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A B C. S Á B A D O 2 DE E N E R O D E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G en la misma previsión de días mejores qué nos permite augurar e l n o desmentido patriotismo de. nuestros conciudadanos, en las muestras de fraternidad cristiana que hemos recibido de eminentes representaciones de los católicos de todos los países, y que de corazón agradecernos como estímulo de, fortaleza y augurio de- victoria, y, sobre todo, en la protección del Señor, de la V i r gen y de los santos, que son testimonio y, honor de la religión de nuestio pueblo. Con tal estado de ánimo fortalecidos, amados hijos, en el Señor, renovad el cumplí- miento fiel del deber de cada instante, que es camino de perfección, y lanzaos a la nueva reconquista religiosa que nos imponen las realidades presentes: ahondamiento en la cultura cristiana del espíritu, de la verdad y de la vida, recobramiento social de la eficacia de la fe en nuestro pueblo. P a r a ello revestios de Nuestro Señor Jesucristo, imitad sus entrañas- de misericordia y amad todavía más á vuestros conciudadanos redoblando para nuestro pueblo la caridad dé Patria, que también tiene forma de la so- brenatural y divina caridad. Fe, caridad y perseveranc i a en é l apostolado Hemos de poner fin a esta obligada declaración de criterios y de posiciones, en la cual todo espíritu ecuánime ha de ver el uimplimi- ento de un ineludible deber y l a clara voluntad de contribuir, por nuestra parte, a la pacificación, religiosa, política y social. Séanos, empero, permitido hacer sentir a todos los españoles nuestros más íntimos anhelos y recomendaciones, que salen de nuestro corazón de obispos y patriotas. Voces apasionadas claman todavía por la prosecución de una guerra implacable a la Iglesia, con un afán de exterminio que, cuando menos, es perturbador e irrealiza ble. Infundadas acusaciones continúan sosteniendo el gesto receloso e irascible contra la jerarquía y los católicos, como si fuese cierto el supuesto de que aspiran a la dominación política del Estado, o como si sus actitudes respondiesen de verdad a la viej a inculpación de ser los cristianos ciudadanos facciosos y enemigos de la cosa pública, de igual suerte que a nuestro adorable Redentor osaron declararle enemigo del César y subversor del pueblo. N i faltan hombres poco avisados que creen resuelta la crisis religiosa, pensando que con preceptos legales se ha amortizado a Dios y a la Religión en la vida española, y declarando que el catolicismo les es simplemente indiferente. O r t o d o x i a c i v i l de la Iglesia Vanas y temerarias recriminaciones e ilusiones. Después de nuestra colectiva declaración, nadie puede negar con fundamento lo que cabe llamar la perfecta ortodoxia c i v i l de los propósitos y orientaciones de la Iglesia, que no mira egoístamente sólo por ella y por sus intereses espirituales, sino muy eficazmente aún por el bien y la prosperidad de la nación, inseparables, quiérase o no, del progreso y estabilidad del orden religioso. N o es culpa nuestra si en España queda en pie una grave, honda protesta y reivindicación de libertad para ios derechos e independencia de la Iglesia, de cuya justa y eficaz solución son de esperar los mayores beneficios para el mismo fortalecimiento y auge del régimen, político. E n ninguna parte del mundo el catolicismo se tonia como un hecho social desatendible o como un problema de secta efímera. A ninguna potestad, a ninguna mente esclarecida es indiferente l a trascendencia moral y la actual fecundidad de la Iglesia católica, que, ha regido milenariamente la civilización humana a la que se mira en nuestros tiempos por doquier como la solución más coherente y orientadora de l a reacción espiritualista de la sociedad, contemporánea, y en cuya firmeza doctrinal e independencia afirmativa efe actuación en la verdad y en el bien confían innumerables hombres como en baluarte seguro del espíritu y dé la libertad humana frente a l a barbarie materialista de las herejías sociales invasoras y a los excesos de la opresión oesarista del nuevo absolutismo del Estado. Menos indiferente ha de ser eí catolicismo a gobernantes y ciudadanos españoles, porque si la historia de nuestra Patria revela de una manera incontrastable que él ha sido el elemento generador y conservador de su grandeza moral, l a experiencia ya asaz dura de las dificultades presentes habría de demostrarles que la i n fluencia religiosa es necesaria para fortalecer los vínculos sociales y asentar en sólidos fundamentos la paz espiritual y la consolidación progresiva del Estado. tas, que sabemos favorables para tan nobles eficacias religiosas y civiles, y de l a borar generosamente a fin de reparar los daños infligidos a nuestra sacrosanta religión, e v i t a r e n lo posible los que l a amenazan todavía, y preparar días mejores, en que Iglesia y Estado, de mutuo acuerdo, según corresponde a dos sociedades perfectas y soberanas en. su propia, esfera, coordenadas por la naturaleza que les dio Dios, autor de ambas, y por la necesidad de convivir armónicamente en bien de unos mismos hombres, cuya perfección sobrenatural y temporal fes está respectivamente! encomendada, renueven y alcancen la anhelada inteligencia con que se pueda asegurar en plena paz y estabilidad la constitución cristiana de nuestra Patria en el orden legal y social. Mucho habrá de ayudar al avance de tales anhelos. el mayor conocimiento de la verdadera naturaleza y actuación de la Iglesia, así como la ajena experiencia de cuan nocivas y perturbadoras han sido las rupturas entre la Iglesia. y el Estado, que después de violencias apasionadas, daños considerables de todo orden y largos períodos de arduas dificultades, han debido ser reparadas, recomenzando por el diálogo comprensivo, p o r e l trato amistoso, que nunca se debiera haber interrumpido para el logro de grandes bienes y en evitación de graves males. E n España, donde, a pesar, de la. situación a que. se ha llegado, no se puede desconocer la existencia de buenas voluntades aun entre los mismos hombres de gobierno, todavía se está en sazón de no desatender consejos y experiencias, que los peligros que amenazan al mismo consorcio social acumulados por sus peores enemigos, hacen todavía más preciosos y apremiantes. A m o r a los hombres y a los p u e blos A los hombres y a los pueblos les liemos de amar, no pdr lo que sean, sino por lo que pueden, deben y merecen ser ante lapresencia de Dios. Y no con el desamor los ganaremos, no con erguimiento sedicioso o violento reparan los cristianos los males que les afligen- es la confianza en la supremacía y fecundidad, aun humanas, del Espíritu, en ia potencia de la fe y la caridad activas lo que alcanza, con ayuda del Señor, la victoria. Nuestro adorable Salvador, que afirmó sus derechos divinos sobre los hombres diciendo: Q u i e n no está conmigo está contra Mí no quería que sus discípulos pidiesen fuego del cielo sobre la c i u dad que no les había recibido, y reprendía su exclusivismo con aquellas otras palabras, complemento y aclaración de las primeras Quien 110 está contra vosotros, a favor; de vosotros está (L u c I X 50) C o n tal. emoción perseverante de caridad y de espiritual optimismo, poneos a la obra de apostolado a que os estamos invitando, esforzadamente, generosamente, pacientemente. Y cualesquiera que fuesen las a f l i c tivas circunstancias en que veamos. sumer- gi. da. a. la Iglesia, no temáis n i pretendáis ejercer la vindicta que sólo al Señor corresponde. Recordad que la Iglesia vence, el mal con el bien, que responde a la iniquidad coa la justicia, al ultraje con. la mansedumbre, a los malos tratos con beneficios, y que en definitiva también la ciencia cristiana del sufrir es un poder de victoria. Somos maldecidos y bendecimos, sufrimos persecución y la soportamos, somos calumniados y oramos. (I. Cor. I V 12- 13) r ¡1 L a persecución, bienaventuranza de los cristianos Cualquiera, empero, que fuese el porvenir que por culpa. de los hombres el. Señor nos tenga deparado, vosotros, los- fieles hijos de la Iglesia, hijos muy amados nuestros, manteneos firmes en la fe, constantes en la caridad, perseverantes en el apostolado. N a d a te turbe, nada te espante- -decía la admirable y serenísima Teresa de Jesús- quien a Dios tiene nada le. falta. T a m bién las aflicciones y l a persecución por causa de la justicia son bienaventuranzas para los cristianos. N i os portéis jamás cómo quienes. no tienen esperanza. Motivos de consuelo no nos faltan para alentarla; ¿Quiere usted leer la a d mirable novela titulada Invitación a la p a z cristiana C o m p r e usted cuatro números de N o podíamos, amados hijos en el Señor, suscitar en vuestros ánimos tales sentimientos en días más propicios a l a santa dulcedumbre como éstos en que toda l a H u m a nidad se prepara a sentir la humilde y pacificadora alegría de Belén. P o r toda la tierra pasa la emoción íntima de los cánticos angélicos anunciadores de paz a los hombres de buena voluntad; aun los espíritus menos inclinados a la suavidad se estremecen ante la lumbre con que en las tinieblas de la noche resplandece el día eterno del Señor, que viene a nosotros para amarnos y redimirnos. L a gracia, la benignidad y el amor de Dios, nuestro Salvador, hácense visibles a todos los. hombres, para enseñamos a v i v i r con templanza, justicia y piedad en este mundo, renunciando a la impiedad y a las mundanales cpncupiscencias, en expectación a partir del 3 de enero próximo. E n esos cuatro números encontrará completa e ilustrada esta interesantísima novela. A r m o n í a f u t u r a d e l a Iglesia y el Estado Por ello no cejaremos los obispos de sostener los. principios y orientaciones, expues-
 // Cambio Nodo4-Sevilla