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A B C, V I E R N E S í DE ENERO DE 1932. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G SÍ. el matrimonio cristiano y la restauración del orden social, donde se contienen las direcciones precisas y prácticas que mejor convienen al renacimiento católico de España. C o n c u r s o a la V i d a civil y pública Cuanto más difícil aparezca la situación de la cosa pública en nuestro país más habrán de redoblar los fieles su celo y esfuerzo en defensa de ía fe católica y al misino tiempo de la Patria, dos deberes fundamentales a cuyo cumplimiento ningui de ellos puede substraerse. E n consecuencia aportarán su leal concurso a la vida civil y pública con tanta más razón porque los católicos, por la virtualidad misma de la doctrina que profesan, están obligados a cumplir tal deber con toda integridad y conciencia; aunque no puedan aprobar loque haya actualmente de censurable en las instituciones políticas, no deben de dejar de coadyuvar a que estas mismas instituciones, cuanto sea posible, sirvan para el verdadero y legítimo bien público, proponiéndose infundir en todas las venas del Estado, como sabia salubérrima, la orientación y l a virtud de la Religión católica. U n buen católico, en razón de la misma Religión por él profesada, ha de ser el mejor de los ciudadanos, fiel a su Patria, lealmente sumiso dentro de la esfera de su jurisdicción a la autoridad civil legítimamente establecida, cualquiera que sea la forma de Gobierno. A c a t a m i e n t o y obediencia al P o der constituido L a Iglesia, custodia de la más cierta y alta noción de la soberanía política, puesto- que la hace derivar de Dios, origen y fundamento de toda autoridad, jamás deja de inculcar el acatamiento y obediencia debidos al Poder constituido, aun en los días en que sus depositarios y representantes abusen del mismo en contra de ella, p r i vándose de esta suerte del más poderosa sostén de su autoridad y del medio más eficaz para obtener del pueblo la obediencia a sus leyes; con aquella lealtal, pues que corresponde á un cristiano, los católicos españoles acatarán el Poder civil en la forma con que de hecho existía, y dentro de la legalidad constituida practicarán todos los derechos y deberes del buen ciudadano. U n a distinción empero habrán de tener presente en su actuación: la importantísima distinción que debe establecerse entre P o der constituido y Legislación Hasta tal punto esta distinción es obvia que nadie deja de ver cómo bajo un régimen cuya forma sea la más excelente la legislación puede ser detestable, y al revés, bajo un régimen de forma muy imperfecta puede darse una excelente legislación. L a aceptación del primero no implica, por tanto, de ningún modo, la conformidad, menos aún la obediencia a la segunda en aquello que esté en oposición con la ley de Dios y de l a Iglesia. Pero las naciones son sanables y las legislaciones perfectibles. S i n mengua, pues, n i atenuación del respeto que al Poder constituido se debe, todos los católicos considerarán como un deber religioso y civil desplegar perseverante actividad y usar de toda su influencia para contener los abusos progresivos de la legislación y cambio en bien de las leyes injustas y nocivas dadas hasta el presente, seguros de que obrando con rectitud y prudencia y dando con ello pruebas de inteligencia y esforzado amor a la, patria, sin que nadie pueda con razón acusarles de sombra de hostilidad hacia los Poderes encargados de regir la cosa pública. cacia del movimiento reparador de la legislación a que precedentemente les hemos instado no deben los católicos perder de vista la realidad actual para situarse debidamente y sacar de ella, y a pesar de ella, el mayor provecho. E s necesario como fundamento de toda otra actuación ía mayor i n tensidad de vida religiosa personal y colectiva dentro de los templos y fuera de ellos en el culto interno y externo más digno y fervoroso que hemos de dar a Dios y en el apostolado más consciente y activo con que hemos. de reavivar las tradiciones religiosas y restaurar el espíritu cristiano en el pueblo. Cuanto no sea esta obra primordial de actuar en profundidad l a fe, el sentimiento y él apostolado católico en la cultura y la vida individual familiar y social, será edificar sin base y reincidir en métodos inadecuados. Hemos de obtener la fuerza e independencia de la Iglesia, multiplicar su ministerio espiritual en la sociedad mostrada cada día más pujante, v i v a y apostólica aún en bien de aquellos mismos que quisieran verla menguada y proscrita de la vida pública de nuestra Patria. Y ello no se logrará si el mismo estado presente de cosas no se convierte desde luego en estímulo poderoso para que todos, sacerdotes y fieles, robustezcamos nuestra mentalidad, y nuestra conciencia de católicos y alcancemos aquella- renovación interior de idealismo religioso y de elevación sobrenatural, que en l a santificación propia y en la expiación paciente preparan las futuras energías con que ha 3 e. procurarse la restauración cristiana de nuestra sociedad, recobrándonos de tantos sopores y negligencias con que tantas veces se ha descuidado el mal con la abundancia del bien. Consecuencia inmediataVofe. esta orientación lia de ser una plena participación: en el ejercicio de todos los deberes religiosos privados y sociales, aportando cada uno el máximo concurso a la parroquia, al sostenimiento económico del Culto y Clero, al fomento de l a Prensa católica, a las Asociaciones piadosas y de apostolado intelectual y social, a la recta organización de los factores de producción y distribución de la riqueza y armónica y caritativa solución de los problemas entre los mismos existentes, a la defensa de las Ordenes y Congregaciones religiosas, en especial de las más atacadas y perseguidas; en suma, a todos los fines y actividades de la Acción Católica, que es la participación de los seglares en el mismo apostolado jerárquico de la Iglesia. 1 batir la enseñanza laica, trabajar por l a ms dificación de las leyes que la imponen y bajo ningún concepto contribuir voluntariamente a las instituciones que en ella se inspiren o promuevan. Así como procurando tener escuela católica para sus hijos, aun creándola propia si es preciso, y hay de ello posibilidades; los católicos no realizan de ningua manera obra- de partido, sino obra religiosa, indispensable a la paz de su conciencia, n i se proponen separar a sus hijos del cuerpo, y del espíritu de su na. rión, sino al contrario, darles la educación más perfecta y más capaz de contribuir a la prosperidad del país. A. sí también, oponiéndose a los avances de la escuela laica del Estado, impedirán la perturbación de la conciencia de muchos que, sin desear aquélla, habrán de llevar a sus hijos a la escuela pública descristianizadora y contribuirán a evitar la segura desmoralización del pueblo, si progresare la escuela atea, en que, según la. experiencia contemporánea ha demostrado, se convierte siempre l a escuela laica y neutra, a despecho de lo que pregonan sus defensores. Y no hay que o l vidar a este propósito las instrucciones da la sede apostólica acerca de las cautelas que han de poner en práctica los padres, cuyos hijos se vean en la precisión de frecuentar la escuela laica, informándose de los textos que en ella se enseñen para exigir, por todas las vías posibles, que, por lo menos, nada se les enseñe opuesto a la Religión y a la sana moral, subtrayéndoies diligentemente a la influencia de otros alumnos que pudieran pervertirlos, procurándoles friera de. la escuela una instrucción cristiana tanto más sólida, cuanto su hijo corra en aquella mayor peligro. V a l i d e z exclusiva del matrimonio canónico Ningún católico medianamente instruido tiene la menor duda acerca de la plena potestad de la Iglesia en el matrimonio de los bautizados, cuya celebración, legislación y jurisdicción, a ella sólo competen, sin merma n i dificultad de las atribuciones que en el orden estrictamente civil corresponde legítimamente al Estado. P a r a evitar, no obstante, cualquier confusión y ayudar a los menos ilustrados a tener ideas claras sobre este punto, tan i m portante para la vida familiar, y social, no se olvide que para los católicos, el válido y legítimo matrimonio es sólo el canónico y sacramental celebrado in jacta ecelesiae y por ésta regulado: a la jurisdicción civil compete solamente regular los efectos meramente civiles del matrimonio cristiano. Cualquiera imposición legal que pueda, sobrevenir estableciendo el llamado matrimonio civil obligatorio será para los católicos mera formalidad externa, sin eficacia i n trínseca alguna en su pacto nupcial. Los fieles sólo contraen matrimonio cuando el consentimiento nupcial se emite ante la Iglesia en la forma por ésta establecida, no cuando se cumplen las formalidades o ritos legales a los que el fuero civil obliga, aunque también para ellos quiera darles carácter de verdadero matrimonio; tales formalidades, empero, conviene no sean omitidas por los fieles, a fin de no provocar conflictos innecesarios y de que no sean negados efectos civiles a sus nupcias. Quienes prescindiendo del matrimonio canónico, y sólo cumplidas las formalidades legales, osaren v i v i r como cónyuges, faltarán gravisimamente a su conciencia de católicos, quedando excluidos de Jos actos legítimos eclesiásticos y privados de sepultura sagrada, si antes de morir no dieren señales ele penitencia. Sea igualmente indiscutido que el matrimonio cristiano es en sí mismo de tal modo indisoluble, que no puede ser disuelto n i por el cqnsentiniknto matrimonial. Reivindicaciones escolares N o obraría como buen católico quien en los actuales momentos no colaborase en las reivindicaciones escolares que constituyen punto capital del programa restaurador de la legalidad española, para ía defensa del derecho natural de los padres a escoger y dirigir la educación de los hijos y del derecho de los mismos hijos a que la formación religiosa y moral ocupe en su educación el primer lugar, del consiguiente derecho de la Iglesia a educar religiosamente sin trabas a sus fieles, aun en l a escuela pública; de la justa libertad de enseñanza, sin la cual aquellos derechos no podrían ser efectivos, y de la repartición, escolar proporcional que la justicia distributiva exige para que la escuela pública y privada rivalicen noblemente en la elevación progresiva de la cultura popular. Nunca los católicos se ocultarán lo bastante, aun a costa de los más grandes saerifiicios, en sostener y defender sus escuelas, así como en obtener leyes justas en materia de enseñanza; sus éxitos en este orden serán su mayor gloria y l a mayor eficacia de sus actuaciones, como lo han sido de los católicos belgas, que pueden servir de modelo en esta obra renovadora y constructiva. XÍNo menor esfuerzo lian de poner- -en com- N Intensidad de v i d a r e l i g i o s a p e r sonal y colectiva Dada la nueva situación legal y elegida ia la Iglesia en España y por grandes que puedan ser las esperanzas cifradas en la efi- 3? l siguientenúmero.
 // Cambio Nodo4-Sevilla