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ABC. MIÉRCOLES 6 D E E N E R O D E 1932. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G lambres en el estómago y espera cofi an us tia el momento del entreacto. Cuando esté llega, reclamo impúdicamente la presencia del hombre d e j o s bocadillos y devoro dos de ellos. Después vacio en m i estómago todiS una caja de chocolate suizo. Y el mundo cambia súbitamente. L a vida es bella, digna de ser v i v i d a Marlene, ahora, me parece insuperable; el vecino gordo de butaca, qua se me antojaba ordinario y vulgar, es realmente un buen hombre; la amiga que me acompaña tiene rostro de ángel y su vestido pudiera calificarse de sueño... Rueda la película. M i s ojos están en laí pantalla; mi pensamiento, sin embargo, se adelanta un par de horas a esta que ahora vivó Luego, a la noche, estoy invitada a na comida. L o siento por mis buenos propósitos, pero me parece que he de acabar por hacer al menú mis máximos honores. Por la transcripción, Gil de Escalante, UNA CONFERENCIA D E L C O N D E D E ROD E Z N O E N CÁDIZ Cádiz 5, 11 noche. E n el teatro Cómico se ha celebrado la segunda conferencia organizada por Acción Ciudadana, a cargo del diputado señor conde de Rodezno, viéndose el local totalmente lleno. D o n Juan Cervera, presidente de la Junta provincial, hace l a presentación del orador. Seguidamente el conde de Rodezno comienza saludando al pueblo de Cádiz y. expresa su orgullo por las ideas que profesa. Dice que es diputado navarro y siempre fue tradicionalista. E n su actuación parlamentaria y de propaganda por las provincias, añade que son hombres románticos, que luchan por oponer un dique a la ola revolucionaria anticristiana. N o es un extraño en Cádiz, donde tiene intereses, dice, y sabe que hay. masas ignorantes ante las cuales se le censura, no i n quietándole esas masas. A g r e g a que este es el momento propicio para que Acción Ciudadana salga a la defensa de los ideales cristianos, que son consustanciales con la patria. Declárase pesimista sobre el porvenir de nuestra sociedad, estragada con la propaganda venenosa, y al querer explicar lo que ocurre después de advenir este régimen, estima que fueron engañadas las derechas y las. izquierda: aquéllas, porque los hombres que ambicionaban el Poder les ofrecieron una República conservadora, de orden, religiosa casi, y a las izquierdas, unas teorías disolventes, que no podrían realizarse. Así se desarrollaron las elecciones de abril y junio. N o fué- -dice- -un cambio de régimen. E r a un duelo a muerte entre las ideas cristianas y las izquierdas, que creyeron en promesas irrealizables. Habla de 3 a confusión de ideas producida por las distintas predicaciones, en las que todos acaban por creer cosas absurdas. Las derechas- -afirma- -no podemos caer en la confusión que se pretende, y a este propósito recuerda l a obra El emigrado, de Burget, diciendo que por analogía la familia católica parecerá como emigrada de l a patria y parias con su dignidad disminuida. Nuestra actitud parece, a muchos cosa de intransigencia, pero nosotros no queremos mezclar la política y la religión. Nunca nos serviremos de la religión para la política, pero sí de l a política para la mayor gloria de los principios esenciales. Hace después una curiosa referencia de las distintas Constituciones promulgadas en los pueblos modernos. Cita las de Alemania, Baviera, Checoeslovaquia, Polonia y Yugoeslavia, para deducir que aun siendo países de tan opuestas creencias fundamentales a la de España, todas respetan la religión católica y en los presupuestos nacionales se consignan cantidades para distribuirlas proporcionalmente al número de creyentes. Cita también las Constituciones de las Repúblicas americanas y se refiere a la actual de España, preguntando: ¿es que la Constitución tiende a desespañolizar España? T a m bién la desnacionaliza en el orden político del Estado, pues la República no es unitaria n i federal. E l pacto de San Sebastián- -continúa- -obedeció a una fuerza revolucionaria existente en Cataluña, cuyo concurso se necesitaba. Habla del regionalismo vasco, que no v a contra la unidad de la patria, y si se respeta la sana autonomía regional, quetltrá España robustecida. Hace un recorrido histórico y dice que los primeros políticos que tuvieron el justo concepto de la tradicionalidad fueron los de Cádiz en 1812, aunque no. muchos confiaran de Francia- -añade- -porque, allí la conquista fué una gloria militar y aquí, por el contrario, se glorificó el centralismo. ¡Ojalá hubiese una sola Constitución, un idioma único, una misma religión para todos los hombres! D a fin a su brillante conferencia propugnando por la unión de todas las derechas en un frente único, para la defensa de la familia y de la religión. A l terminar estas palabras fué muy aplaudido. DE ECOS SOCIEDAD DIVERSOS Un día de mujer, contado por ella misma Recién levantada, quince minutos de gimnasia sueca. E l baño. E l desayuno: una taza de té sin azúcar, una galleta y bastantes frutas. Esto último engaña al estómago, proporciona pretexto para mover los dientes y no aumenta el peso. L o que me gustaría es averiguar por qué las frutas apenas tienen sabor- por la mañana. ¡Con la delicia casi espiritual que representan en cambio después de una comida... U n par de vueltas para ver los escaparates por el centro de la ciudad. H a c i a la una de la tarde, por costumbre, caigo en el bar de moda. H o y he hecho ascos a la ensaladilla, a las almendras y hasta a los flirts. L a vuelta a casa a patita me encierro en el budoir, mientras los demás almuerzan. Estoy satisfecha con la taza de consomé que me sirvan. E n el fondo, nada más fácil que no comer. P a r a reconfortarse basta con evocar la figura de una muclíachita de hoy. F i g u r a de Efebo exportado de G r e c i a nada de caderas, piernas delgadas, que se deciden sin titubeos a los largos jootings o hacen jugar los resortes en las pistas planas de los tennis. Después de semejante evocación juvenil y seductora, ¿qué mujer, verdaderamente mujer, es capaz de sufrir un tormento de hombre... r Noticias M a d r i d 6. E n la residencia dt l a señora viuda del Valle, distinguida dama cubana, se celebró ayer por la tarde una muy a n i mada fiesta de juventud, con motivo de presentar en sociedad dicha señora a la menor de sus hijas. L a encantadora muchacha, que vestía sus primeras galas de mujer, cuyo nombre es Pura, lucía un elegante vestido rosa, que entonaba con su graciosa y juvenil belleza. N o hay para qué añadir que recibió, con las enhorabuenas consiguientes, muchos ramos de flores y regalos. Con la ya citada señorita P u r a del V a l l e y sus dos bellísimas hermanas, Amparo y A m a l i a se reunió un encantador grupo, en el que se encontraban las señoritas de V a Uellano, Diez Ulzurrum, A g u i l a r de Inestrillas, Igual y García, A l i x M u r g a y Sáinz de Carlos, Martín Luna, Sirvent, Díaz de Tuesta, Lage, Maza, López Sacal, Ruiz y Cano, Ochoa, Llano, Saavedra y Lombillo, Perinat, Figueroa, González del Valle y a l gunas más. L a señora viuda del Valle, que permitió bailar a las amigas de sus hijas, obsequió a sus invitados con una muy bien servida merienda. L a señora de Narváez (D Alfonso) nacida Mercedes Patino y Fernnádez D u r a n ha dado a luz felizmente una preciosa niña. L a señorita M a r i c u González Tablas, sobrina de los señores de Garnica (D Pablo) se encuentra muy aliviada de la dolencia que padece desde hace unos días. L a señora viuda de Arrese ha pedido para su hijo, el director del Heraldo Alavés, don Domingo, la mano de la bella señorita A n a María García Monsálve, h i j a del magistrado del Supremo ¿D M i g u e l E n el Club del Campo se celebró anoche una comida, seguida de baile, que estuvo muy concurrida y resultó m u y animada. E n la residencia de las señoras viudas de Espúñez y de V i l l a m i l se ha celebrado una fiesta de noche, a la que asistieron muchas y muy bonitas muchachas. Entre las allí reunidas se encontraban las señoritas de Villacieros, de Benito, Mateos, Callejo, Ferrer, Ortiz, de Zuazo, Musso, Moreno, Carvajal, Manresa, Goyzuela, Betencourt, Vázquez, Cienfuegos, Castillo, Serrano, Aguado, Fernández Manresa, Diez Cañedo, Cendra, Fernández de Córdoba, T o rre- Ocaña, Gonzálvez, Martín y M u r g a y al. gunas más. E l baile, organizado a tal efecto, dura hasta bien entrada la madrugada, y a media noche se obsequió a los invitados coa un bien servida cena fría. Las señoras viudas de Espúñez y de V i llamil hicieron los honores de su fiesta, qu j resultó muy lucida, con toda amabilidad. H e aquí un libro. donde encontrar el posible y espiritual alimento. L a intelectualidad ms atrae. Desprecio todo lo material. M a l a suerte. André Gide, con quien acabo de enfrentarme sobre la página de una de sus obras, no tenía necesidad de describir tan minuciosamente el sabor que proporciona al paladar cierto asado, al que se rocía con un viejo Borgoña. P o r pensamiento, pues, se agita en mí toda una gama de suplicios gastronómicos. Todavía más; hasta mi cuarto llegan ahora aromas culinarios. ¿Es olor, este olor que se me antoja delicioso o ilusión de mi estómago vacío... Las cinco y media. Se sirve él té en casa de una amiga. E l té a secas se entiende. M i amiga sabe que a estas horas nunca tomo nada. A fuerza de insistir consigue que acepte un pedacito de crahe transparente. T a m bién pruebo un trozo de cierta tarta condimentada por mi propia amiga. Aparento comer con indiferencia. Avergonzada, sin embargo, me siento poseída en mi interior por deliciosas sensaciones. Entrada de la señora de X que corta m i apetito, como un vaso de agua helada cortaría una digestión. Nunca la señora dé X ha estado más delgada y más esbelta, dentro de un vestido verde. Nunca hubo más gracia en sus movimientos. Y o misma- -su enemiga por espíritu de sexo- -he de reconocerlo así. Instintivamente dejo caer el pedazo de tarta en el plato y digo a mi amiga: -Perdona que no acabe... imposible, sin embargo... no puedo más. M e gustaría refugiarme en el salón cercano, del que llegan voces de hombre y fumar allí un cigarrillo y charlar de literatura. A las siete y media. Marlene Dietrich exhibe en la pantalla el nuevo figurín de belleza moderna. L a sala entera pende de sus más mínimos gestos- la sala entera, menos esta pobre mujer intelectual, que padece ca-