación individual e instruir a la vez que entretienen. E l niño incapaz de encontrar aquí algo que despierte su más vivo interés no es un niño; es un ostión desgraciado. Y qué elogio podremos hacer de los que tan acertadamente han sabido dar vida a sueños ingenuos, descubrir aficiones que constituVías férreas para el ensayo de ferrocarriles eléctricos, mecánicos o de vapor, con piscina para ensayar canoas automóviles, en jiña conocida tienda dr l,o ndres. yen promesas, y encauzar una curiosidad i n teligente, tan digna de ser conservada durante años sucesivos? N o es cosa fácil; díganlo, si no, esos libros escritos para n i ños muy niños, que el día de mañana han de ser hombres muy hombres, y esos juguetes, modelo de ingeniosidad, que lo mismo cautivan a los grandes que a. los chicos. Nada de esto es cosa fácil. Como no lo es tampoco sostener estas ferias año tras año, mejorándolas siempre y haciéndolas cada vez más interesantes, para que reflejen en todo momento los progresos que la H u manidad consigue en el mundo de las realidades, y para que, de paso, inculquen en 3 a generación futura un patriotismo sólido y fundamentado. Centenares de miles de n i ños ingleses sabrán estas Navidades, gracias a sus juguetes, que Inglaterra posee los rccoras de velocidad en el aire, en el agua, en automóvil y en ferrocarril; y centenares de miles de niños ingleses leerán todo lo que para ellos se ha escrito sobre las últimas proezas británicas. Todo está previsto y organizado. desde hace muchos meses, y todo está perfectamente logrado. L u i s ANTONIO BOLÍN Londres, dicicmbie de 1931 Campamlleros y coristas r infantiles j, v 7 cantando los, clásicos villancicos durante las JÍSperas, de J Fpfá flTM? fo G ntr -Í Prests- Xavidad.
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