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M llancicos, cuyo encanto consiste en que se interpretó, a l nacer, en instrumentos improvisados, los que había en la c o c i n a cuando l l e g a r o n a l atardecer los pastores: almireces, panderos, una sartén, sonajas, hierrecíllos, tamboriles, zambombas, v i drios. (T a m b i é n e l jazs- band ha empezado en Castilla) Música pueril, ruidosa, buena para gritar y para aclararse la ronquera con vino. L a algarada queda muda c u a n d o aparece un telón alegórico de la naturaleza astral. L a mitad es amarillo- -el día- -y la mitad morada- -la noche- Albor tenue, de azulado difuso. Clavadas en el telón varias estrellas de hojalata, de las estrellas más legítimas de las dé cinco puntas y rabo. V a rios orbes, iguales a nuestro mundo, sometidos a la ley de la luz, que les ilumina una sola mejilla. Y son, por mitad, morados y amarillos. Es el universo, el panorama estelar, tal como lo concibe el dibujante de un pliego de aleluyas. Aparece un arcángel de túnica blanca y las dos alas tan mayores como su estatura. Eleva sus brazos a los cielos. Implora, estremecido, palpitante, como un ave. Irrumpe un grupo de ángeles idénticos, todos con sus alones de suave pluma y sus túnicas amplias. Se arrodillan, suplican una merced a Aquel que rige la altura, oración de colegiales en camisón de dormir. Expresan un férvido deseo, piden vehementes. Se obscurece el espacio infinito. Delgado rayo de luz viene a herir una de las estrellas de hojalata. E l Ser Supremo ha aceptado. Los ángeles se entregan a una alegría de miel. Danzan, en corro de chiquillos, y elevan un himno a su Creador con ese júbilo puro del permiso dé vacaciones. E l Arcángel. arranca la estrella y corre llevándola en alto como enseña triunfal. Reluce la estrella plateada y su c o l a chisporrotea c o l o res como la del co hete en los fuegos de artificio. E l telón ha desaparecido. Se ve un N a c i m i e n t o ese Nacimiento que se hace en la Navidad de España. Montañas de corcho escarchado, r í o s de cristal, praderas de musgo de seda, casitas de cartón, palmeras junto a serrijones nevados, a l d e a n o s del si; ÚSICA de vi- 1 glo x v i i t en el Portal de Belén, letreros en castellano frente al cortejo de los Reyes de Oriente, camellos olfateando los molinos de viento de la Mancha. Nacimiento de arcaísmos ingenuos y de anacronismos conmovedores. Esculturas póbrecitas, naturaleza de ensueño infantil, historia que es fábula. Pesebre tierno, degollación de los Inocentes sanguinaria, hosanna de velitas de cera, Palestina de cartón y España de barro, poesía en balbuceo y presencia de un Dios que se achica para acercarse a los niños, haciéndose E l todavía menos que niño: haciéndose recién nacido... (Cierra lo visible una escenografía circular. Los accidentes de! terreno ocultan caminos por los que pasarán, de un lado a otro, los elementos plásticos alusivos a cada momento de! a acción- E l decorado es sin cesar movible y torna parle en la danza general. Pastores de Lagartera comen, a la sombra de un árbol, sentados en el suelo. Mus allá muchachas de Extremadura varean los olivos. Las migas rojizas de pimentón hicieron beber a los lagarteranos y les da hormiguillo ver la guitarra. U n ahito se decide y rasguea la jota. Las extremeñas dejan de ordeñar los olivos y juntas con los toledanos bailan que se las pelan. Entre el árbol, como la llama bíblica brotó de la zarza, aparece el Arcángel mostrando la estrella. Los campesinos se admiran, regocijándose. E l Arcángel les invita a seguirle, desciende del árbol y les guía. Corrió se cansó de sostener la estrella con el brazo en alto, la ha clavado en una pértiga y la lleva estilo pendón de procesiones. E n marcha. E l caso es de alegría: extremeñas y toledanos caminan detrás del espíritu celeste saltando su jota. (Arboles, cabanas, todo se va también por los lados; simultáneamente salieron temas plásticos asiáticos que permanecerán durante la escena que sigue. E l séquito de los Reyes Magos vestidos con la magnificencia con que los recargó Van- Dyck. Los tres sátrapas arrastran el armiño y la púrpura. Los esclavos, encontrando el sitio a propósito, crean, con alfombras, doseles, almohadones y pebeteros un oasis de riqueza. Los Magos se detienen y la caravana de- camellos cargados de fardos preciosos, de guerreros con armaduras centelleantes, de siervos vestidos como príncipes y de mujeres de rostro irreprochable rodea a los señores. Los cuales enarbolan el astrolabio, el catalejo y el. compás y se ponen a hacer cálculos astronómicos. Entretanto, una bailarina oriental deja las babuchas, lindas como dedales, danza envuelta en la niebla de sus velos y en la neblina de un brasérillo humeante, al borde del cuadrilátero de la alfombra, estanque aterciopelado. Los músicos sestean somnolientos ritmos orientales. Presenta el Arcángel la estrella nueva. Confusión en los M a gos, que se encuentran con un astro desconocido. E l Arcángel les pide que le sigan, y toda la opulencia del cortejo- -marfiles, sedas, oro- -obedece con lentitud imperial, imantada la voluntad por un pobre lucero de hojalata. (Los accesorios que indicaban el anterior lugar ya se escondieron y se llenó el paisaje de molinos; y más cerca está un edificio mísero: el mesón. L a noche es helada: alrededor del mesón y de los molinos, árida tristeza. Vienen los pelotaris vascos de jugar en el frontón, enarbolan todavía sus cestas; visten el traje blanco de buenos muchachos, traje campechano en mangas de camisa, fajas y boinas rojas o azules. Juegan a la pelota un instante para entrar en calor y asaltan el mesón ágiles siempre en bellas actitudes deportivas. L a Virgen y San José, fatigados, lazrados. L a aureola que nimba sus cabezas fosforece. Miran el paisaje, que les repele, hostil. Sólo la luna se compadeció de ellos y los besa con luz humilde. L a Virgen se sienta en el poyo del mesón. San José golpea la aldaba. Aparece en un ventanuco el iMe